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USA; NACION HISPANA

Por Jorge Ramos Avalos

23 de Junio del 2003

Nos acaban de mostrar la foto y, como siempre, los norteamericanos no salen de su asombro. “¡Pero si son tantos!” parecen decir con la boca abierta. Los latinos en Estados Unidos ya somos, oficialmente, la minoría más grande. Pero eso a nosotros ya no nos sorprende. Basta caminar por las calles de Miami, Nueva York, Los Angeles, Houston o Chicago para darnos cuenta que este país se está latinizando.

Algunos de los programas de radio más escuchados y de los noticieros más vistos en San Diego, San José, Santa Fé y Sacramento son en castellano. Tras escuchar los nombres de esas ciudades ¿quién puede dudar del origen español y de su influencia católica? Y hay más lengua y espiritu. También es cuestión de boca. En la misma isla de Manhattan se vende más salsa picante que ketchup y más tortillas que hot dogs o bagels. No es broma.

Erasmo Ponce, un mexicano que llegó a Nueva York hace solo una década, produce y vende más de un millón de tortillas al día. El nombre de su negocio

-“Tortillería Chinantla”- es en honor al lugar donde nació en el estado mexicano de Puebla. Y ya que hablamos de Puebla, solo ahí se hace un mejor mole que en Nueva York. ¿Cómo es esto posible? Porque el mole de Nueva York también lo hacen los poblanos que, últimamente, han invadido la ciudad y que ya suman cientos de miles.

El problema con las fotos –y con los datos que da la Oficina del Censo de Estados Unidos- es que congelan un momento y no dan cuenta del futuro. Por ejemplo, la foto que nos tomaron a los hispanos es del primero de julio del 2002 y ya se hizo vieja. Entonces éramos 38.8 millones de latinos; más que los negros o afroamericanos que eran tan solo 38.3 millones. Sin embargo, desde el momento en que tomaron esa foto hasta hoy en día ya hay un millón y medio más de latinos. Es decir, que actualmente hay casi 40 millones de hispanos viviendo en Estados Unidos. (Y puede ser que muchos más si incluimos también a todos los indocumentados.)

Lo que no dice la foto del censo es que, tarde o temprano, Estados Unidos será una nación hispana. Dentro de 125 años habrá más latinos que blancos (no hispanos) en este país. Es cierto. No hay que ser un mago de la estadística para darse cuenta. Estados Unidos será una nación con una mayoría hispana. La razón es muy sencilla: los hispanos tienen, en promedio, más hijos (3) por familia que el resto de la población (2); y todos los años entran, legal o ilegalmente, unos 750 mil latinoamericanos a Estados Unidos.

Ningún otro grupo de inmigrantes en Estados Unidos ha tenido el tamaño y la influencia de los hispanos. Esto nos hace suponer que la famosa teoría del melting pot -a través de la cual todos los latinoamericanos se asimilarían al resto de la sociedad norteamericana- ha llegado a su fin. Los latinos no somos como los italianos, ni como los alemanes o los polacos. Los latinos están creando su propio espacio sociocultural en Estados Unidos, son distintos a cualquier otro grupo (por su lenguaje, origen y tradiciones) y están expandiéndose a todos los rincones de Estados Unidos.

Clasificarnos es prácticamente imposible. La mayoría, sí, somos de México, Puerto Rico y Cuba, pero cada vez hay más del caribe, centro y sudamérica. Hay hispanos negros y blancos, mestizos e indígenas. Muchos son pobres pero más de la mitad de los latinos ya vive en los suburbios –no en las grandes ciudades. E incluso hay 573 mil hispanos que son abogados, doctores o que tienen una maestría o un doctorado. Los hay campesinos e inversionistas, cantantes y meseros, profesores y estudiantes. Los hispanos están latinizando a Estados Unidos pero, al mismo tiempo, los latinos se están americanizando. El 93 por ciento de los hijos y nietos de inmigrantes prefieren hablar in english que en español y los hispanos se casan, cada vez más, con americans.

¿Qué nos une a los latinos? Varias cosas. Por principio, nuestro origen: siete de cada 10 latinos son extranjeros o uno de sus padres nació fuera de Estados Unidos. Luego, el idioma: nueve de cada 10 hispanos hablan aunque sea un poquito de español. Además, somos muy jóvenes: uno de cada tres hispanos tiene menos de 18 años y, por lo tanto, no puede votar. Y eso nos lleva a otra de nuestras características (esta sí bastante triste): tenemos muy poca representación política.

A pesar de que los latinos somos el 13.5 por ciento de la población en Estados Unidos no hay ni un solo senador hispano y ni solo juez de la Corte Suprema de Justicia de origen latino. Solo existe un gobernador hispano –Bill Richardson, de Nuevo México, cuya madre es mexicana- y 22 congresistas latinos. En comparación, los negros tienen 38 congresistas (y eso que son menos que nosotros.)

Pero por más difíciles que estén las cosas –la discriminación y el racismo siguen siendo una constante en Estados Unidos- en general aquí vivimos mejor que en nuestros países de origen. Una familia hispana gana, en promedio, 33 mil dólares al año; varias veces más que la típica familia latinoamericana. Y una de cada dos familias hispanas es dueña de casa propia. ¿Cuántos pueden decir lo mismo en América Latina?

Así es como está la foto. Pero está borrosa; no crean en todo lo que ven. Estados Unidos será de los hispanos. Eso es algo que le asusta a muchos norteamericanos y que aún prefieren mantener en secreto o decir en voz baja.