| Miami. Muchos apodos le han puesto al presidente de Venezuela, Hugo
Chavez. Pero el de camaleón le queda bien. Cambia de acuerdo
con el lugar donde esté. Cuando visitó Washington, dijo que
era "jeffersoniano". Cuando fue a China dijo que era
"maoísta. Y ahora que fue a la Habana, dijo que el
dictador cubano era su "hermano Fidel".
O sea, que Hugo Chávez baila
al ritmo que le pongan. Eso en política se llama ser un
populista. Hace declaraciones de acuerdo con las
circunstancias -para agradar, para engañar, para ser aceptado,
para conseguir votos y apoyo- pero sus palabras esconden sus
verdaderas intenciones. El hilo conductor de la carrera de Chávez
–primero como militar golpista y luego como político- ha
sido su afán de alcanzar el poder…y luego mantenerlo a como
dé lugar.
Chávez ha dicho un montón
de cosas para luego contradecirse. Sus palabras no tienen
peso. Y tengo dos ejemplos personales. Cuando lo entrevisté
en Caracas (un día antes de su victoria electoral) Chávez me
dijo que Cuba "sí es una dictadura" y a la pregunta
de si Fidel Castro era su amigo, me contestó: "No, no lo
es". Bueno, ahora resulta que le llama "hermano"
a Fidel y dice que "el cauce que está construyendo el
pueblo venezolano es el mismo cauce y va hacia el mismo mar
hacia el que marcha el pueblo cubano". Obviamente a Chávez
se le ha olvidado que llamó "dictadura" a Cuba .
El segundo ejemplo es mucho
mas preocupante. En esa misma entrevista (el cuatro de
diciembre del 98) le pregunté si él estaba "dispuesto a
entregar el poder después de cinco años". Y contestó
contundente: "Claro que estoy dispuesto a entregarlo".
Bueno, pues ahora resulta que Chávez no está dispuesto a
entregar la presidencia después de cinco años –como me
aseguró- ya que la nueva constitución que él está apoyando
le permitiría quedarse en el poder hasta el año 2012.
Chávez tiene muchas
contradicciones mas pero con estas basta y sobra. Además de
populista, Chávez se ha consolidado como un caudillo. Sus
declaraciones de que él es un "verdadero demócrata"
han quedado ensombrecidas por el trato que le ha dado a la
oposición venezolana y a sus críticos en el exterior.
Abusando de su puesto como
presidente, ha obligado a estaciones de radio y televisión a
transmitir tres de sus discursos en cadena nacional durante
las últimas dos semanas, para promover la aprobación de la
nueva constitución. En cambio, quienes no quieren que
Venezuela cambie de nombre (a República Bolivariana de
Venezuela), ni quieren que los presidentes se reelijan, ni
apoyan la nueva carta magna, carecen de las mismas
oportunidades para expresar sus puntos de vista. Y eso no es
parejo ni democrático.
Chávez tiene razón en
criticar al sistema (esencialmente) bipartidista que por
cuatro décadas mantuvo a la mayoría de los venezolanos en la
pobreza. De hecho, Venezuela (junto con México y Brasil)
tiene una de las peores distribuciones de ingresos en todo el
mundo. El mar entre pobres y ricos es inmenso. Pero donde Chávez
se equivoca es en cambiar un sistema bipartidista, corrupto y
autoritario, por otro unipartidista, y tanto o mas autoritario
que el que ha reemplazado. Y con el abuso de poder, la
corrupción no tarda en llegar.
El presidente de Venezuela,
hay que decirlo, no está haciendo nada nuevo. Los modelos de
la llamada "democracia delegativa" son muy viejos.
Ese es un sistema de gobierno a través del cual, un
presidente, después de haber sido elegido democráticamente,
se impone sobre los otros poderes –judicial, legislativo, la
prensa, la iniciativa privada…- para hacer lo que se le
pegue la gana con el país. Eso no es una verdadera democracia.
En realidad, Chávez todavía
no ha dado el salto final al vacío dictatorial, pero está
siguiendo muy de cerca los pasos de otros tiranos y líderes
autoritarios. Su reencuentro con Castro y la invitación que
le hizo al líder iraquí, Sadam Hussein, para visitar
Venezuela levantan sospechas de que Chávez también quiere
gobernar sólo.
La amenaza del uso de la
fuerza en Venezuela ya está ahí. Los últimos discursos de
Chávez han sido muy beligerantes. Ha dicho que realizar un
autogolpe –como el que disolvió al congreso y la constitución
en Perú en 1992- sería para él "facilito; como beberme
un trago de café". Llamó oligarcas corruptos a algunos
dueños de medios de comunicación. Calificó de "degenerados"
y aliados con el "diablo" a los que rechazan la
nueva constitución. Advirtió sobre los peligros de "una
gran confrontación violenta" y una "guerra interna".
Y sus expresiones contra sus críticos y opositores -como
"desenvainar el sable" y "darle plomo"(al
escritor Mario Vargas Llosa)- están cargadas de violencia. Es
obvio que, tras mas de 300 días de gobierno, la luna de miel
se acabó. Chávez sigue siendo muy popular, pero la
popularidad no sirve para dar de comer. Además, en casi un año
de gobierno Chávez no ha logrado crear mas empleos (a pesar
del aumento en los precios del petroleo). Sus promesas de
campaña de una mejor sociedad para los venezolanos mas pobres
empiezan a esfumarse.
Por primera vez, desde que
asumió la presidencia, Chávez está sintiendo que algo le
puede salir mal. La campaña del "NO" está tomando
fuerza. Y existe una remotísima posibilidad de que la nueva
constitución -dictada desde el mismo palacio de Miraflores y
redactada por los "panas" de Chávez.- pudiera ser
rechazada por los votantes el próximo miércoles 15 de
diciembre. Eso le asusta a Chávez. Y cuando Chávez se siente
amenazado o inseguro, habla. Mucho. Muchísimo.
Como es su costumbre, Chávez
dirá cualquier cosa con tal de salirse con la suya. Y luego,
volverá a contradecirse una y otra vez. Por eso le llaman el
camaleón.
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