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PROHIBIDO OLVIDAR; PERIODISTAS BAJO ATAQUE

Por Jorge Ramos Avalos

22 de Abril del 2002
En memoria del periodista Jorge Tortosa, asesinado en Caracas el pasado 11 de abril.

Caracas, Venezuela. Nadie me lo contó. Yo lo vi. Al mismo tiempo que Hugo Chavez regresaba al poder, más de 200 jóvenes en motonetas y motocicletas rodearon el edificio de Venevisión y amenazaron con atacar e invadir la televisora más grande de Venezuela. Iban armados con piedras y palos. Se escucharon disparos al aire cuando la turba se aproximaba.

Estaba en las instalaciones de Venevision editando un reportaje para la televisión de Estados Unidos y, al igual que todos los que estaban dentro, no pude salir de ahí durante más de dos horas. Al final, la localización del edificio -una especie de moderno castillo en la cima de un monte- y los guardias bien armados persuadieron a los chavistas a irse a otro lugar. Y se fueron a Radio Caracas TV, la otra gran televisora de Venezuela; ahí destruyeron sus ventanales en un violento acto de intimidación contra sus periodistas.

En Venezuela no hay libertad de prensa; lo que hay son periodistas muy valientes. Eso es lo que sugirió hace poco un representante de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) cuando visitó el país. Y ahora las cosas no han cambiado. Por el contrario. Con el regreso de Chavez al palacio de Miraflores, tras el golpe de estado de 48 horas, han aumentado los riesgos para los periodistas.

Sé de varios de reporteros, tanto de la televisión como de la prensa escrita, que recibieron amenazas de muerte y que por varios días tuvieron que esconderse. El caso más preocupante fue el de Luis Alfonso Fernández, el periodista de Venevisión que presentó por televisión las imágenes de la masacre del jueves 11 de abril. Un alto ejecutivo del canal me dijo que la casa del reportero fue allanada y sus teléfonos intervenidos. Además, hay enormes presiones para que él y el audaz camarógrafo, Julio Rodríguez, digan que las imágenes que filmaron -y que provocaron la caída de Chavez- fueron un montaje.

Ese video muestra a simpatizantes del presidente Chavez disparando desde un puente hacia la avenida Baral de Caracas donde marchaban cientos de miles de manifestantes. Dos de los pistoleros que dispararon contra la multitud han sido identificados gracias a ese video: uno es Richard Peñalver, un miembro del consejo de la ciudad de Caracas y de los llamados "círculos bolivarianos"; el otro es Rafael Cobrices quien, al ser detenido, llevaba una identificación del Movimiento Quinta República.

Los muertos de ese jueves sobrepasan la docena. Una de las reporteras que vió esos muertos es Elianta Quintero. "Yo estaba justo donde estaban cayendo los muertos", me dijo en una conversación. "Todos los muertos que yo vi caer, todos, eran de la manifestación". Elianta me contó que vio cinco muertos y tres heridos la tarde de ese fatídico jueves. "Todos los muertos que yo vi", insistió, "tenían disparos en la cabeza". Incluyendo al fotógrafo del Diario 2001, Jorge Tortosa. Jorge murió simplemente por estar haciendo su trabajo. Elianta, recordó con alivio, escondió la cabeza y tuvo más suerte; en medio de los disparos narró paso a paso la matanza.

Extraordinario trabajo. Ella y Julio y Luis Alfonso y muchos periodistas más fueron nuestros ojos y oídos. Lo que ellos transmitieron a Venezuela y al mundo el jueves 11 de abril fue lo que Chavez trató de ocultar, sin éxito, con una cadena nacional. La masacre no se pudo esconder. Las televisoras, desafiantes, partieron la pantalla en dos y mientras Chavez decía que no pasaba nada y que él estaba en control de la situación, las imágenes de al lado escupían muertos y heridos y represión y odio.

En las calles de Caracas, es cierto, se percibe mucho resentimiento en contra de los principales canales de televisión debido a que no transmitieron la toma del palacio de Miraflores por parte de los chavistas el sábado 13 de abril ni las muestras de apoyo a su líder encarcelado. Pero independientemente de la muy cuestionable y controversial decisión periodística de no informar sobre esos hechos y poner en su lugar películas y programas de entretenimiento, la realidad es que muchos de los reporteros de Venevisión, Radio Caracas TV, Televen y Globovisión, entre otros, corrían peligro en las calles. No me lo contaron. Yo también lo viví.

Ese sábado por la noche tuve que suspender una transmisión de televisión en vivo, por satélite, debido a varias ráfagas de pistola que pasaron muy cerca del lugar donde estábamos. Salimos del aire, apagamos las luces y la planta electrica, nos escondimos un rato en una oficina y no pasó nada.

Al final de cuentas, yo me voy de Venezuela a mi trinchera en Miami. Pero ¿qué pasa con los periodistas que se quedan? Bueno, lo que pasa es que muchos de ellos se juegan el pellejo cada vez que salen a reportear. Sin embargo, poco a poco, los periodistas se han ido reintegrando a su trabajo. ¿Y saben cómo tuvieron que salir a trabajar muchos de esos reporteros después del intento golpista? Con chalecos antibalas, sin identificación, en autos y camionetas privadas -no de la empresa para la que trabajan- y con guardaespaldas o personal de seguridad que los proteja. Esta es la libertad de prensa de la que tanto presume Chavez.

La persecución e intimidación a los periodistas y a los medios de comunicación, me temo, no ha terminado. No se puede apoyar ningún golpe de estado -y menos el realizado torpe y tontamente por Pedro Carmona y sus aprendices de Rambo. Pero la intentona golpista es la excusa que buscaba Chavez para tratar de quitarle las concesiones a algunos canales de televisión.

Mientras tanto, los periodistas independientes son el principal antídoto al estilo autoritario y a los abusos de autoridad que han caracterizado el chavismo. Además, muchos de esos reporteros son testigos presenciales de lo que el gobierno de Chavez tanto quiere esconder: la masacre de civiles inocentes y desarmados el jueves 11 de abril.

Prohibido olvidar.