| Nueva York. Hay una
guerra para dominar el muy rentable mercado de los libros en español en Estados Unidos.
Pero es una guerra buena y refleja el extraodinario crecimiento de los latinos -y del
español- en este país. No es extraño que en las
calles, escuelas y oficinas de esta ciudad se escuche cada vez más el español. Después
de todo, cuatro de cada diez neoyorquinos nació en otra nación y Nueva York tiene un
creciente némero de latinos: mexicanos, dominicanos, ecuatorianos, puertorriqueños
Pero lo que resulta difícil de entender para muchos norteamericanos es que el mismo
fenómeno se está repitiendo en todas las esquinas y rincones de Estados Unidos. ¿Qué
está pasando?
Es muy sencillo: es la fuerza de los números. Los
hispanos somos por lo menos 40 millones -hay que sumar a los 8 millones de indocumentados-
y nuestras familias tienden a tener más hijos que los anglosajones y afroamericanos.
Además, cada año entra a Estados Unidos, legal e ilegalmente, alrededor de un millón y
medio de nuevos inmigrantes. ¿Resultado? Somos un montón y seremos muchos más.
La pregunta es si los latinos nos asimilaremos a Estados
Unidos -como antes lo hicieron italianos, alemanes y polacos, entre otros- en un caldoso
proceso conocido aquí como melting pot y acabaremos todos hablando ingles o si,
por el contrario, mantendremos por largo tiempo el idioma de nuestros países de origen;
el español. Bueno, todo parece indicar que los hispanos somos distintos a otros grupos de
inmigrantes. Nos estamos asimilando rápidamente a nivel económico, educativo y
político, pero estamos manteniendo ciertas características del lugar donde nacimos. El
sentido de identidad de los latinos está intrínsecamente ligado a su país de origen y
al español.
Cuando llegué a Estados Unidos en 1983 me dijeron:
"olvídate del español; más vale que pierdas ese acento porque, tarde o temprano,
el español va a desaparecer de este país y solo te podrás comunicar en inglés".
Casi dos décadas después puedo asegurarles que eso es falso. Hoy se habla más español
que nunca en Estados Unidos, tanto así que hay partes del país donde no es necesario
hablar inglés.
Nueve de cada 10 latinos habla español en casa. Es
decir, actualmente debe haber entre 30 y 35 millones de personas en este país que se
pueden comunicar, más o menos, en español. Por eso cada vez hay más cadenas de
televisión en español en Estados Unidos; por eso Univision creó Telefutura; por eso NBC
compró Telemundo; por eso la estación de radio más escuchada en Nueva York es en
español y le gana el impresentable Howard Stern; por eso la circulación de periódicos y
revistas en español va en aumento; por eso ahora es posible ver películas mexicanas,
colombianas o venezolanas en lugar de atragantarse con Spiderman; por eso decenas de
congresistas están aprendiendo español; por eso el partido Republicano va a producir un
programa de televisión en español; por eso
Quienes hablan español están reconquistando
culturalmente y recuperando físicamente algunos de los mismos territorios que perdió
México ante Estados Unidos en 1848. No es un movimiento separatista. No, no se asusten.
Es, más bien, una ocupación pacífica pero imparable. Es una enorme ola café cayendo en
Estados Unidos.
Ahora bien, la última frontera de esta revolución
silenciosa es el libro en español. Cuando intentaba publicar mi primer libro en español
en Estados Unidos, hace poco más de cinco anos, tuve la suerte de colaborar con una
compañia editorial iberoamericana
-Grijalbo- porque en este país habia muy poco interes en
el potencial del mercado latino. El agente de una prestigiosa empresa, a quien le pedí
ayuda para publicar el libro, me dio en cambio una sentencia de muerte: "nadie cree
que los libros en español son un buen negocio en Estados Unidos". De nuevo, estaba
equivocado.
Hoy en día se venden millones de libros en español en
Estados Unidos. Pero muchos más se podrían vender. El mercado de libros en español en
Estados Unidos es una minita de oro muy lejos, aún, de llegar a su nivel de saturación.
Las grandes editoriales norteamericanas, como HarperCollins y Random House, están
buscando con ansias escritores y obras para rascar las exigencias del creciente número de
lectores que prefieren literatura y libros de auto ayuda, dietas o eventos de actualidad
en español.
En la reciente feria del libro en esta ciudad -la
monumental y gigantesca Book Expo- había también representantes de las principales
editoriales latinoamericanas y españolas por una sencilla razón: ellos también quieren
llevarse su pedacito del pastel importando sus libros a este mercado. No es que sean
angelitos bien intencionados, con ganas de invertir en la cultura y promover el hábito de
la lectura. No necesariamente. Es, en su mayoría, gente de negocios: aquí pueden vender
sus libros en dólares y a precios muy superiores que en iberoamérica. No importan sus
motivos: que vengan.
¡Bienvenida sea esta guerra por conquistar el mercado
del libro en español en Estados Unidos! Todos ganan: los que publican y, sobre todo, los
que leen. |