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Miami. La gran
tragedia del exilio cubano es que, a pesar de sus grandes éxitos
–políticos, económicos, culturales- en Estados Unidos desde 1959, no
ha logrado lo que más quiere: sacar a Fidel Castro del poder en Cuba
Y cada día que pasa aumenta su frustración al constatar que el
desenlace más probable en la isla será la muerte natural del
dictador y no su derrocamiento por una invasión norteamericana o una
rebelión interna.
La reciente reunión en la
Habana de unos 150 disidentes -en la llamada Asamblea para Promover
la Sociedad Civil- fue un valiente e importante desafío a la
dictadura. La reunión comenzó al grito de “libertad, libertad,
libertad.” Sin embargo, la disidencia interna en Cuba no está unida
–ahí están las críticas a la reunión de Osvaldo Payá- y el poder
represivo de la dictadura es tal que pudiera encarcelar por años a
todos y cada uno de los participantes en dicha asamblea. (Amnistía
Internacional acaba de confirmar que en Cuba durante el 2004 hubo al
menos 70 prisioneros de conciencia en las cárceles.)
El embargo económico norteamericano
contra Cuba, impuesto hace 44 años, tampoco ha tumbado a Castro del
poder. La economía cubana se ha mantenido a flote de forma muy
precaria, primero con la ayuda de la Unión Soviética y ahora
revendiendo en el mercado internacional petroleo venezolano. Pero
Castro no va a caer por falta de dólares; los cubanos en Estados
Unidos envían 460 millones de dólares anuales a sus familiares en la
isla. Además, los euros se los llevan gustosos los turistas
europeos. Sin duda, los que pasan hambre en la isla son los nueve
millones de cubanos, no sus gobernantes.
Aunque en este 2005 es increíble que
todavía haya naciones e intelectuales que defiendan a la dictadura
cubana, la presión extranjera y los organismos internacionales han
sido absolutamente ineficaces en promover los más mínimos cambios
democráticos en la isla. Y ahí está la esclerótica OEA como muestra.
Las opciones de fuerza contra Castro
también se desvanecen. Quienes han tratado de realizar operaciones
clandestinas en la isla ahora están recluidos a los programas de
micrófono abierto de la radio en el sur de la Florida. Y el caso del
militante anticastrista Luis Posada Carriles demuestra los límites
de cualquier intento de asesinato.
Posada Carriles estuvo en una prisión
panameña acusado de intentar el asesinato de Castro en ese país en
el año 2000. En 1985 se escapó de una prisión venezolana mientras
esperaba la apelación de la fiscalía que lo acusaba de haber
participado en la explosión de un avión de Cubana de Aviación en
1976 donde murieron 73 personas. El presidente de Venezuela Hugo
Chávez lo ha calificado de “asesino y terrorista” y ha solicitado su
extradición de Estados Unidos.
Posada Carriles, quien actualmente se
encuentra en una prisión norteamericana por haber entrado
ilegalmente al país, ha negado su participación en el atentado de
1976. Pero en una entrevista con el diario The Miami Herald dejó
abierta la posibilidad de haber colaborado en la colocación de una
serie de bombas en sitios turísticos de la Habana en 1997. “Dejemos
que la historia juzgue esto”, declaró al diario, al responder sobre
su posible participación en los hechos que culminaron con la muerte
de un turista italiano. Cierto o no, Posada Carriles (y otros como
él) ya se encuentran fuera de circulación.
La otra opción de fuerza contra Castro
parece poco factible. Si Estados Unidos quisiera invadir Cuba, ya lo
hubiera hecho; está a solo 90 millas y excusas no le faltan. De
hecho, John Bolton, quien fuera subsecretario de estado, presentó a
Cuba como una nación peligrosa para Estados Unidos durante un
discurso pronunciado en Washington el 6 de mayo del 2002. “Estados
Unidos cree que Cuba está realizando, al menos, un esfuerzo de
desarrollo e investigación limitada sobre armas biológicas”, dijo el
ahora nominado como embajador norteamericano ante Naciones Unidas.
“Cuba le ha dado biotecnología, de doble uso, a naciones hostiles.”
Pero tras las guerras en Afganistán e
Irak y su permanente lucha contra el terrorismo, la administración
del presidente George W. Bush ha dejado muy claro que Cuba, en
particular, y América Latina, en general, no es su prioridad. Es
decir, ya se pueden ir guardando los cartelones que aparecieron en
Miami tras la captura de Saddam Hussein en Irak y que decían “Castro
is Next”(“Castro es el siguiente”).
Por todo lo anterior, el futuro de
Castro parece asemejarse cada vez más al del dictador Francisco
Franco en España. A pesar de la enorme oposición en su contra,
maniobró para quedarse en el poder hasta que el cuerpo no le dio
más. Y esta, me parece, es la verdadera tragedia del exilio cubano:
tener éxito en todo, excepto en lo que más desea.
Y por último, una observación
personal. Todo este asunto, aunque muchos no lo sepan, me toca muy
de cerca. Mis dos hijos tienen sangre cubana y sé que si hubieran
vivido en Cuba estarían atemorizados y sin libertad. Y yo no tengo
más remedio que hablar de esto desde lejos; tras los reportajes que
hice en Cuba durante la visita del papa Juan Pablo II, funcionarios
del régimen me amenazaron con no darme otra visa de periodista. Y
tienen, eso sí, un archivo muy grandote o muy buena memoria: siete
años después aún no se les olvida. |