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¿Es tortura lo ocurrido en la prisión de Abu Ghraib en Irak? Depende de
a quien se le pregunte. Muchos de los que hemos visto algunas de las
1,800 fotografías que soldados norteamericanos tomaron en esa cárcel
-de prisioneros iraquíes desnudos y encadenados, con las cabezas
cubiertas con unos extraños conos negros parecidos a los del Ku-klux-klan,
amenazados con ser electrocutados, con correas al cuello como si
fueran perros, amontonados en pornográficas pirámides y obligados a
realizar actos sexuales…- no tenemos otra palabra para describirlo.
Es tortura.
Sin
embargo, oficialmente, el gobierno de Estados Unidos no quiere
utilizar la palabra “tortura”. Hablan, en cambio, de “abusos” o “excesos”.
“Mi impresión es que las acusaciones hasta el momento son de abuso,
que es –creo- técnicamente distinto a la tortura”, dijo a la prensa
el secretario de defensa, Donald Rumsfeld, poco después que se
dieran a conocer las fotos y explotara en sus manos un escándalo por
violación a los derechos humanos. “Y por lo tanto, no voy a utilizar
la palabra ‘tortura’”.
Pero la negativa de Donald Rumsfeld a utilizar la palabra ‘tortura’
no cambia en nada lo que sufrieron en la cárcel de Abu Ghraib los
prisioneros iraquíes.
“¿Es tortura?” le pregunté a José Miguel Vivanco, director ejecutivo de
Human Rights Watch (División Américas). “Por supuesto”, me contestó.
“No cabe la menor duda. No es solo mi opinión personal. Es un caso
que se ajusta plenamente al artículo primero de la Convención de las
Naciones Unidas contra la Tortura.”
Ese
artículo de Naciones Unidas dice lo siguiente: “…se entenderá por el
término ‘tortura’ todo acto por el cual se inflija intencionalmente
a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o
mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información
o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se
sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona
o a otras…”
Regreso a ver las fotografías y reflejan, ahora más que nunca, la
definición de “tortura” hecha por Naciones Unidas en Ginebra en
1949. En las fotos se inflige dolor, físico y mental, se busca una
confesión, se castiga, se intimida y se coacciona. La misma
definición de tortura que usa Naciones Unidas fue ratificada por el
gobierno de Estados Unidos el 21 de octubre de 1994. No hay
escapatoria, excusa o eufemismo que valga; lo que ocurrió en Abu
Ghraib es tortura y fue practicada por soldados estadounidenses.
La pregunta es ¿quién lo autorizó? El presidente George Bush, en un
discurso hace unos días, culpó de estos abusos a “unos pocos
soldados norteamericanos que no tomaron en cuenta a nuestro país ni
nuestros valores.”
Pero Vivanco cree que “no es posible explicar (las torturas) sobre
la base de cuatro, cinco o seis chivos expiatorios.”
Tras
visitar 14 centros de detención de Estados Unidos en Irak, la Cruz
Roja Internacional denunció en febrero que los abusos eran
sistemáticos, es decir, que no respondían a caprichos individuales
sino a una bien definida linea de autoridad. “Las raíces del
escándalo en la prisión de Abu Ghraib”, escribió recientemente el
periodista investigativo Seymour Hersh en la revista The New Yorker,
“están en una decisión aprobada el año pasado por el secretario de
defensa, Donald Rumsfeld, para que se usaran en los interrogatorios
a prisioneros en Irak las mismas técnicas aprobadas anteriormente
para capturar a miembros de Al Kaeda (en Afganistán).”De esto, desde luego, nunca habrá una
confirmación por parte del Pentágono.
Pero el artículo de Hersh sí
sugiere que la brutal manera de interrogar a los prisioneros
iraquíes no fue producto de la improvisación. Tampoco se trata de un
hecho aislado. Actualmente hay 37 denuncias de personas que han
muerto en custodia de las fuerzas norteamericanas en Irak y
Afganistán. “Según los certificados, murieron por causas naturales”,
me explicó Vivanco. “Pero murieron por asfixia y tortura.”
Las consecuencias de este escándalo
son muy graves y ya se están sintiendo, incluso, en América Latina.
La próxima vez que Estados Unidos quiera criticar las violaciones a
los derechos humanos en cualquier país de este hemisferio –incluyendo
Cuba- la respuesta será, sin duda, que el gobierno norteamericano no
tiene la autoridad moral para hacerlo después de lo ocurrido en las
prisiones de Irak.
“Esta administración va a quedar
totalmente desprestigiada”, me dijo Vivanco, quien representa a una
de las organizaciones no gubernamentales más respetadas del
continente en lo que se refiere a derechos humanos. “Espero que en
América Latina distingan las diferencias entre lo que es Estados
Unidos y lo que es la administración (Bush)…Estados Unidos ocupó (Irak)
para liberarlo de la tortura y cayó en lo mismo.”
Está por ahí flotando la propuesta de
demoler la prisión de Abu Ghraib. Pero ya es demasiado tarde. La
guerra de Irak será recordada por las fotos de las torturas a
prisioneros iraquíes en esa cárcel.
Hay cosas que ninguna campaña de
relaciones públicas puede borrar.
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