| San Juan, Puerto Rico. No
me extrañaría que dentro de unos años me empiecen a pedir el pasaporte cada vez que
viaje a San Juan. Hasta hace relativamente poco, Estados Unidos y Puerto Rico parecían
ser lo mismo. Pero las cosas han cambiado. Hoy Estados Unidos y Puerto Rico no son lo
mismo y están mas distanciados que nunca en su larga historia conjunta.
¿Es Puerto Rico un país o una colonia de los Estados Unidos?
¿Pesa mas aquí el sentimiento independentista o el deseo pragmático de convertir a la
isla en el estado 51 de la Unión Americana? ¿La pelea entre el pueblo de Puerto Rico y
los Estados Unidos por la presencia de la marina norteamericana en la isla de Vieques
separará, irremediablemente, a ambos territorios? ¿Estamos presenciando el nacimiento de
la República Independiente de Puerto Rico?
Como pude comprobar recientemente, con sólo plantear una
de éstas preguntas es suficiente para prolongar durante varias horas un intenso debate en
cualquier casa puertorriqueña. Incluso, la mas simple pregunta de si Puerto Rico es un
país tiene un sinnúmero de respuestas. Nunca pensé que hubiera tantas variantes entre
el sí y el no.
Ahora bien, lo que está pasando en Puerto ¿es un hecho
aislado o tiene sus equivalentes en otras partes del mundo?
Bueno, aparentemente lo que está pasando en Puerto Rico
es sólo el síntoma de un fenómeno mundial. Cada país lo vive de maneras distintas,
pero en muchos lados se está viviendo un renacimiento nacionalista y un enfrentamiento
con los Estados Unidos; se está resaltando el orgullo de la propia cultura y defendiendo
lo nuestro frente a lo que viene de fuera. Como un rechazo a la globalización, a la
homogenización de las culturas y a la omnipresencia de los Estados Unidos, estamos viendo
el resurgimiento de la importancia de las banderas, los himnos y las fronteras. "A
pesar de todo, somos distintos", es el nuevo grito de guerra.
Puerto Rico ha centrado su lucha respecto a la isla de
Vieques, pero los ejemplos de ésta reafirmación nacionalista y búsqueda de identidad no
faltan. El canal de Panamá ya es de Panamá; no de los Estados Unidos. En la ciudad de
México, hace unas semanas, hubo una de las protestas mas grandes que recuerde frente a la
embajada estadounidense. En Seattle, la reunión de la Organización Mundial de Comercio
fue prácticamente boicoteada por sindicalistas, anarquistas y opositores al libre
comercio. En Colombia, hay temor de que la multimillonaria ayuda de los Estados Unidos
(para luchar contra narcos y rebeldes) le amarre las manos al presidente Andrés Pastrana.
Y en Venezuela, el mandatario Hugo Chavez no permitió la entrada al país de 450 soldados
norteamericanos que iban a ayudar en las labores de reconstrucción tras las pasadas
inundaciones.
Son todas señales de protesta y de reafirmación ante el
actual orden mundial.
Pero el ejemplo mas significativo (del nuevo nacionalismo
y de su consecuente antiamericanismo) es el del campesino francés, José Bové, quien se
convirtió en una especie de Quijote moderno cuando el año pasado destruyó con su
tractor el techo de uno de los 25 mil restaurantes que tiene la empresa multinacional
McDonalds en el mundo. Curiosamente, el antiamericanismo del agricultor Bové
encontró un fuerte eco en el pueblo francés que ha visto en la globalización el peligro
de perder parte de su cultura y en Estados Unidos al verdugo cibernético.
Algunos temen (quizás simplista, ingenuamente) que la
coca-cola y la pepsi reemplacen al vino tinto y al champagne, las hamburguesas y
las pizzas a sus crepas y filetes mignon y Hollywood al cine de arte europeo. El
asunto es, desde luego, mas complicado.
El canciller francés, Hubert Védrine, dijo
recientemente a la prensa: "No podemos aceptar un mundo unipolar, ni una cultura
mundial uniforme, ni el unilateralismo de un sólo hiperpoder". Pero la realidad
desafortunadamente, monsiuer Védrine- es otra. Estados Unidos sí es la
única superpotencia económica y militar que existe. Y su influencia cultural es
indiscutible, desde la internet y la fast food hasta el idioma en que se comunican
los pilotos de avión y la moneda en que se pagan las deudas internacionales.
El mundo no se ha convertido en el "planeta
americano", como sugería un periodista español, pero no cabe la menor duda que el
final del siglo XX ha sido caracterizado por lo norteamericano. Y la idea de los Estados
Unidos como un elefante comercial y militar, que pisotea e impone su peso en distintos
mercados y naciones es la que mas incomoda en estos momentos.
"Mientras mas trate los Estados Unidos de manejar al
mundo, mas va a alejar a sus amigos y a unir a sus enemigos" escribió el profesor de
Harvard, Samuel Huntington, en el penúltimo número de la revista Foreign Affairs.
"La única superpotencia del mundo es automáticamente una amenaza para otros poderes
importantes".
Frente a éste panorama, hay muchas banderas que se
están mojando de patriotismo, los himnos son gritados al cielo y nuevas fronteras se
están erigiendo.
Esto quizás obstaculice el dominio norteamericano y la
corriente globalizadora
por un ratito. Pero la dirección en que corre el mundo está
marcada. Y, en estos días, quien nade a contracorriente corre el riesgo de ahogarse en el
intento.
Posdata chilena. Dice un grupo de médicos
ingleses que el exdictador, Augusto Pinochet, no podría aguantar un juicio en su contra.
Cuatro doctores británicos dicen que la salud de Pinochet es muy mala. Pero esos buenos
tratos nunca los recibió Nieves, una chilena que conozco y que fue torturada salvajemente
durante la dictadura militar; le dieron choques eléctricos, la cortaron a navajazos y le
metieron ratones en la vagina. Durante las muchas sesiones de torturas, Nieves nunca tuvo
un equipo médico a su disposición, como tampoco lo tuvieron las mas de dos mil personas
asesinadas durante el régimen de Pinochet. ¿Es ésto justicia? ¿Tendrá el presidente
electo Ricardo Lagos los pantalones para enjuiciar a Pinochet en Chile? |