| No son pocas las veces en que
la gente me reclama que siempre hablo de malas noticias. ¿Qué no hay nada bueno que
destacar? me preguntan. ¿Acaso siempre hay que hablar de muertos, de políticos, de
guerras, de controversias y de peleas? Creo que
nuestro trabajo como periodistas -además de informar- es, precisamente, apuntar lo
distinto y lo que crea polémica, destapar lo que apesta y denunciar lo que está mal,
descubrir las mentiras y resaltar los abusos de los que tienen el poder. Pero, en el
fondo, las personas que me reclaman tienen razón. A pesar del violento y, a veces,
caótico mundo que nos rodea, hay muchas cosas que celebrar. Y hoy quiero hablar de eso.
Creo, por ejemplo, que el mundo es mejor gracias a la
internet, a los celulares y al poder -casi inexplicable para mí- de las computadoras; nos
hacen la vida más fácil y nada parece estar fuera de nuestro alcance. El mundo es mejor
gracias a que podemos llegar a Madrid o a Roma o a París sin necesidad de cruzar el
atlántico en bote. El mundo es mejor gracias al tren bala que liga Tokio con Kioto y a
Francia con Inglaterra. El mundo es mejor gracias al carro eléctrico y a que una carta
puede llegar al otro lado del planeta en solo unos días. El mundo es mejor gracias al
control remoto de la televisión.
El mundo es mejor gracias a las rolas de Maná, al
espíritu tibetano de Sting y a las voces de Christina Aguilera y Plácido Domingo. El
mundo es mejor gracias al nuevo disco de los Beatles, con Let It Be en su versión
original. El mundo es mejor, mucho mejor, gracias a Cirque du Soleil y al humor de Marcel
Marceau y Cantinflas. El mundo es mejor gracias a los autorretratos de Frida Khalo, a la
imaginación infantil de Chagall, Picasso y Miró, y a las películas Amores Perros y
1900.
El mundo es mejor por las vacunas que paran en seco la
poliomielitis y la malaria o cuando un coctel de medicinas le extiende la vida a los
pacientes de sida. El mundo es mejor desde que las operaciones del corazón han dejado de
ser noticia. El mundo es mejor porque los científicos no descansan en su intento de
encontrar una cura contra el cancer. El mundo es mejor gracias a los condones y a la
píldora anticonceptiva; la mayoría de los nacimientos, hoy en día, son deseados por los
padres.
El mundo es mejor gracias a los neoyorquinos que no han
permitido que los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 destruyeran el alma de
la ciudad más inquieta del mundo. El mundo es mejor gracias a que la globalización ha
tirado fronteras y le da un verdadero sentido a la palabra "humanidad". Pero el
mundo también es mejor gracias a los indígenas que se resisten a que la globalización
se chupe sus culturas centenarias. El mundo es mejor gracias a los campos de arroz de Bali
y a los montañistas que dominaron el Everest. El mundo es mejor gracias a los que
protegen a las mariposas monarca y a las selvas de Chiapas, Brasil y Borneo. El mundo es
mejor gracias al mar transparente del caribe y a las playas negras de Hawaii.
El mundo es mejor gracias a restaurantes como Nobu en
Miami, Matsushita en Los Angeles, Tetsuyas en Sidney, Izote en la ciudad de México
y Casa Lucio en Madrid. El mundo es mejor gracias a los tacos al pastor de El Tizoncito, a
las tortas de aguacate del mercado de Oaxaca, al cebiche peruano, al caldo de camarón y
al pan con mantequilla. El mundo es mejor gracias al tequila de Jalisco, al cava catalán
y al Pinot Grigio de Santa Margherita en Italia. El mundo es mejor gracias al suflé de
chocolate.
El mundo es mejor gracias al minimalismo y a los que
buscan simplificar nuestras complicadas vidas. El mundo es mejor gracias al arquitecto
español Santiago Calatrava, al puente Golden Gate de San Francisco, al Museo de Arte
Moderno de Nueva York, al Papalote (Museo del Niño en la Ciudad de México), al David de
Miguel Angel y a los torsos y toros de Botero.
El mundo es mejor gracias a que la democracia ha
terminado con todos los dictadores en América Latina (menos uno y medio). El mundo es
mejor gracias al arresto de los dictadores Saddam Hussein y Slobodan Milosevic. El mundo
es mejor gracias al superjuez español, Baltasar Garzón, quien trató de enjuiciar al
extirano y asesino chileno Augusto Pinochet. El mundo es mejor cada vez que un periodista
se juega la vida para contar la verdad. El mundo es mejor gracias a la edición dominical
del diario The New York Times. El mundo es mejor gracias a que en Estados Unidos, la
única superpotencia, no todos piensan que la guerra contra Irak fue una buena idea.
El mundo es mejor gracias a los rebeldes y escépticos.
El mundo es mejor gracias al trabajo de los 150 millones de inmigrantes que no viven en el
país donde nacieron. El mundo es mejor gracias a Cesar Chávez, a Nelson Mandela y a
Rubén Berríos. El mundo es mejor gracias a la sonrisa del Dalai Lama y a la fe de mi
tío Armando, que está acercándose a los 100 años de edad. El mundo es mejor gracias a
la ONU, a Médicos sin Fronteras y a las Olimpíadas. El mundo es mejor gracias -¡goool!-
al futbol, a Pelé y a Freddy Adu.
El mundo es mejor gracias a la novela La Sombra del
Viento del español Carlos Ruiz Zafón, al Cuarteto de Burú del indonesio
Pramoedya Ananta Toer, al Demian de Herman Hesse, a la Metamorfosis de
Kafka, a La Ciudad y los Perros de Mario Vargas Llosa, a El Otoño del Patriarca
de Gabriel García Márquez y al naranjo de ensayos y ficción de Carlos Fuentes. El mundo
es mejor gracias a que Proust y Freud nos enseñaron a ver para atrás y a que Orwell,
Toffler y Vasconcelos nos enseñaron a ver para adelante.
El mundo es mejor (para mí) gracias a que mi madre sigue
poniendo a un lado su libro para conversar conmigo. El mundo es mejor gracias a que el
amor -aunque sea del ámbito de lo extraordinario, como asegura Alberoni- no es tan
escaso, ni tampoco lo son los buenos amigos y los buenos hermanos. El mundo es mejor ya
que mis hijos Paola y Nicolás podrán hacer cosas que yo jamás me imaginé y, sobre
todo, porque ellos son lo mejor de mi mundo (aunque suene cursi).
Efectivamente, no todo son malas noticias. |