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Hugo Chávez nunca ha perdido una elección en Venezuela. Pero está a
punto de perder dos en el resto de América Latina.
Uno de los principales problemas de
Chávez es que no sabe quedarse callado. Tiene una necesidad, casi
fisiológica, de opinar de todo y de todos. Los venezolanos ya se han
acostumbrado a ver interrumpidos sus programas favoritos de
televisión porque a Chávez se le ocurrió decir algo. Esas
ocurrencias, valga la observación, duran horas.
En su programa dominical Aló
Presidente obliga a una buena parte de sus ministros y principales
asesores a reirse de sus chistes y a oirlo- sin descanso y sin
posibilidad de cuestionarlo- hasta que se canse. Y Chávez no se
cansa fácilmente. Igual que el expresidente mexicano, Luis
Echeverría, Chávez tiene fama de hablar y hablar sin ir al baño
mientras sus ministros se retuercen de ganas en sus sillas.
Y quien habla
ininterrumpidamente, improvisando, sin ningún tipo de filtro entre
la aparición de una idea y su expulsión por la boca, está condenado
a cometer muchos errores. Eso le ha pasado últimamente a Chávez.
Chávez, no hay duda,
quisiera que Ollanta Humala ganará en las próximas elecciones en
Perú (el 4 de junio) y que Andrés Manuel López Obrador fuera el
ganador en las votaciones en México (el 2 de julio). Pero los
comentarios públicos de Chávez, en lugar de ayudar a sus favoritos,
los ha perjudicado enormemente en las encuestas.
Chávez no acaba de
comprender que provoca miedo en muchos latinoamericanos. ¿Quién
quiere para su país un líder autoritario, que no escucha, que
insulta a otros gobernantes y que amenaza con quedarse
permanentemente en el poder?
Veamos el caso de Perú. El
candidato nacionalista Ollanta Humala ganó fácilmente la primera
vuelta de las elecciones en ese país. Pero poco después de que
Chávez llamara “ladrón” a su contrincante en la segunda vuelta, el
expresidente Alán García, y que amenazara con romper relaciones
diplomáticas con Perú si ganaba García, Ollanta empezó a caer en las
encuestas.
Si Chávez se hubiera quedado
callado –como lo hizo el futbolista argentino, Diego Maradona, en
una reciente visita a Lima- es posible que Ollanta no hubiera sido
vinculado con el extremismo chavista. Pero no fue así.
Ollanta tuvo que intervenir
al pedirle a Chávez que no se preocupara por él y que dejara que los
peruanos se encargaran de sus propios ladrones. Sin embargo, el daño
estaba hecho. Circula por todos lados el video en que Ollanta se
reuné en Caracas con Chávez y con el nuevo presidente de Bolivia,
Evo Morales. Y ahora Ollanta tendrá que hacer malabares para ganarle
la elección a Alán García, quien lo aventaja fácilmente en todos los
últimos sondeos.
Vamos a México. El candidato
del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Andrés Manuel López
Obrador, nunca ha visto a Hugo Chávez y es probable que ni siquiera
hayan conversado por teléfono. Pero Chávez –¡adivinen!- ya abrió su
boca en franco apoyo de López Obrador.
A esto hay que sumarle la
presencia del embajador de Venezuela en México a un mitin del PRD
-¿qué hacía ahí?- y a la amenaza de Chávez al presidente mexicano,
Vicente Fox, de que no se metiera con él porque iba a “salir
espinado”.
Para
aprovechar esta situación, el Partido Acción Nacional (PAN) del
candidato oficialista Felipe Calderón, sacó un comercial en que
comparaba las declaraciones de Chávez sobre Fox con la ya famosa
frase de “cállate chachalaca” que el propio López Obrador dijo sobre
el presidente mexicano. Un asesor de Calderón me comentó que su
intención con el comercial era sugerir que “López Obrador era tan
intolerante como Chávez”. Resultó.
Tengo frente a mi las
últimas seis encuestas realizadas en México (Gea, Consulta Mitofsky,
Reforma, Milenio, Parametría y El Universal) en las que Felipe
Calderón muestra una clara ventaja sobre López Obrador, quien
durante meses pareció invencible. Esto se debe, entre otras cosas, a
la negativa de López Obrador de participar en el primer debate entre
candidatos presidenciales.
Pero independientemente de
los errores de campaña, la figura de Chávez ha sido muy dañina para
las aspiraciones presidenciales de Ollanta Humala y López Obrador.
Es la mano negra de la política latinoamericana. Ante lo cual,
Humala y López Obrador pueden decirle a Chávez: “No me ayudes
compadre.”
Hay más.
Es posible que tras la elección de Evo
Morales en Bolivia, su clara alianza con Chávez y el dictador cubano
Fidel Castro, y su reciente nacionalización de la industria del gas
natural, otros países latinoamericanos estén viendo con mucho más
cuidado a los candidatos presidenciales de izquierda. Luego de
alcanzar media docena de presidencias a través de los votos ¿habrá
llegado la izquierda a su límite en América Latina por culpa de
Chávez? Lo sabremos pronto.
Mientras tanto, la lección
para otros candidatos presidenciales es clara: ligarte con Chávez
puede costarte la elección. Es el factor Chávez.
Si Chávez de verdad quiere que ganen
Ollanta y López Obrador lo inteligente hubiera sido quedarse
callado. Pero eso suena a imposible. Chávez tiene una lengua
imparable, le encanta oirse y chupar cámara. ¿Quién se atreve a
callar a Chávez o a arrebatarle el micrófono?
Si Chávez sigue así, empezará a perder
elecciones (al menos, fuera de Venezuela). |