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Lo único que no había
tocado Hugo Chávez era la bandera venezolana. Pero ya hasta eso
cambió.
La bandera de franjas
amarilla, azul y roja tendrá ahora un arco de 8 estrellas -en lugar
de 7- tal y como Chávez quería en honor al libertador Simón Bolívar.
Además, el caballo blanco del escudo mirará ahora a la izquierda y
hacia adelante. A Chávez y a su hija Rosines no les gustaba que el
caballo pareciera “dócil” y “entregado” y que viera a la derecha.
Chávez y los 167 miembros de la Asamblea Nacional le hicieron caso a
la hija del presidente y ahora millones de pasaportes y documentos
públicos tendrán que cambiarse. Los dólares del petroleo pagarán por
este capricho.
Una vez más, Chávez se salió con la
suya. Así ha sido por los últimos siete años.
La estrategia de Chávez ha
sido muy clara. Primero, ha acaparado el poder. Nada le es ajeno.
Escribió la nueva constitución, organiza sus propias elecciones y
sus simpatizantes dominan la Asamblea, la Corte Suprema y el
ejército. Pocos periodistas se atreven a cuestionarlo. Y la
oposición política, a veces, no parece tener ni pies ni cabeza.
Y segundo, se ha inventado un enemigo:
Estados Unidos. “Me van a secuestrar a mí vivo y me van a llevar a
una cárcel”, dijo Chávez hace unos días en su programa Aló
Presidente. Y luego, desafiante, añadió: “No. Pasarán sobre mi
cadáver. Correrá mi sangre hasta la última gota por la dignidad de
esta tierra.”
Está última versión chavista reemplaza
a la de una supuesta invasión norteamericana a Venezuela. Según
Chávez, el plan ahora es sacarlo de Venezuela de la misma forma en
que Estados Unidos removió del poder a Manuel Antonio Noriega en
Panamá. El problema de esta teoría es que no hay ni una sola
evidencia para sustentarlo.
Si Chávez fuera periodista ya hubiera
perdido su trabajo por no usar fuentes fidedignas y verificables en
sus declaraciones. Es cierto que Estados Unidos guardó un incómodo
silencio durante el golpe militar de 47 horas contra Chávez en el
2002. Pero de ahí a planear una invasión o un secuestro hay un mundo
de especulaciones.
¿Por qué hace esto Chávez? ¿Qué gana
con decir todas las semanas que ahí viene el lobo?
Chávez, el provocador, lo hace porque
así consolida su poder. Ante un enemigo, real o imaginario, cierra
filas, justifica la represión contra la oposición política y
acrecienta la censura de prensa.
Siguiendo un texto que parecería
sacado de cualquier discurso de Fidel Castro, Chávez goza tratando
de provocar al presidente de Estados Unidos, George W. Bush. Lo
interesante del caso es que Bush –bien conocido por ser de armas
tomar- nunca ha contestado un solo insulto de Chávez. Ni uno. Pero
eso no le importa a Chávez. El sigue cargando.
Si Chávez se inventa un conflicto con
Estados Unidos puede, de alguna manera, distraer la atención a la
pobreza que crece en Venezuela desde que él llegó al poder. Quiere
armar a un millón de ciudadanos y ya mandó comprar 100,000 fusiles
rusos.
Las amenazas de Chávez, sin embargo,
vienen vacías. Si Estados Unidos de verdad es su enemigo ¿por qué le
sigue vendiendo petróleo? Yo no conozco a ningún otro gobernante en
el mundo que reciba dinero de alguien que lo quiere secuestrar.
Por eso, en parte, el escritor
mexicano Carlos Fuentes ha dicho que Chávez es un
“Mussolini tropical” incapaz de apoyar
con hechos sus palabras. Todos los días Venezuela le vende a Estados
Unidos un millón y medio de barriles de petróleo. Todos. Y a pesar
de las amenazas chavistas de que pudiera suspender el suministro
petrolero al “imperio”, no lo ha hecho.
Detrás de todo esto
encontramos el deseo de Chávez de eternizarse en el poder. Aunque
Chávez ha ganado varias elecciones, Venezuela hace tiempo que dejo
de ser una democracia representativa. Un hombre, uno solo, controla
los destinos de esa nación.
“A lo mejor no me voy de
la presidencia en el 2013, sino en el 2019 y seis años más, sería el
20025, seis más, 2031” dijo amenazante ante la posibilidad de que la
oposición no presente un candidato presidencial para las elecciones
de diciembre de este año. La reelección consecutiva haría de
Venezuela la “dictadura perfecta”, quitándole ese deshonroso título
a los gobiernos mexicanos del PRI que se sucedieron por 71 años.
Cuando Chávez ganó las
elecciones y tomó el poder en 1998 me dejó en una entrevista en
Caracas que dejaría el poder en el 2003. “Claró que estoy dispuesto
a entregarlo.” Mintió. A mí y a los venezolanos. Por cierto, tengo
la entrevista grabada en video por si ya se le olvidó.
Chávez sabe que acaparando el poder y
provocando a Estados Unidos se asegura un lugar en la historia: como
mártir o como dictador. Y nada le gustaría más a quien
constantemente se compara con Bolívar y Jesucristo. Salvo, claro,
que se le ocurra poner su imagen en la bandera de Venezuela.
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