|
En el
senado de Estados Unidos no hay ni un solo hispano. Ni uno. Si los
latinos estuvieran representados de manera proporcional, entre los
100 miembros del senado norteamericano debería haber 14 senadores
latinos (ya que los hispanos somos el 14 por ciento de la población
en Estados Unidos). Pero este enorme vacío pronto pudiera empezar a
llenarse.
Actualmente hay dos candidatos hispanos con posibilidades de
convertirse en miembros del senado: el Republicano, Mel Martinez, en
la Florida y el Demócrata, Ken Salazar, en Colorado.
Ninguno de los dos ha tenido una vida
fácil. Martínez llegó solo a los 15 aos de edad desde Cuba a Estados
Unidos, como refugiado y sin sus padres, en la llamada operación
Peter Pan. Salazar viene de una familia de agricultores muy pobres
que lleva cinco generaciones viviendo en Colorado. Pero ambos
estudiaron leyes y salieron adelante.
Martínez, quien fue secretario de
vivienda con la admnistración Bush, habla perfectamente el español;
Salazar, el procurador general de Colorado, aún se comunica en un
castellano bastante aceptable, según un reciente artículo de la
prensa, con su madre de 82 años de edad. Después de todo, Florida y
Colorado son palabras en español.
Los dos, por supuesto, están
aprovechando el hecho de que son bilingues en su campaña para el
senado. Esa es una ventaja que tienen sobre sus contrincantes en los
medios de comunicación en español y con los votantes latinos. Y es
una ventaja medible.
La última encuesta realizada entre los
hispanos de la Florida (por el Instituto Willie Velázquez) indica
que Martínez tiene el 48 por ciento de la intención de voto mientras
que su contricante –la excomisionada de educación de la Florida,
Betty Castor- cuenta únicamente con el 28 por ciento.
Salazar tiene el apoyo del 53 por
ciento de los votantes hispanos en Colorado, según una encuesta del
Rocky Mountain News, frente al 42 por ciento de su contrincante,
Pete Coors, el poderoso ejecutivo de la empresa cervecera que lleva
su apellido.
Martínez y Salazar pueden cambiar la historia en las elecciones del
próximo dos de noviembre. Solo ha habido tres senadores hispanos y
los tres han sido del estado de Nuevo México. El último en ser
elegido fue Joseph Manuel Montoya en 1964. Martínez y Salazar
podrían ser el cuarto y el quinto. Pero, sin duda, la campaña de
Martínez tiene un mayor valor simbólico. Si Martínez ganara su
elección, sería el único inmigrante dentro de senado de Estados
Unidos. El último senador inmigrante fue Rudy Boschwitz, nacido en
Alemania, y quien dejó su puesto en 1991.
“¿Sueña en que le digan senador Martínez?” le pregunté en una
entrevista. “Siempre lo pienso; ese es el sueño”, me contestó. “Mi
meta es ser un punto de unidad hispana.”
El
reto es enorme. Debido a la diversidad existente dentro de la misma
comunidad hispana nunca ha surgido un líder latino a nivel nacional
–el equivalente a Jesse Jackson en la comunidad afroamericana- ni
tampoco una agenda hispana que todos los latinos puedan apoyar.
“¿Puede un cubano ser el líder de
mexicanos y puertorriqueños?” le planteé a Mel, como casi todos le
dicen. “Sí se puede”, me dijo. Y, de alguna manera, Martínez ya lo
ha sido cuando fue el chairman o alcalde del condado de
Orange en el centro de la Florida. “Ahí vivían muchos
puertorriqueños, cubanos y trabajadores migratorios de México.”
Una
de las preocupaciones de Martínez es el desinterés de los
norteamericanos en América Latina. “Esa es la mentalidad que existe
en este país”, me explicó. “Una apatía, una enorme falta de interés
en América Latina. Pero yo puedo ser la voz de Puerto Rico en el
senado, hablar ahí del plan Colombia, del problema cubano, del
problema venezolano, y mejorar la relación con México que es tan
compleja…”
Martínez cree que los inmigrantes como él pueden lograr cualquier
cosa en Estados Unidos, incluso llegar a la Casa Blanca. “Si se
cambiara la constitución para permitir que inmigrantes como usted y
el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, se lanzaran a la
presidencia ¿le interesaría?” le pregunté. “A mis 58 años eso ya no
es para mí”, me dijo a manera de explicación. Y poco después él
mismo se corrigió. “Pero en Estados Unidos nunca se dice nunca.”
A pesar de las enormes esperanzas que
despiertan las candidaturas de Martínez y de Salazar, también han
generado un interesante dilema ético dentro de la comunidad hispana.
¿Deben los votantes latinos votar por Martínez en la Florida y por
Salazar en Colorado por el simple hecho de ser hispanos?
La mayoría de las organizaciones
hispanas de Estados Unidos tienen la postura oficial de que nadie
debe ser elegido a un puesto público por su origen étnico o racial
(de la misma manera en que nadie debe ser discriminado por esas
mismas razones). Además, los políticos hispanos del partido
Demócrata no quieren apoyar públicamente a Martínez ni los
Republicanos se sienten a gusto haciéndolo por Salazar.
Pero en privado, en silencio y off
the record varios de esos políticos y funcionarios hispanos
desean que Martínez y Salazar tengan éxito, independientemente de su
ideología y partido político. ¿Por qué? Solo porque son hispanos.
Solo porque urge una voz latina que, por primera vez en 40 años,
pueda hablar por todos hispanos en el senado de Estados Unidos. Solo
porque ya es hora. |