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MENEM, EL LIGERO
Por Jorge Ramos Avalos |
| 18 de Octubre
de 1999 |
Miami.
Carlos Menem, de Argentina, siempre me pareció un presidente light. Seguramente el
comentario es injusto. Hay muchas otras cosas por las que será recordado cuando deje el
poder el próximo mes de diciembre. Pero ahora que estamos a punto de saber quién lo va a
reemplazar hay elecciones presidenciales éste domingo 24 de octubre- vale la pena
dar marcha atrás y echarle un vistazo al legado de Menem.
Primero lo ligero.
Lo conocí en la primera cumbre Iberoamericana, en Guadalajara, en julio del 91. Me lo
encontré tranquilo, a gusto, en su suite del hotel Camino Real. Me saludó muy formal.
Casi ni me vió. En cambio, revisó rápidamente -de arriba a abajo y sin ningún pudor- a
la corresponsal que me acompañaba. Le tomó la mano derecha, la jaló suavemente hacia
sí y luego la besó en el cachete. Pero fue un beso sin prisa, bien puesto, cerca de la
boca. Sobra decir que mi amiga se quedó en shock por el recibimiento. Sobra decir
también que ella lo entrevistó primero y luego, mucho después, me tocó a mí.
La segunda entrevista la tuvimos en mayo del 95, en Buenos Aires, unos días antes de su
reelección. Habíamos muchos periodistas esperándolo en un estudio de televisión,
mientras terminaba su participación en el conocido programa de Mirta Legrand. Conseguir
una entrevista exclusiva en esas circunstancias parecía poco menos que imposible. Pero
uno de sus asesores, a quien conocía de otras coberturas noticiosas, me dió la clave:
"Acércate al presidente junto con la productora de televisión que te
acompaña". Menem picó el anzuelo y conseguí la entrevista (después, claro, que el
presidente le plantara un soberano besote a la productora). En ambas ocasiones, Menem iba
vestido de manera impecable: saco cruzado, corbata y pañuelo de seda, camisa a la medida,
zapatos sin un rasguño.
Cuando regresé a Buenos Aires en octubre del 97 con motivo de la visita del
presidente norteamericano Bill Clinton a América Latina- me topé con una de las
maquillistas encargadas de cuidar la cara de Carlos Menem durante sus apariciones
televisivas. Ya que lo conocía bien, aproveché para preguntarle sobre la aparente
frivolidad que Menem destilaba por cada poro. "Todo en Menem es estético", me
dijo. "El escoge diariamente sus trajes, camisas y corbatas. Además, le gusta
arreglarle la corbata a quien la trae un poquito fuera de lugar".
Estos son, desde luego, trazos muy incompletos de alguien que se sostuvo a capa y espada
durante diez años en el poder en Argentina. Sólo por el aguante, es todo un mérito.
Ahora lo pesado.
Carlos Menem fue el primer presidente latinoamericano en ésta década que se atrevió
públicamente y en su cara a criticar a Fidel Castro. Lo hizo en Guadalajara. Llamó al
comunismo "una pieza de museo" y denunció la falta de libertad y democracia en
la isla. Así que, fuera de Argentina, Menem quizás será recordado por su oposición
abierta al castrismo, por tratar -sin éxito- de resolver el problema de las Malvinas y
por el estoicismo con que enfrentó la muerte de su hijo.
Dentro de Argentina, las cosas son muy distintas. Menem dejará huella por su plan de
convertibilidad en la que ligó al peso argentino con el dólar norteamericano. Plan que,
dicho sea de paso, ninguno de los dos principales aspirantes a la presidencia quieren
tocar. Menem, también, prácticamente acabó con la inflación; en 1989 era del 3 mil por
ciento por año y ahora no pasa de un uno por ciento. Asimismo, el programa de
privatizaciones de Menem a principios de la década fue uno de los mas ambiciosos de
América Latina.
A pesar de lo anterior, lo que los argentinos nunca le perdonaron a Menem fue el quedarse
sin trabajo. Las promesas de la campaña menemita se esfumaron. El desempleo se duplicó
desde que tomó posesión: actualmente se calcula que 15 de cada 100 argentinos en edad de
trabajar no encuentran empleo. A esto hay que añadir el factor pobreza.
Los críticos de Menem, apoyados en varios estudios, aseguran que ahora hay mas pobres en
Argentina que cuando él inició su mandato. Los ingresos y beneficios de las
privatizaciones, aseguran, se concentraron en unos pocos. Menem dice que eso no es cierto
(aunque las cifras no parecen estar de su lado). La falta de empleos y la desigual
distribución de la riqueza tumbaron a Menem en las encuestas.
El patilludo exgobernador de la Rioja comenzó en la Casa Rosada con una enorme
popularidad: seis de cada diez argentinos lo apoyaban. Ahora, sólo uno de cada diez está
de su lado. En realidad, siempre pensé que a Menem le sobraron cinco años en el poder.
Con un sólo período presidencial hubiera dejado su marca. En el segundo término, el
poder lo desgastó. Y por eso se va con varias cuentas pendientes; algunos de sus
principales colaboradores han sido acusados de corrupción. A ver si no le pasa a Menem lo
que al expresidente de México, Carlos Salinas de Gortari, que cayó en desgracia cuando
los mexicanos se dieron cuenta que durante su gobierno varios funcionarios públicos,
incluyendo su hermano, se hicieron multimillonarios.
Aquí está, pues, un miniretrato del Menem que se va. Quizás la historia lo juzgue como
un líder con mas sustancia de la que supimos apreciar. Pero aun así, yo no podré
olvidar al bajito bien vestido que conocí en Guadalajara, peinado con gomina y con
sonrisa de galán de telenovela
a Menem, el ligero.
La primera impresión fue la imborrable. |
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