| La guerra en Irak también se
está peleando en nuestros televisores. El gobierno del presidente George W. Bush no
quiere que veamos los cadáveres ni los ataúdes de los más de 400 soldados
estadounidenses que han muerto desde el inicio de los bombardeos. Los muertos están
ahí
pero no los vemos. ¿Por qué? Primero,
porque la nueva política del Departamento de Defensa norteamericano es no darle acceso a
fotógrafos y camarógrafos en Irak que quieran captar las imágenes de los soldados que
murieron en combate o en un acto de violencia. Durante los primeros meses de la guerra sí
se podía filmar a los soldados que perecían o eran heridos, pero desde que se
intensificaron los ataques iraquíes contras las tropas de Estados Unidos y Gran Bretaña
ese permiso fue revocado. ¿Censura de prensa? El Pentágono, sencillamente, dice que
"no hay acceso."
La segunda razón por la que no estamos viendo a los
muertos de la guerra en Irak es porque esas imágenes afectan la popularidad del
presidente Bush, cuestionan su decisión unilateral de iniciar este conflicto bélico,
ponen en duda sus planes actuales para pacificar y "democratizar" Irak y, sobre
todo, hacen peligrar su intento de reelegirse en la presidencia en el 2004. Los soldados
norteamericanos muertos se pueden constituir en la peor propaganda para los esfuerzos
reeleccionistas de Bush y, por lo tanto, están tratando de esconderlos.
La política de ocultar a los muertos en la guerra en
Irak va más allá de la falta de acceso de los periodistas a las, muchas veces, grotescas
imágenes de los cadáveres. El presidente Bush, hasta el momento, se ha negado a asistir
a los funerales de los soldados caídos en combate. No ha ido a ningún entierro; ni a uno
solo. ¿Por qué? De nuevo, porque no quiere reforzar con su presencia las imágenes
negativas de la guerra; son malas para su carrera política y para sus planes de quedarse
en la Casa Blanca hasta el 2008.
Es cierto que, en privado, el presidente ha hablado por
teléfono y escrito a muchos de los familiares de esos soldados pero, en público, Bush no
ha querido aparecer con quienes lucharon por este país y murieron en su misión militar.
Es triste cuando la política se interpone ante lo que es justo, decente y moralmente
correcto. Lo menos que se merecen las familias de los soldados muertos en Irak es el
reconocimiento público del Comandante en Jefe. Ese reconocimiento aún no ha llegado.
La palabra Vietnam se escucha cada vez más en los
reportes de prensa provenientes de Irak. Desde luego que los cientos de muertos en Irak no
se acercan a los más de 58 mil soldados norteamericanos que murieron en Vietnam. Sin
embargo, ya hay en la internet algunos análisis comparando los primeros 8 meses de la
guerra en Vietnam
-a partir de la muerte del primer soldado norteamericano,
James Davis, en diciembre de 1961- con los primeros 8 meses de la guerra en Irak y las
similitudes sorprenden.
Pero Irak, sobra decirlo, nunca se convertirá en otro
Vietnam. Estados Unidos se irá del medio oriente tan pronto pueda. Los asesores de Bush
conocen la historia y saben que si las noticias sobre Irak se enfocan, como en Vietnam, en
la constante llegada de soldados muertos, la popularidad de Bush caería en picada. Bush
no quiere cometer el mismo error que los expresidentes Johnson y Nixon.
Desde que se inició esta guerra, el miércoles 19 de
marzo, Estados Unidos ha tratado de evitar imágenes de muertos. Los escenas de los
bombardeos sobre Irak, dadas a conocer por el Pentágono, se parecían más a juegos de
video para niños que a la carnicería humana que ocurrió al ras de la calle. Es posible
que más de 11 mil iraquíes hayan muerto durante la guerra, según sugiere una columna
del diario The New York Times, pero el público norteamericano no los ha visto.
Si le creyéramos a las imágenes que aparecen por la
televisión norteamericana sería fácil -y falso- concluir que en la guerra contra Irak
hubo muy pocos muertos. Pero la realidad es muy distinta. Esta guerra está repleta de
muertos que no podemos ver.
La política oficial de suprimir imágenes e información
-ocultando los cadaveres de soldados norteamericanos, restándole importancia a los
civiles iraquíes muertos durante la guerra y evitando que el presidente Bush vaya a
funerales públicos de combatientes estadounidenses- tiene obvios fines electorales. Y si
no es así, entonces, que nos lo expliquen. Para los soldados muertos en combate esta
política oficial es, en la práctica, como ser enterrados dos veces.
¿Dónde están los muertos? ¿Dónde? |