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QUE SERA LO
QUE QUIERE MARCOS
Por
Jorge Ramos Avalos
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| 28
de Agosto del 2000 |
El silencio y el
tiempo es una de las armas de los
rebeldes zapatistas. Eso es precisamente
lo que les sobra en la selva lacandona de
Chiapas. Aunque les falten muchas cosas,
les sobra el silencio y el tiempo. Quien
ha estado unos días en ese mar verde
sabe que la vida en la montaña tiene
otros ritmos y que las palabras toman
sentidos muy distintos a las que se
escuchan en la ciudad.
Por esto, en parte, el subcomandante
Marcos no tiene prisa en reaccionar a las
recientes elecciones que le quitaron al
Partido Revolucionario Institucional
(PRI) la presidencia de la república y
la gubernatura de Chiapas. Sus tiempos no
son nuestros tiempos. Sin embargo, su
respuesta cuando la détendrá que tomar
en consideración que México ha entrado
en una nueva época democrática. El
México en que los zapatistas se
levantaron con las armas no es el mismo
México de hoy. Y eso pone al ejército
zapatista en una disyuntiva.
¿Cómo justificar el uso de las armas y
de la violencia después que millones de
mexicanos, con su voto, cambiaron el
liderazgo del país? ¿Cómo justificar
otra negativa de los zapatistas a
participar en una nueva ronda de
pláticas de paz con políticos
demócratas legítimamente elegidos?
¿Cómo?
Entiendo perfectamente el rechazo del
subcomandante Marcos y de los zapatistas
a sentarse a dialogar con el gobierno del
presidente Ernesto Zedillo. Por principio
el gobierno mexicano no quiso cumplir con
los llamados acuerdos de San Andrés
Larrainzar. Y segundo, Marcos nunca
consideró a Zedillo y a su gobierno como
un interlocutor legítimo.
En marzo de 1996 tuve una larga
entrevista con Marcos y ya desde entonces
mostraba su desdén por el actual
mandatario.
-"¿Es (Zedillo) un presidente
legítimo?", le pregunté
-"No", me contestó.
"(Zedillo) es producto de unas
elecciones ilegítimas organizadas por un
presidente ilegítimo, como Salinas. No
es legítimo."
Vicente Fox, el presidente electo de
México, no tiene los problemas de
legitimidad que Marcos asignó a Zedillo.
Tampoco parece tenerlos, Pablo Salazar,
el candidato de la oposición que ganó
las recientes elecciones para gobernador
de Chiapas. De tal manera que el discurso
del subcomandante y de los zapatistas
tiene que adaptarse a una nueva realidad.
Una señal se flexibilidad de los
zapatistas pudiera abrir la primera
posibilidad real de paz en Chiapas desde
que los guerrilleros se alzaron el
primero de enero de 1994.
Ahora bien. Si los zapatistas accedieran
a un nuevo diálogo paz ¿estarían
dispuestos a entregar las armas para
convertirse en una fuerza política? De
nuevo, en la conversación que tuve hace
cuatro años con Marcos, le pregunté si
seguía "justificando la violencia
para alcanzar sus fines". A lo que
me contestó que "el movimiento
zapatista es sui generis en el sentido de
que es una guerra para hacerse
escuchar."
Pero mas allá de la retórica, Marcos
sabe que las armas tienen un límite.
"Nosotros no podemos engañarnos y
repetir el error histórico de que es
posible sostener un modelo económico,
social, político, con la fuerza de las
armas", me dijo. Hay "gente que
está de acuerdo con las causas del
alzamiento, pero no está de acuerdo con
el uso de estas armas".
Los zapatistas nos hicieron ver lo que
muchos no querían ver: Chiapas tiene los
más altos niveles de desnutrición,
analfabetismo y pobreza extrema de todo
México. La tercera parte de la
población, que es de origen indígena,
sufre constantemente del racismo y la
discriminación. Y el futuro educativo,
médico, laboral- de un chiapaneco es
mucho más negro e incierto que el de
cualquier otro mexicano.
Las armas en un nuevo México
democrático no son ser el mejor método
para cambiar las paupérrimas e injustas
condiciones de vida de los chiapanecos.
El camino, me parece, está primero en la
negociación de la paz y luego en la
incorporación del movimiento zapatista a
la incipiente vida democrática de
México. Si esto ocurriera los zapatistas
tendrían mucho que aportar, no solo al
desarrollo económico, social y cultural
de Chiapas, sino también al de otros
estados mexicanos que sufren rezagos
históricos similares.
Y esa posibilidad de que los zapatistas
se conviertan en un movimiento o partido
político- nunca ha sido descartada por
Marcos. Al final de nuestro encuentro en
el 96 le pregunté: "¿Y hasta
cuando se va a quitar la máscara?".
Su respuesta fué, más bien, una
propuesta: "Cuando podamos
transformarnos en una fuerza política
civil y pacífica, tanto las armas como
los pasamontañas van a tener que
desaparecer."
Eso es lo que siempre ha querido Marcos.
Y ahora que México es una verdadera
democracia representantiva, llegó el
momento de tomarle la palabra.
Posdata del no. No, no,
no por ahora, le dijeron el mandatario
norteamericano Bill Clinton y los
candidatos presidenciales, George W. Bush
y Al Gore, a la idea del presidente
electo de México, Vicente Fox, de abrir
la frontera entre ambos países. Era de
esperarse; a los estadounidenses les
aterra una reconquista mexicana. Pero la
idea de Fox es a largo plazo y va en la
dirección correcta. A menos que Estados
Unidos y México negocien algún tipo de
acuerdo migratorio continuarán las
muertes en la frontera, continuarán los
abusos a los inmigrantes mexicanos y,
sobre todo, continuará el imparable
flujo de indocumentados al norte. Abrir
la frontera suena hoy tan ideal como hace
unos años sonaba que la oposición
ganará la presidencia de México. Y ya
ven como son las cosas |
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