Tepoztlán, México. Aquí el Tepozteco lo domina todo.
Este monte a quién muchos atribuyen extraordinarias energías no pasa desapercibido.
Nunca. A donde voltées está su imagen, su sombra, su influencia, su presencia.
Tras recorrer las calles de este pueblito empedrado, merodear en su cada vez mas
comercializado mercado al aire libre y asombrarme ante las ofrendas de toronjas, naranjas
y limones en su iglesia principal, paré a descansar en un cafecito a las faldas del
Tepozteco. Y fué precisamente ahí que tuve una intensa conversación con alguien a quien
quiero y respeto mucho sobre el crucial momento que está viviendo México.
Un par de horas antes del atardecer,
con los picos del cerro dibujados sobre el piso, fue imposible evitar la comparación; el
Tepozteco, pensé, es para los habitantes de Tepoztlán lo mismo que el Partido
Revolucionario Institucional (PRI) para muchos mexicanos. Es decir, pensarse en un México
sin el PRI es tan difícil para algunos como imaginarse Tepoztlán sin el Tepozteco.
México se balancea en estos momentos entre el miedo y la impaciencia. El miedo a
dejar a un partido que ha dominado la vida nacional desde 1929 y la impaciencia ante 71
años de abuso de poder. Pero contrario al ambiente de temor que se vivía en 1994
tras el surgimiento de la
guerrillza zapatistas y el asesinato de Luis Donaldo Colosio- y que llevó a la elección
del priísta Ernesto Zedillo, en este año 2000 hay mas impaciencia que miedo por el
cambio. Esto es muy significativo
En este viaje noté un cambio fundamental; cada vez hay más gente que puede
imaginarse un México sin el PRI. No sé si es wishful
thinking como le dicen los norteamericanos al pensamiento mágico, pero mi percepción
es que se ha abierto claramente la oportunidad a una alternancia del poder en la
presidencia. Y esto es posible porque se ha perdido el miedo; a enfrentar a las
autoridades, a decir las cosas como son, a denunciar a quienes usan el poder político
para enriquecerse
Uno de los
preceptos que el líder hindú Mahatma Gandhi enseñaba a sus seguidores era la ausencia
de miedo (fearlessness). Y en México los
partidos y candidatos de oposición, los periodistas independientes y la sociedad civil en
general, le han ayudado a los mexicanos a quitarse el lastre del miedo. De hecho, el
argumento utilizado durante años por los miembros del PRI que sólo ellos podían
garantizar la estabilidad del país- es prácticamente inoperante estos días. Políticos
de oposición, de izquierda y de derecha, han demostrado que ellos también pueden ejercer
el poder en varios casos con mucho mayor rigor moral que el PRI- y que el mundo no
se va a acabar.
Simultaneamente, la impaciencia por las prácticas corruptas y tramposas del
PRI-gobierno va en aumento. Ya no se
aguanta como antes a los funcionarios públicos que en un par de años se transformaban en
multimillonarios, ni los compadrazgos y la compra-venta de influencias, ni el uso de
fondos del gobierno en actividades partidistas, ni las mordidas e ineficacia de los
burócratas, ni el aumento de la pobreza, el narcotráfico y la criminalidad
La
impaciencia acumulada por tantas promesas rotas y malos gobiernos del PRI está generando
una sociedad mas alerta y exigente.
En la conversación que tuve bajo la sombra del Tepozteco, me aseguraban que la
alternancia de los partidos políticos en la presidencia no debe ser la señal
determinante que indique que México se ha convertido, por fín, en una democracia. Pero
eso es precisamente lo que le falta a México; alternancia en la presidencia. México
todavía no es una verdadera democracia y no lo será hasta que arranquen al PRI de la
silla presidencial.
¿Es preciso, entonces, que el PRI pierda la presidencia para que madure todo el
sistema político? La respuesta corta es sí.
El profesor de Harvard, Samuel Huntington, argumenta que las democracias de a
deveras se caracterizan por dos elementos: elecciones libres y alternancia de los partidos
políticos en el poder. Y aunque la oposición controla ya más de una tercera parte de
los puestos de elección popular en México, la presidencia siempre ha estado fuera de su
alcance. Dentro de unos días eso puede cambiar.
Una creíble e imparcial encuesta (de la agencia de noticias Reuters) pone al
candidato del Partido Acción Nacional (PAN), Vicente Fox, por arriba del priísta
Francisco Labastida. Pero no es cierto que ésta sea la primera vez que México puede
tener como presidente a un candidato de la oposición. Una buena parte de los mexicanos
cree que en 1988 un enorme fraude electoral evitó que Cuauhtemoc Cárdenas llegara a la
residencia oficial de Los Pinos. Para fundamentar las sospechas basta mencionar que el
candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari, obtuvo muy a la soviética- el 100 por
ciento de los votos en 1,762 casillas y que todos los votos, años después, se quemaron
(evitando así un recuento).
El espectro de un fraude en las elecciones presidenciales del 2 de julio del 2000
parece, por ahora, lejano. Pero ¿quién se atreve a meter las manos al fuego para
garantizar que ninguno de los dinosaurios del PRI y del gobierno va a intentar un fraude
si se ve contra la pared? Por esto, la actitud mas saludable es la desconfianza. Dudo
mucho que un partido como el PRI, que se ha mantenido en el poder a base de fraudes,
mentiras, trampas y chantajes, esté dispuesto a reconocer una derrota por las buenas.
Tendrá que ser obligado a hacerlo.
Quizás Cardenas encontró demasiado miedo entre los mexicanos en 1988 como para
exigir a través de manifestaciones multitudinarias su derecho a gobernar. Pero estos son
otros tiempos.
Aquí,
sentado frente un monte imponente, quizás no pueda imaginarme a Tepoztlán sin el
Tepozteco. Pero me parece que cada vez hay mas mexicanos que, como yo, sí se pueden
imaginar un México mejor, menos corrupto, más honesto- sin el PRI en la
presidencia. |