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Esta es la verdadera guerra en Irak
para Estados Unidos. Este ha sido un abril negro. Más de 100
soldados norteamericanos han muerto este mes en Irak. Nunca habían
muerto tantos en un mes desde el inicio de la guerra en marzo del
2003. Y esas cifras –así como la resistencia iraquí a la ocupación
norteamericana- van en aumento.
El presidente George W. Bush
insiste en que la violencia actual en Irak no es producto de una
guerra civil o de una insurrección popular. Pero la realidad es que
Irak nunca ha sido más peligroso que ahora para los 135 mil soldados
estadounidenses que se encuentran ahí. Las batallas en Falluja son
las más cruentas de la guerra.
Bush culpa de la violencia a un
pequeño grupo de fundamentalistas chiítas y de radicales sunitas que
buscan establecer su poder antes del traspaso del gobierno, de los
norteamericanos a los iraquíes, el próximo 30 de junio. Puede ser.
Pero se equivocan los que menosprecian la intranquilidad y el enojo
de los iraquíes ante la presencia del ejército de Estados Unidos.
Contrario a lo que el gobierno de Bush hubiera deseado, los soldados
norteamericanos no son vistos como liberadores ni recibidos con
flores.
Esto no es nuevo. A mí me tocó ver,
durante los primeros días de la guerra, la incomodidad de los
iraquíes cuando entraron las tropas estadounidenses al sur de Irak.
Los hombres iraquíes miraban al piso o le daban la espalda a los
tanques de Estados Unidos, como si no existieran. Dicha incomodidad
solo se acrecenta con la inevitable muerte de civiles iraquíes
durante la guerra -10 mil según los cálculos de Amnistía
Internacional- y con reportes de prensa como el del niño de seis
años, Haider Abdel-Wahab, quien perdió a su padre, a su madre y su
dos extremidades izquierdas cuando su casa fue bombardeada por
equivocación durante un reciente combate en Falluja.
Sí, es cierto, Irak tiene más
esperanzas sin Saddam Hussein en el poder. Sin embargo, a nadie le
gusta que un extranjero armado ocupe su casa y decida su futuro.
A 10 semanas del traspaso de poder
en Irak, aún no sabemos exactamente a quién se le entregará. “Pronto
lo sabremos” (“We'll find out that soon"), dijo Bush. Pero
incluso si se acepta el plan de nuevo gobierno de Naciones Unidas,
las autoridades iraquíes tendrán que responder y compartir su
autoridad con el embajador norteamericano en Bagdad y con el
comandante en jefe del ejército de Estados Unidos en Irak. Sería
ingenuo pensar que los nuevos líderes iraquíes serán totalmente
independientes de Estados Unidos. Y esa percepción de poder
compartido, aunque la ONU esté de por medio, no ayudará mucho a
calmar los ánimos en Irak.
Abril es negro, también, por lo que
ha descubierto la comisión investigadora del congreso norteamericano
sobre los actos terroristas del 11 de septiembre del 2001 (9/11).
Incluso antes de que den a conocer las conclusiones de sus
interrogatorios, ya hay muchas razones para tener miedo.
Nadie ha querido asumir la
responsabilidad. Todos se acusan entre sí. Pero es obvio que se
cometieron errores, y muy graves, antes de los ataques a las torres
gemelas de Nueva York y al Pentágono. El más grave de ellos fue, sin
duda, la falta de comunicación y coordinación entre la CIA, el FBI y
las otras 13 agencias de espionaje del gobierno.
Es sorprendente que a pocas horas
de ocurrir los ataques el 11 de septiembre, todo el mundo parecía
saber que Al-Kaeda era responsable. Sin embargo, esos mismos
funcionarios del gobierno norteamericano que tan rápidamente
culparon a Al Kaeda y a su líder Osama bin Laden de los actos
terroristas no hicieron nada efectivo en los meses previos para
evitarlos.
Hay otras cosas absolutamente
incompresibles. Thomas Pickard, el director interino del FBI, dijo
que en el verano del 2001 el procurador general, John Ashcroft, no
quería recibir más información sobre amenazas terroristas. Claro,
Ashcroft niega haberle dicho eso a Pickard. La disputa, sin embargo,
refleja a la perfección la falta de cooperación en la lucha
antiterrorista antes del 9/11 y la falta de interés que generaba el
tema.
Preocupante, también, es que el
director de la CIA, George Tenet, haya reconocido que solo vió una
vez a Bush mientras el presidente estaba de vacaciones en su rancho
de Texas en agosto del 2001. Esta falta de contacto personal con el
jefe de la CIA ocurrió a pesar de que al presidente ya se le había
informado que Osama bin Laden quería atacar el país, que había
celulas terroristas en Estados Unidos y que existía la posibilidad
de secuestros de aviones comerciales. Mientras Bush estaba de
vacaciones en Texas, los terroristas le estaban dando los toques
finales a su plan. Y nadie se enteró.
Lo más triste de todo es que el
mismo director de la CIA haya pronosticado que tomará cinco años
para contrarrestar las amenazas de Al Kaeda y de otros grupos
terroristas. No, los testimonios dados a la comisión del congreso no
dejan tranquilos a nadie.
Abril ha sido un mes muy malo para
quienes pensaban que la paz en Irak estaba a la vuelta de la esquina
y que los ataques terroristas eran solo una anécdota en la historia
de Estados Unidos. Y luego de abril, viene mayo… |