| Miami. Algo no cuadra
en Tom Ridge, el jefe de la Seguridad Nacional de Estados Unidos. Debiera ser el más
fiero policía antiterrorista del mundo. Pero su trato cordial y su sonrisa siempre amable
no dan una imagen de dureza. Es más, Tom Ridge, se ruboriza cuando se descubre
presumiendo de las dos o tres frases que puede pronunciar en alemán. Los cachetes se le
ponen rojos y sus grandes dientes no se pueden ocultar a pesar de los insistentes
esfuerzos de los labios. Hay algo extraño en
llamarle Tom -así, sencillito, en lugar de decirle mister Thomas Ridge- a quien
tiene la misión de evitar otros hechos terroristas dentro de Estados Unidos como el del
pasado 11 de septiembre. Y Tom actúa con esa atractiva informalidad de los políticos
norteamericanos que no se tienen que dar aires de grandeza -como acostumbran los líderes
de la política en América Latina- para demostrar que son poderosos y disfruta, todavía,
de un seco sentido del humor. Por alguna extraña razón nunca me imaginé al zar
antiterrorista de Estados Unidos riéndose con soltura.
Tom Ridge tiene una responsabilidad grande, enorme, y él
es un hombre grande; pasa de los seis pies (o dos metros) de altura. Parte de su trabajo
es asegurarse que nadie, absolutamente nadie, pueda explotar una bomba en un centro
comercial, colarse en una de las 103 plantas nucleares del país, secuestrar a un artista
o empresario importante o desaparecer del mapa a un avión norteamericano. Pero la otra
parte es dar malas noticias.
El está convencido que Estados Unidos todavía está
bajo peligro de más actos terroristas y se lo dice a cuanto periodista esté dispuesto a
escuchar. Y yo estaba dispuesto a escuchar. Conocí a Tom (perdón, a mister Ridge)
durante una visita a Miami y su ropa -traje oscuro de rayas, zapatos negros, camisa
blanca, corbata plana y aburrida- delataba que se acababa de bajar del avión y que el
fuerte sol de las playas de Miami aún no le había sudado la blanquísima frente.
Tan pronto comenzó a hablar, la suavidad de su trato se
transformó en firmeza con un mensaje -preciso, sin ambigüedades- que ha repetido una y
mil veces. ¿Qué falló el 11 de septiembre? le pregunté. ¿Cómo es posible que la CIA
y el FBI no se enteraran de los planes para atacar el Pentágono y el World Trade Center?
"Como país nos sentíamos inmunes porque teníamos amigos al norte, con Canadá, y
al sur, con México, e históricamente teníamos dos océanos que nos protegían",
reconoció sin titubeos el exgobernador de Pennsylvania. "Teníamos un sentido
exagerado de nuestra propia seguridad".
Eso -todos los que vivimos aquí lo sabemos- ya cambió.
El hecho de que los 19 terroristas que mataron a más de tres mil personas en septiembre
hayan sido extranjeros
-15 de Arabia Saudita- ha provocado que los 30 millones
de inmigrantes que viven en Estados Unidos paguen las consecuencias. Y Tom Ridge no pide
disculpas por eso. "Queremos hacer las fronteras más seguras", me dijo.
Sobre las nuevas medidas de seguridad que evitan que los
inmigrantes indocumentados obtengan licencias de manejar, Ridge -corriendo el riesgo de
volverse monotemático- vuelve a la cuestión del terrorismo. Algunos de los 19
terroristas tenían licencias válidas para conducir -dice- y ese "privilegio debe
ser sólo para quienes estén legalmente" en Estados Unidos. (Esta medida ha sido,
sin embargo, contraproducente; los indocumentados siguen manejando pero ahora lo hacen sin
licencia. Además, sin la información de sus licencias, el gobierno estadounidense ni
siquiera saben cómo se llaman ni donde viven.)
"Para usted ¿los indocumentados son
criminales?" le pregunté a bocajarro. "Técnicamente lo son", me contestó
Ridge, "porque violaron la ley." Pero luego hizo un extraordinario esfuerzo para
diferenciar entre los extranjeros que son terroristas "y que nos quieren hacer
mal" de los que son "gente buena que está tratando de mantener a su
familia" y contribuyen al desarrollo económico de este país.
Tom Ridge no quiso enlodarse con el asunto de la
amnistía para los más de ocho millones de inmigrantes sin documentos legales que viven
en este pais. "No hay solución fácil", me dijo, para luego apuntar que tiene
planeadas varias reuniones con altos funcionarios del gobierno mexicano donde discutirán
y negociarán el tema de la legalización de inmigrantes. Amnistía sigue siendo una
palabra llena de espinas.
Antes que se fuera a otra reunión más, quería
preguntarle a Ridge si Estados Unidos está considerando atacar a Irak. "No tenemos
un plan de ataque", contestó. "Pero todas las naciones del mundo saben que (el
líder iraquí) Saddam Hussein ha adquirido y usado armas biológicas y químicas y hay
preocupación de que pueda conseguir armas nucleares." Irak, no me quedó la menor
duda, le sigue a Afganistán en la fila de los paises por bombardear.
Y así, con el mismo torbellino de seguridad con que
llegó, se fue Tom: rodeado de tres o cuatro agentes del servicio secreto y en medio de
una caravana de autos blindados protegida por patrullas de la policía y motocicletas para
abrir el camino. Mientras lo veía irse me quedé parado, medio congelado y preguntándome
¿cómo este hombre tan suave y cordial se convirtió, de pronto, en el policía
antiterrorista más duro y temido del mundo? ¿Cómo? |