| Filadelfia. Llegué a
ésta ciudad cargado de escepticismo. El Partido Republicano se ha hecho (mala) fama por
tener como miembros a algunos de los norteamericanos mas racistas y xenófobos de Estados
Unidos. Basta mencionar al ex gobernador de California, Pete Wilson, y al político y
comentarista televisivo Pat Buchanan (que hace poco dejó de ser republicano). Por eso,
venía preparado para escuchar toda una serie de discursos contra los inmigrantes y las
minorías étnicas en su trigésima séptima Convención Nacional Republicana. Sin
embargo, no fue así.
El Partido Republicano ha
sido acusado de ser el club de los hombres blancos y de los ricos; uno de cada cuatro
participantes en ésta convención tenía, al menos, un millón de dólares bajo el
colchón. Pero lo extraño, lo confuso, es que en el escenario de ésta convención vi
muchas caras negras e hispanas y escuché el español como si estuviera en México. Claro,
eso fue en el escenario.
En el piso de la convención todo era igual que siempre.
De los 2066 delegados sólo 73 eran hispanos. Y luego recordé que muchos de estos
republicanos que tanto aplaudieron a los cantantes Vicente Fernandez y Jon Secada son los
mismos que quieren que desaparezca el español para convertir al inglés en el único
idioma oficial de los Estados Unidos. Baile de máscaras, dijeron sus críticos.
Además, desde el punto de vista periodístico, ésta
convención no ofrecía ninguna sorpresa. El candidato republicano a la presidencia,
George W. Bush, ya había sido escogido, al igual que el candidato a la vicepresidencia,
Dick Cheney, y su "plataforma política": antiaborto, contra los programas (de
acción afirmativa) que benefician a negros e hispanos, contra los derechos de los
homosexuales
Nada nuevo bajo el sol.
Es decir, estaba condenado junto con otros 15 mil
periodistas y 4,500 invitados a perder el tiempo durante cuatro días y a someterme a una
agotadora agenda de 400 fiestas y reuniones. No había noticias pero sí mucha parranda.
Pero entonces se aparecio "P" y hubo algo que me sorprendió en ésta
convención.
Le dicen "P", se llama George P. Bush, tiene 24
años de edad, habla español bastante bien y está a punto de entrar a la escuela de
leyes. No es un estadounidense cualquiera. "P" es el nieto del expresidente
George Bush, el bisnieto del senador Prescott Bush, el hijo del gobernador de la Florida,
Jeb Bush, y de la mexicana Columba Bush, y como si esto fuera poco, es el sobrino del
candidato presidencial George W. Bush, a quien ha ayudado intensamente en su campaña.
Pero "P", por ser de origen hispano y ser moreno, ha sido discriminado.
-"He encontrado mucha discriminación en mi
vida", me dijo George P. Bush. Y la afirmación me tomó desprevenido.
-"¿A un Bush (al miembro de una familia política
comparable a la de los Kennedy) lo han discriminado en los Estados Unidos?", le
pregunté.
-"Como no", me dijo. "Porque en nuestra
sociedad, desafortunadamente, la gente juzga por tu color de piel; he encontrado
discriminación toda mi vida, en todas partes del país"
-"Pero ¿cómo te han discriminado?", insistí.
-"Con frases como wetback (espalda
mojada/indocumentado) y frases feas como tar baby (bebé de chapopote o petroleo),
(son cosas) que la gente le dice a los latinos," me contestó, sin perder la
compostura.
George P. Bush ha sido comparado con el cantante
puertorriqueno Ricky Martin y la revista People lo puso en la lista de los mas
sexys de Estados Unidos. Pero el público norteamericano supo de él, por primera vez, en
la Convención Nacional Republicana de 1988, en Nueva Orleans, cuando su abuelo el
entonces presidente George Bush- lo presentó, junto a su hermano y hermana, como los
"morenitos" (the little brown ones).
Algunos hispanos se sintieron ofendidos con el
calificativo de "morenitos". Pensaron, al menos, que era una falta de
sensibilidad del ahora expresidente con los latinos. Pero no "P". "Es algo
que me encanta, ésta piel morena", me dijo con una sonrisa. "Tengo orgullo de
mi color; no es algo ofensivo".
Si algo ha diferenciado a "P" de jóvenes de su
edad no es su color de piel sino su identidad multicultural, su bien desarrollado instinto
político y su intensa ética de trabajo. Se considera "mexicano y americano",
visita frecuentemente León, Guanajuato (la ciudad donde nació su madre), pasó el verano
pasado en la ciudad de México en una firma de abogados y dió clases a niños hispanos
pobres en Homestead, en el sur de la Florida, mientras sus compañeros se divertían en
jet-skis y en discotecas. Y según su propio conteo, ha dado "miles" de
entrevistas para apoyar la campaña presidencial de su tío. El es, de alguna manera, la
nueva cara del Partido Republicano. Y es una cara morena.
Pero la cara de "P" -como cualquier otra cara
morena en los Estados Unidos- ha sido discriminada y rechazada por los mas racistas. Lo
mejor de éste pais, sin duda, son las oportunidades económicas para todos; lo peor es el
racismo. Y ni siquiera uno de los miembros de la familia política mas poderosa de los
Estados Unidos la llamada dinastía Bush, según la revista Time- se ha librado de
ésto. Había oído de racismo contra los Sanchez y contra los Pérez y contra los
Rodríguez. Nunca contra los Bush.
Yo creía que no iba a aprender nada de ésta Convención
Nacional Republicana. Pero me voy con una terrible lección; que el racismo en los Estados
Unidos se sufre hasta en las mejores familias. |