| Miami. ¿Por qué
la iglesia en América Latina no ha hecho nada en contra de los sacerdotes acusados de
abuso sexual, como lo acaba de hacer la iglesia en Estados Unidos? Es un crimen sin
castigo. Efectivamente, no basta. La nueva política de la
iglesia católica norteamericana -dada a conocer en la conferencia de obispos en Dallas-
sobre los casos de abuso sexual infantil es insuficiente. Sí, le prohibe a los sacerdotes
culpables de violación y maltrato sexual infantil el tener contacto con los feligreses en
parroquias, escuelas, hospitales y asilos de ancianos. Y esa es una decisión en la
dirección correcta. Pero esos sacerdotes no pierden su título dentro de la iglesia. Es
decir, al final de cuentas, la iglesia católica sigue resguardando a criminales y eso es
inaceptable para muchos, particularmente las víctimas de esos abusos.
Obispos, arzobispos y cardenales en todo el mundo han encubierto
los crímenes de los sardotes bajo su supervisión. Eso es un doble crimen: del que lo
hace y del que lo oculta. Lo que más indigna de este escándalo es que la iglesia
católica, como institución, parece haberse puesto de lado de los criminales en lugar de
defender a las víctimas. Ninguna religión debe servir como protección de actos
criminales. Y abusar sexualmente de un menor de edad es un crimen. No hay otra manera de
llamarlo. Es un crimen.
¿Y cuál ha sido la reacción de una buena parte de la iglesia
católica ante esta crisis? Proteger y esconder a los sacerdotes, restarle importancia a
las acusaciones de las víctimas y echarle la culpa del escándalo a los medios de
comunicación, particularmente los norteamericanos.
El ejemplo más reciente lo tenemos en Honduras, donde una
editorial de la revista oficial del clero hondureño -FIDES- acusó a la prensa de Estados
Unidos de "amarillista", de participar en una "campaña destinada a minar
la credibilidad de la iglesia", sacando "de proporción el problema,
desempolvando casos ocurridos hace más de 30 años" y con el objetivo de
"aumentar las ventas publicitarias y el nivel de utilidades de los medios de
comunicación". Pregunto: ¿Cómo lo saben? ¿De dónde sacaron semejante idea? Ese
argumento es ridículo, absurdo y tiene la intención de buscar chivos expiatorios del
verdadero problema: el abuso sexual de religiosos a niños.
Trabajo para varios medios de comunicación en Estados Unidos,
conozco a cientos de periodistas en este país, participo en decenas de reuniones
mensualmente y nunca -¡nunca!- he escuchado una sola palabra sobre una supuesta
"campaña" para atacar a la iglesia católica. Le propongo una cosa a la revista
FIDES y al cardenal hondureño Oscar Andrés Rodríguez: en lugar de estarse inventando
conspiraciones internacionales, la iglesia católica de Honduras debería poner el
ejemplo, abrir sus archivos y dar a conocer los nombres de todos los sacerdotes que han
sido acusados de abuso sexual en ese país. Todos. ¿Estarían dispuestos a hacer algo
así? Recordemos: han sido sacerdotes católicos los que han cometido el crimen de abusar
sexualmente de menores de edad, no los medios de comunicación. Además, gracias a
periodistas estadounidenses este asunto está siento ventilado e investigado.
El escándalo de pedofilia explotó en Estados Unidos ya que la
prensa norteamericana no está sujeta a las fuertes presiones que ejerce la iglesia
católica en la opinión pública y medios de comunicación en otras partes del mundo.
Hasta el momento 218 sacerdotes estadounidenses han sido acusados de abuso sexual a
menores y más de 300 demandas pudieran costarle a la iglesia al menos mil millones de
dólares. Pero la pedofilia entre los sacerdotes no es un problema "americano",
como ingenuamente lo intentó presentar el Vaticano a principios de año. Se da en los
cinco continentes.
En particular, me preocupa que en América Latina ninguna
arquidiocesis, absolutamente ninguna, haya dado a conocer las listas de los sacerdotes que
han sido acusados, con pruebas, de abuso sexual. Es decir, en latinoamérica la iglesia
católica sigue encubriendo a sacerdotes criminales.
¿Hasta cuándo? ¿Acaso el abuso sexual a un niño
latinoamericano es menos grave que el de un niño norteamericano?
Los obispos latinoamericanos tienen la obligación moral de
adoptar las conclusiones de la conferencia de la iglesia católica norteamericana en
Dallas y dar a conocer, voluntariamente, las listas de los sacerdotes pedófilos.
Asímismo, es preciso que abran sus archivos a las autoridades y a la policía para que
los sacerdotes acusados de abuso sexual sean juzgados en un tribunal civil y encarcelados
en caso de ser encontrados culpables. Sería una muestra de buena fe. Si no lo hacen,
seguirá extendiéndose la falta de credibilidad de la iglesia católica y erosionándose
su autoridad moral.
La sotana no debe ser un escudo legal. Los casos de abuso sexual
dentro de la iglesia católica son un triste síntoma de la arrogancia del poder. Un laico
que abusa sexualmente de un menor de edad es un criminal que debería terminar en la
cárcel; un religioso debe tener exactamente el mismo destino. Muchos sacerdotes -cientos
en Estados Unidos- pensaron que por el simple hecho de ser religiosos estaban por encima
de la ley y podían abusar, sin enfrentar un castigo, de los más inocentes y débiles. Se
equivocaron...al menos en Estados Unidos. La pregunta es si se va a permitir que en el
resto del continente todo quede enterrado en el silencio y en la mentira. Ojalá la
respuesta sea un rotundo "no".
Ahora le toca a la iglesia latinoamericana demostrar que su
compromiso es con las víctimas, no con los victimarios. ¿No es eso lo que dice la
biblia? |