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No hay nada que una más a los
mexicanos que una crítica a su país proveniente de Estados Unidos.
Nada. Incluso políticos de partidos que suelen tener puntos de vista
opuestos, dejan a un lado sus diferencias y denuncian, con una sola
voz, las críticas norteamericanas. Y ahora México está viviendo uno
de esos momentos.
El análisis del nuevo director de la
CIA, Porter Goss -de que México es un flash point o “punto de
conflicto” en América Latina y de que las “campañas para las
elecciones presidenciales en México seguramente detendrán el
progreso en las reformas fiscal, laboral y enérgética”-
generó airadas protestas dentro y fuera del gobierno mexicano. La
molestia fue aún mayor porque Goss metió a México en el mismo saco
con Haiti, Cuba, Colombia y Venezuela. O sea, que México no es para
Estados Unidos un país “especial” por el simple hecho de ser
vecinos. Chin.
Ya es hora que nos demos cuenta que
México, en estos momentos, no es una prioridad para Estados Unidos.
Basta de sueños guajiros. Estados Unidos no está viendo al sur; está
viendo al medio oriente. Por lo tanto, lo único que podría
preocuparle a Estados Unidos es si en México se diera una situación
de inestabilidad por las próximas elecciones que, a su vez, generara
un peligro en su frontera sur.
Ante el escenario planteado por el
jefe de la CIA, el precandidato presidencial y actual secretario de
gobernación de México, Santiago Creel, se dio duros golpes de pecho
y dijo que “la CIA está mal informada” y que la elección
presidencial del 2006 “no se trata de un conflicto; se trata de una
competencia electoral.” Sin embargo, desde Estados Unidos se ve muy
claro que sí existe un serio conflicto en México.
¿Acaso no es un conflicto el actual
proceso de desafuero en contra del alcalde de la ciudad de México,
Andrés Manuel López Obrador? López Obrador, quien está al frente de
todas las encuestas entre posibles candidatos presidenciales para el
2006, ha planteado el asunto del desafuero como un enfrentamiento
con el actual gobierno. “El proceso de desafuero es un complot
orquestado por la presidencia de la república”, ha dicho el alcalde.
Es decir, desde su punto de vista, la supuesta violación de una
orden judicial es la excusa que está usando la presidencia (y el
congreso) para sacarlo, por las malas, de la próxima contienda
presidencial.
Y estos son los
detalles del conflicto: el alcalde de la ciudad de México, Andrés
Manuel López Obrador, pudiera perder su puesto y ser encarcelado por
desobedecer una orden judicial. Dicha orden le prohibía construir un
camino de acceso a un hospital en un terreno que es propiedad
privada. Pero el gobierno capitalino no hizo caso a la orden,
construyó el camino y ahora el alcalde pudiera perderlo todo: su
libertad, su trabajo y la posibilidad de lanzarse como candidato a
la presidencia.
Es posible, sí, que
el gobierno de López Obrador haya violado la ley. Pero ¿se trata de
una infracción tan grave como para descalificarlo como candidato a
la presidencia? La respuesta está ahora en el congreso que, en unas
semanas, decidirá si López Obrador es desaforado o no. Mientras
tanto, esto es un verdadero conflicto.
El escenario de
inestabilidad en México que sugirió el director de la CIA no es tan
descabellado. ¿Qué pasa si López Obrador es encarcelado y cientos de
miles salen a protestar exigiendo su libertad? Conflicto e
inestabilidad. ¿Que pasa si le prohíben lanzar su candidatura
presidencial y sus partidarios se rehúsan a aceptar el dictamen
oficial? Conflicto e inestabilidad. ¿Que pasa si López Obrador gana
las elecciones de julio del 2006 y sigue pesando sobre él un manto
de ilegalidad? Conflicto, inestabilidad e ingobernabilidad.
La historia,
tristemente, nos demuestra que todas las grandes transiciones que ha
vivido México se han dado en escenarios de violencia e
inestabilidad. Y no me refiero únicamente a la independencia y a la
revolución; incluso la transición de un sistema autoritario a una
democracia en el año 2000, estuvo precedida por eventos violentos,
como la masacre de estudiantes en Tlaltelolco en 1968 y los
asesinatos de opositores políticos. La pregunta, aún sin respuesta,
es si la democracia mexicana ha madurado tanto en cinco años como
para superar todos sus conflictos en paz y sin violencia.
Lo curioso de este asunto es que la prensa
mexicana está inundada con comentarios sobre el actual conflicto
generado por el proceso de desafuero contra López Obrador y con
negras predicciones respecto a la inestabilidad que esto pudiera
generar en México. Es decir, los mexicanos están hablando de esto
abiertamente. Pero lo que les molesta es cuando un extranjero -y
sobre todo un norteamericano- dice exactamente lo mismo.
Posdata sin justicia.
¿Cuál justicia? se preguntan muchos mexicanos, luego que la Corte
Suprema de Justicia decidió que ya había pasado mucho tiempo para
juzgar por la matanza de manifestantes en 1971 al ex presidente Luis
Echeverría. Este dictamen va en contra de ley internacional que
establece que los crímenes contra la humanidad y el genocidio nunca
prescriben. O sea, que la justicia a la mexicana es poco justa. |