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Los cazadores de
indocumentados que se reunen en Arizona durante el mes de abril,
bajo el llamado Proyecto Minuteman, no lograrán detener en lo más
mínimo el constante flujo de inmigrantes hacia Estados Unidos. Es
puro show con tintes racistas. En cambio, sí están demostrando una
absoluta falta de comprensión del fenómeno de la inmigración y
pueden generar graves peligros en la frontera. Son cazadores de
odio.
El
Proyecto Minuteman tiene como objetivo, según su propia información,
“crear un bloque en contra de la entrada a Estados Unidos de
extranjeros ilegales, narcotraficantes y terroristas potenciales.”
Cientos de voluntarios han estado patrullando el valle de San Pedro,
en la frontera entre Arizona y México, para “detectar a extraños que
entren ilegalmente a Estados Unidos.”
Ellos aseguran que no harán ningún arresto y que ni siquiera tocarán
a los indocumentados, pero que sí los seguirán y reportarán a la
Patrulla Fronteriza hasta que sean arrestados. O sea, que van a ser
su sombra.
¿Qué tipo de gente se puede dedicar 30 días a perseguir
indocumentados sin paga? Lo irónico es que los alimentos que comen
estos cazadores y las casas donde viven fueron cosechados y
construidas, seguramente, por los mismos inmigrantes que persiguen.
Doble moral: critican a los indocumentados pero se benefician de su
trabajo.
El Proyecto
Minuteman es puro humo. Sus voluntarios, tomando la justicia en sus
propias manos, solo piensan patrullar 20 millas pero se les olvida
que hay otras 1,931 millas de frontera entre México y Estados
Unidos. Detener a los indocumentados de esa manera es como tratar de
parar el cauce de un río con una piedra; el agua y los
indocumentados se van a ir por los lados, por el lugar de menor
resistencia. En la primera semana de abril, las 121 llamadas
telefónicas de este grupo a la Patrulla Fronteriza culminaron
únicamente en el arresto de 228 personas. Miles más se les escaparon
o cruzaron por otros lados.
Pero el
verdadero peligro de esta operación paramilitar es que genere aún
más muertes en la frontera. Es una fórmula explosiva. Los 500
agentes adicionales que ya envió la Patrulla Fronteriza no son
suficientes para evitar actos violentos y para salvar vidas. Los
inmigrantes y los “coyotes” que los guían saben perfectamente lo que
está ocurriendo en la frontera con Arizona y ya están tomando rutas
alternativas más peligrosas. Por eso el resultado final de esta
“protesta legal y pacífica”,
como ellos le llaman, pudiera medirse en vidas humanas.
Quizás en lo
único que coinciden las organizaciones antiinmigrantes, como la
Minuteman, y las que defienden los derechos de los indocumentados es
que la frontera está fuera de control y que algo se tiene que hacer
al respecto. Estos grupos ultraderechistas, al igual que las bandas
de traficantes de seres humanos, pueden surgir debido a que existe
un vacío de autoridad en la región fronteriza. Y ese vacío genera
muerte.
Estas son las
estadísticas de la muerte. Cada día, en promedio, cuatro mil
personas tratan de cruzar ilegalmente la frontera de México a
Estados Unidos. Tres mil son arrestados, unos mil indocumentados sí
logran cruzar con éxito y uno muere. Y como la apuesta está a favor
de la vida –solo tienen una probabilidad en mil de morir- los
indocumentados se la siguen jugando todos los días.
Al final de
cuentas lo verdaderamente importante es que mucha gente está
muriendo en la frontera. Uno por día. Y eso es inaceptable. Eso
tiene que parar.
El presidente
norteamericano, George W. Bush, y el mexicano, Vicente Fox, han
demostrado una clara falta de voluntad política para resolver el
problema de las muertes en la frontera común. Eso sí, dan muchos
discursos y se quejan de lo que ocurre, pero desde el año 2000 no
han hecho nada concreto para evitar las casi 400 muertes de
inmigrantes anuales en la frontera.
¿Qué pueden
hacer? Tres cosas:
1)
Legalizar la situación de los 11 millones de inmigrantes
indocumentados que hay actualmente en Estados Unidos, según el más
reciente estudio del Pew Hispanic Center. No se trata únicamente de
una cuestión humanitaria; es también una de seguridad nacional. Si
Estados Unidos se va a tomar en serio la lucha contra el terrorismo
tiene que saber quien vive en su país. Y, de paso, puede ser justo
con quienes tanto aportan a la economía de este país.
2)
Negociar un acuerdo migratorio entre México y Estados Unidos. Solo
eso puede garantizar un flujo ordenado de los inmigrantes que tanto
necesita Estados Unidos y evitar las muertes en la frontera.
3)
Crear un gigantesco programa de inversión norteamericana en México y
el resto de América Latina –una especie de Plan Marshall para la
región. Esto generaría trabajos bien remunerados en latinoamérica y
evitaría que muchos de sus habitantes vieran el viaje a Estados
Unidos como su única alternativa económica.
El
problema migratorio no se resolverá con una varita mágica, ni con
declaraciones populistas, ni con visitas a ranchos presidenciales.
Mientras haya trabajadores desempleados en México y trabajos para
ellos en Estados Unidos con salarios 10 veces superiores a los que
hay en América Latina, seguirá existiendo la inmigración ilegal
hacia el norte.
Por
eso los desplantes de xenofobia, como el del Proyecto Minuteman, no
resuelven nada y, en cambio, sacan a relucir la gran contradicción
norteamericana: que este país, que fue creado por inmigrantes, ahora
les está dando la espalda y los deja morir en el desierto. |