| Tantos millones de venezolanos
se tragaron por tanto tiempo tantos cuentos de Hugo Chavez, que ahora no les queda más
remedio que pagar las consecuencias. Es impresionante y conmovedor ver cómo la oposición
en Venezuela busca maneras de sacar a Chavez de la presidencia. Por las malas lo
intentaron durante el golpe de estado de 47 horas el pasado mes de abril y con un paro
nacional que pide su renuncia y que ha atacado el corazón de la economía venezolana: el
petroleo. Por las buenas, tendrán que esperar -quizás hasta agosto del 2003- a que un
plebiscito revocatorio permita una salida constitucional de Chavez. Pero si se trata de
aguantar, la oposición lleva las de perder. ¿Cuánto
tiempo puede aguantar un movimiento de resistencia civil antes de que empiece a
resquebrajarse? Los opositores tienden a dividirse, a pelearse o a irse del país. Y el
venezolano promedio no tiene suficiente dinero ahorrado como para darse el lujo de no ir a
trabajar. Chavez, en cambio, tiene el tiempo a su favor. El quiere quedarse en el poder
hasta el 2013 y su estrategia es clarísima: desgastar a la oposición al demostrar que
ningún tipo de protesta lo puede sacar de la casa presidencial de Miraflores.
Ni siquiera dos masacres han logrado tumbar a Chavez de
la presidencia. La primera, el 11 de abril, causó una veintena de muertos y desembocó en
un vacío de poder. Pero Chavez le dió la vuelta a la crisis y volvió, con nuevos
bríos, dos días después. La última matanza, la de la plaza Francia en Altamira el
pasado 6 de diciembre terminó con el asesinato de 3 personas, incluyendo a una
adolescente de 17 años. Y a pesar de los discursos incendiarios del gobierno contra sus
opositores, Chavez también se lavó las manos de esa masacre. La lección es terrible: a
pesar de que se ha probado que simpatizantes del presidente -particularmente de los
llamados Círculos Bolivarianos- fueron responsables de algunas de las muertes del 11 de
abril, Chavez sigue apuntalado en el poder. Es decir, nada -ni matar al mismo pueblo, ni
el aumento en el número de pobres, ni sus discursos llenos de odio- ha logrado hundir a
Chavez.
El problema de fondo es que los venezolanos se tragaron
las mentiras de Chavez y nunca supieron medirlo en su precisa dimensión. ¿Cómo es
posible que millones de venezolanos hayan creído que Chavez era un verdadero demócrata
después que intentó realizar un golpe de estado, en 1992, contra un presidente
legítimamente elegido? Chavez aprovechó perfectamente el resentimiento que existe en
Venezuela por las groseras e injustificadas diferencias económicas entre los pocos que
tienen mucho y los muchos que tienen muy poco. Además, un sistema político bipartidista
acostumbrado a aceitarse con corrupción y a pasarse como regalo la estafeta del poder, no
aguantó el voto de castigo.
Sin embargo, son los venezolanos quienes, con su voto,
tienen la culpa de tener a un presidente como Chavez. En las elecciones presidenciales del
6 de diciembre de 1998 el 56 por ciento de los venezolanos votó por él. En las
votaciones del 15 de diciembre de 1999, el 71 por ciento de los venezolanos aprobó una
nueva constitución que le permitiría a Chavez reelegirse a un segundo período de seis
años. Y el 31 de julio del 2000, el 60 por ciento de los venezolanos volvió a elegirlo
presidente bajo los términos de la nueva constitución. O sea, fueron los venezolanos -y
nadie más- quienes pusieron a Chavez donde está. Pero Chavez, no hay duda, les mintió
con promesas y propuestas falsas.
A mí también me mintió Chavez. Tuve la oportunidad de
entrevistarlo en Caracas un día antes de las elecciones presidenciales de 1998. Y ahí le
pregunté:
-Ramos: Comandante, déjeme hablarle del miedo que
usted genera en muchas personas. Hay gente que le tiene miedo. ¿Usted sabe eso?
-Chavez: No sé por qué.
-Ramos: Bueno, primero dicen que (usted) no es
demócrata. ¿Usted estaría dispuesto a entregar el poder después de cinco años?
-Chavez: Claro que estoy dispuesto a entregarlo.
Esos cinco años ya se van a cumplir y Chavez no está
dipuesto a entregar el poder, como me dijo en la entrevista. Es decir, Chavez me mintió
en mi cara (y frente a una cámara de televisión). Esa entrevista del 5 de diciembre de
1998, afortunadamente, quedó grabada. Y es que en esa conversación fue también el
propio Chavez quien planteó las condiciones que lo podrían obligar a renunciar. Al
preguntarle si sería legítimo que un grupo de militares se levantara contra su gobierno
si a él lo encontraran responsable de una hipotética masacre, Chavez contestó:
"Mire, si yo en esa situación (hubiera) utilizado las fuerzas armadas para masacrar
un pueblo, tendrían derecho a hacerlo. Tendrían derecho de hacerlo porque ningún
presidente, por más legítima que sea su elección, está autorizado por ninguna ley para
mandar matar a un pueblo".
Esto fue, literalmente, lo que me dijo Chavez hace cuatro
años. Por desgracia, las masacres ya no son hipotéticas y ese es el principal argumento
para exigir su renuncia. Pero tampoco se puede promover ni apoyar un golpe de estado. Eso
no es democrático. Lo único que queda es presionar para una salida legítima y
constitucional de Chavez. Y eso solo le corresponde a los civiles venezolanos: ellos
pusieron a Chavez en el poder y ahora tendrán que ser ellos quienes lo quiten. |