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MEXICO:
FIN DE UNA ERA
Por Jorge Ramos Avalos
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| 20 de
Noviembre del 2000 |
| Por fin. Por primera vez en 71 años los mexicanos tendrán a un
presidente que no es del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Pero el legado del
PRI es funesto, criminal, y se necesitarán varios años para corregir sus errores y
abusos.
Desde luego, el partido que ahora
conocemos como el PRI surgió ante la necesidad de romper el ciclo de violencia que
caracterizó la época posrevolucionaria. México, no hay duda, vivió varias décadas de
estabilidad con el PRI. Pero el precio fue altísimo.
A cambio de estabilidad, casi todo lo demás fue
sacrificado: la democracia, la justicia social, el respeto por las leyes. La herencia del
PRI son muchos pobres, un puñado de multimillonarios, fraudes, mentiras, asesinatos y un
sistema de gobierno marcado por el abuso y la impunidad.
Vamos por partes.
Tras siete décadas en el poder el PRI deja por lo
menos 60 millones de pobres. Los gobiernos priístas crearon, casi siempre, más pobres
que el régimen anterior. Ese es su gran logro. La pobreza: esa es la herencia más
significativa del PRI.
Pero aún hay más. México tiene una de las
peores distribuciones de ingreso del mundo. El diez por ciento más rico acapara
aproximadamente el 40 por ciento de los ingresos. De tal manera que durante siete décadas
la riqueza continuó concentrándose en las manos de unos pocos. El PRI, como si fuera
poco, fue una mágica maquinita que transformaba a funcionarios públicos en
multimillonarios.
De forma totalmente inexplicable miles de
funcionarios con salarios de sobrevivencia se convertían en ricos potentados al final de
los sexenios. E incluso todos nuestros expresidentes tienen un nivel de vida muy superior
del que sugerían sus modestos salarios de servidores públicos. ¿Cómo le hicieron?
¿Con qué se compraron esas casotas en El Pedregal? ¿De dónde sacaron el dinero?
¿Hacían sus negocitos aprovechando su puesto en Los Pinos? Los mexicanos nos merecemos
una explicación. Después de todo, es nuestro dinero. La concentración del poder
económico en muy pocas manos: esa es la herencia más vergonzosa del PRI.
Aquí no para la cosa. Durante los regímenes
priístas reinó la impunidad. La justicia del PRI no fué ciega; siempre tuvo un ojo
abierto para proteger sus intereses. Podemos hablar de muchísimos casos que quedaron
impunes, pero basta mencionar tres: los cientos de estudiantes masacrados por el ejército
mexicano en la Plaza de Tlatelolco en 1968; los más de 500 opositores perredistas que
perecieron durante el gobierno de Salinas de Gortari; y el asesinato el 23 de marzo de
1994 del excandidato priísta Luis Donaldo Colosio cuyos autores intelectuales no han
sido, ni siquiera, identificados. Esos crímenes nunca fueron resueltos y probablemente
nunca lo serán. La impunidad: esa es la herencia que dejan los priístas respecto a la
impartición de la justicia en México.
Por fin se van los priístas de la presidencia y
llega la democracia representativa a México. Siempre pensé que México no sería un
país verdaderamente democrático hasta que la alternancia de los partidos políticos
llegara a la presidencia. Y la alternancia llegó con Vicente Fox del Partido Acción
Nacional (PAN).
No es mi intención agüarle la fiesta de
despedida a Ernesto Zedillo, pero no creo que se merezca el título del presidente de la
democracia. El crédito de la democracia en México se lo merecen los opositores del PRI
que durante décadas lucharon -e incluso murieron- para arrancarle a los priístas el
control sobre el conteo de votos, el Distrito Federal, las gubernaturas, el congreso y la
presidencia. A Zedillo no le quedó más remedio que reconocer el triunfo de la oposición
en las elecciones del pasado dos de julio. Ese fué su único mérito.
Zedillo no siempre actuó como un demócrata
convencido. Hay que hacer memoria. Aceptó, sin quejas, su antidemocrática designación
en 1994 como candidato del PRI a la presidencia de manos de Carlos Salinas de Gortari y
durante su carrera de servidor público nunca se destacó por criticar con fuerza el
modelo a través del cual los presidentes escogían a su sucesor. ¿En qué momento le
salió lo demócrata a Zedillo?
Zedillo se va con un record más agrio que dulce;
México apenas se recupera económicamente del ya famoso error de diciembre de 1994 -culpa
compartida, no hay duda, de él y de Salinas. Y debido a los oscuros manejos del Fobaproa,
la deuda pública de México superó los 200 mil millones de dólares. Esto es como decir
que cada uno de los 100 millones de mexicanos -niños incluídos- debe dos mil dólares
por los malos manejos de sus presidentes, hasta ahora, todos priístas.
Además queda pendiente el tema de la guerrilla en
Chiapas, que fue enfrentado durante éste sexenio como el avestruz; o sea, escondiendo la
cabeza y tratando de ignorarlo para ver si desaparecía. Por supuesto, no desapareció.
Chiapas refleja todo un estilo de gobernar: Zedillo llegó a la presidencia sin querer
-tras la muerte de Colosio- y la deja con la misma tibieza.
Durante su campaña electoral, Zedillo pidió que
le hablaran con "la neta". Pero él no siempre lo hizo así. A mí -en una
entrevista realizada en Los Pinos en octubre del 96- me negó haberse reunido con Salinas
de Gortari el viernes tres de marzo de 1995 en una casa de Tecamachalco. "Es
absolutamente falso", me aseguró Zedillo. Sin embargo, la reunión sí se realizó
(de acuerdo con varias fuentes y declaraciones del propio Salinas).
Entonces, si Zedillo no nos dijo la verdad sobre
esa reunión ¿podría habernos mentido también sobre otras cosas? Es pregunta.
¿Sabemos, por ejemplo, todo lo que hay que saber sobre quiénes y por qué fueron
favorecidos con los dineros del Fobaproa? Zedillo es el punto final de una era marcada por
las mentiras y los abusos del PRI.
Se van. Sí. Pero los priístas no deben dormir
tranquilos. En inglés existe una bella palabra que no tiene una traducción precisa al
español: accountability. Y eso falta en México. Ya llegará la hora de llamar a
los priístas a responder por sus acciones y abusos.
Ahora viene el cambio. Pero ¡cuidado! El gobierno
de Fox no podrá resolver en sólo seis años el enredo que hereda del PRI. Y por ésto,
inevitablemente, va a desilusionar. Las expectativas puestas en Fox son tantas que va a
dejar a mucha gente descontenta. Es imposible, por ejemplo, que de un trancazo saqué de
la pobreza a seis de cada 10 mexicanos, ponga tras las rejas a los autores intelectuales
del asesinato de Colosio y destape a los que usaron los millones del Fobaproa como cuenta
personal.
Pero es una nueva época que comienza con muchas
esperanzas. Por dos razones. Primero, porque Fox sí es un presidente elegido
legítimamente; no fué empujado desde lo alto como sus predecesores priístas. Y segundo,
porque la apuesta es que le ponga un alto a las siete décadas de abusos de poder del PRI.
A
ver cuánto dura la luna de miel. Por ahora, en éste ratito, las cosas huelen bien. |
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