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La
gran noticia en estas elecciones fueron los más de 9 millones de
electores hispanos que, con su voto, reeligieron al presidente
George W. Bush. No, la elección no se definió en Ohio. La elección
se definió mucho antes en estados con altos porcentajes de población
hispana: Florida, Arizona, Nevada, Colorado y Nuevo México. Bush
ganó en esos cinco estados y así logró quedarse cuatro años más en
la Casa Blanca.
Nunca
antes habían votado tantos hispanos en una elección; fueron el 8 por
ciento del total. Y nunca antes un candidato Republicano había
obtenido un porcentaje tan alto del voto latino; 43 por ciento (según
cifras preliminares obtenidas en encuestas realizadas a la salida de
las urnas o exit polls). Esto es un sorprendente aumento
respecto al 31 por ciento del voto hispano que Bush obtuvo en el año
2000.
Si se
confirman estas cifras, esto quiere decir que muchos hispanos
saltaron del partido Demócrata al partido Republicano en las pasadas
elecciones del 2 de noviembre.
Y ese salto
explica la victoria de Bush. Esto también querría decir que los
Demócratas están perdiendo el control que por décadas han tenido de
los votantes hispanos.
John
Kerry, el ahora excandidato Demócrata a la presidencia, solo obtuvo
el 56 por ciento del voto hispano; mucho menos del 67 por ciento
obtenido por Al Gore en el año 2000. ¿Qué pasó?
“Kerry no tenía una estrategia para ganar el voto latino”, me dijo
Raúl Izaguirre, el presidente del Consejo Nacional de la Raza y uno
de los líderes hispanos más respetados del país. “Kerry no conectó
con los votantes latinos; en parte es por su personalidad y en parte
es porque no tuvo una estrategia coherente desde el principio de su
campaña para convencer a los hispanos de que votaran por él.”
Izaguirre, que representa a una organización no partidista,
considera que Bush, en cambio, sí tuvo una “muy buena estrategia
para conseguir el voto latino, con buenos anuncios de televisión –creativos,
emocionales; el presidente sí logró conectar con el votante hispano.”
Los
resultados están a la vista.
Si Kerry, por ejemplo, hubiera pasado
más tiempo con los hispanos y con los votantes que hablan español en
Colorado, Nevada y Nuevo México, en estos momentos estaría formando
a su equipo de gobierno. Me explico.
El
presidente Bush ganó Colorado con una ventaja de 114 mil votos,
Nevada con 21 mil votos más que Kerry y Nuevo México con 8 mil votos
más que el candidato Demócrata. Es decir, si Kerry hubiera
conseguido 143 mil votos hispanos más en esos tres estados, tendría
19 votos electorales más (para un total de 271) y con eso habría
ganado la Casa Blanca.
¿Cómo
es posible que los Demócratas no se hubieran dado cuenta que
dependían tanto del voto latino para ganar la Casa Blanca? Esos 143
mil votos hispanos –que son menos del dos por ciento del total del
voto hispano- se hubieran podido conseguir con relativa facilidad
con más entrevistas en español, con más anuncios en la radio y
televisión hispana, y ligando la campaña de Kerry en Colorado con la
del ahora senador hispano, Ken Salazar. Pero, por alguna razón, no
lo hicieron. ¿Por qué?
Cuando Bush fue candidato a la
presidencia en el 2000 otorgó más de 100 entrevistas a los medios de
comunicación en español. Kerry debió haber hecho lo mismo o más en
este 2004. Pero Kerry, en cambio, solo dio 25 entrevistas a los
medios hispanos. En otras palabras, Kerry se quedó corto, muy corto,
y no pudo contrarrestar los mensajes directos e inequívocos que
llegaban desde la Casa Blanca.
De alguna manera Kerry cometió el
mismo error de Al Gore: Gore perdió en el 2000 por el voto hispano
en la Florida; Kerry perdió en el 2004 por el voto hispano en
Colorado, Nevada y Nuevo México, entre otros.
Hubo
muchas voces -¡muchísimas!- que durante meses señalaron que estas
elecciones serían decididas por los votantes latinos. Y quienes no
escucharon, perdieron.
“Estos resultados
se explican, en parte, por lo que Kerry dejó de hacer”, concluyó
Izaguirre.
Y,
también, por lo que Bush sí hizo. Los Republicanos entendieron muy
bien que los hispanos suelen tener valores muy conservadores,
particularmente en lo que se refiere al aborto, a la religión y a
los matrimonios entre homosexuales. El 80 por ciento de los
electores, indican las encuestas, votaron pensando en los “valores
morales” y prefierieron a Bush frente a Kerry. Y los hispanos no
fueron la excepción.
Cuando se asiente la ceniza electoral y los ánimos estén más
calmados, nos daremos cuenta que fueron los hispanos quienes,
realmente, decidieron estas votaciones presidenciales. Pero para
Kerry y los Demócratas ya es demasiado tarde. |