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CALIFORNIA
ES EL FUTURO
Por Jorge Ramos Avalos |
| 8
de Noviembre de 1999 |
Los
Angeles. Me encanta venir a ésta ciudad porque es como
meterse en una máquina del tiempo...hacia el futuro. Para
imaginarse el mañana no es necesario leer una bolita mágica
ni la "Tercera Ola" de Alvin Toffler. Basta con
echarle una ojeada a las calles de California.
California se reinventa todos los días. Y como va California
va el resto de los Estados Unidos. California es, posiblemente,
el estado mas dinámico del país. Las nuevas ideas no asustan
a los californianos. Son parte de su cultura. Y es aquí,
también, dónde podemos encontrar un retrato de cómo se
verán los Estados Unidos el próximo milenio.
California se acaba de convertir en el primer estado
norteamericano donde los blancos (no hispanos) ya no son
mayoría. Es decir, California es hoy en día un estado lleno
de minorías. Y esto tiene enormes repercusiones,
particularmente por la manera en que grupos tan distintos –blancos,
negros, latinos y asiáticos- van a tener que convivir y
compartir el poder.
Vamos a los números. De acuerdo con la Oficina del Censo de
los Estados Unidos actualmente en California no hay ninguna
raza o grupo étnico que sea mayoritario. Los blancos no
alcanzan el 50 por ciento de la población, los hispanos
constituyen el 31 por ciento, los asiáticos el 12 y los
negros o afroamericanos un siete por ciento. Estos son, desde
luego, cálculos. Pero en verdad no hay mucho desacuerdo. El
propio gobierno del estado de California, a través de su
Departamento de Finanzas, considera que éstos porcentajes en
la población se van a alcanzar para el verano del 2000.
El cambio es dramático. En 1970 ocho de cada 10 californianos
eran blancos. Hoy son otra minoría mas. Y conforme disminuye
el número de blancos aumenta el de hispanos. No es de
extrañar, pues, que los blancos se estén quejando tanto y
que de vez en cuando den sus patadas de ahogado con leyes y
críticas injustas a la población latina. Por ejemplo, si
hubiera entrado en efecto la fatídica proposición 187 -aprobada
por los votantes pero rechazada en las cortes por
inconstitucional- miles (o quizás millones) de inmigrantes no
tendrían acceso a servicios médicos y sus hijos no podrían
ir a escuelas públicas.
El cambio que está viviendo California tiene dos razones
fundamentales: una, la constante migración internacional que
proviene del sur de la frontera; y dos, que las familias
hispanas tienden a tener mas hijos que los otros grupos
étnicos. A algunos blancos y negros y asiáticos puede no
gustarles ésta situación, pero no hay nada que puedan hacer
al respecto. Sólo adaptarse y aprender a convivir. (Bueno,
para algunos ésta no era una opción atractiva y se fueron a
otros estados, particularmente durante la recesión a
principios de los 90).
Desde luego, es mas fácil promover la tolerancia –de boca
para afuera- que vivirla. La violencia y las tensiones
étnicas son cosas de todos los días. Basta mencionar los
sangrientos conflictos entre pandillas. También es difícil
que pase un día sin escuchar que alguien está denunciando un
caso de discriminación. Se oye de todo: de blancos
discriminando a hispanos, afroamericanos y asiáticos, pero no
faltan los casos de blancos que se sienten echados a un lado.
Recuerdo el caso de un supervisor blanco que quería sancionar
a sus empleados sólo porque hablaban español entre ellos.
A pesar de lo anterior, la violencia no es la constante aquí.
California es un experimento en marcha y las tensiones surgen
por las diferencias y contrastes. Hay mas mexicanos que en
cualquier otro lugar fuera de la ciudad de México. Hay mas
salvadoreños que en cualquier otro lugar fuera de San
Salvador. Hay mas guatemaltecos que en cualquier otro lugar
fuera de ciudad de Guatemala. Esto mismo se podría decir de
muchos grupos mas.
A veces, en menos de dos minutos manejando, puedo pasar frente
a una taquería, seguida por un restaurante coreano, otro de
pollos y un lugar de sushi, para luego sentir como se cuela
por las ventanas el inequívoco olor de unas hamburguesas en
la parrilla. Los Angeles huele al mundo. Es la sociedad
multicultural por excelencia. Tiene, sí, todas las mezclas
latinoamericanas que gozan ciudades como Miami, Chicago y San
Antonio, pero con la ventaja de tener una enorme influencia
asiática por obvias razones geográficas; es el primer punto
de entrada de inmigrantes provenientes de Japón, Tailandia,
Corea del Sur, China, Taiwán, etc.
El tejido social de California es multicolor. Desde lejos se
ve hermoso. Pero de cerca el reto consiste en evitar que se
atoren los hilos y que predomine un color sobre otro. En una
breve conversación antes de su muerte, el poeta y escritor
mexicano Octavio Paz me comentaba que "Estados Unidos es
un país multirracial y un país multicultural" y que ese
es, precisamente, "el gran reto histórico de los Estados
Unidos". De acuerdo con su argumento, la idea del melting
pot -en la que todos los grupos étnicos acabarían por
asimilarse- fracasó porque excluyo a minorías, como la negra
y mexicana.
Hoy, mas que hablar de los Estados Unidos como una sociedad
parecida a una sopa gigantesca (sin diferencias muy claras
entre sus elementos), la tendencia es comparar a la nación
con una ensalada en la que cada uno de los grupos mantiene sus
características, a pesar de compartir el mismo espacio. Hace
poco tuve la oportunidad de visitar una escuela primaria y me
llamó la atención que en el pizarrón había una enorme
ensalada. La clase era de ciencias sociales y el nombre de la
ensalada: Estados Unidos.
Los niños estadounidenses ya lo están entendiendo –porque
lo viven todos los días en los salones de clase- pero muchos
adultos norteamericanos no acaban de comprender que su país
está dejando de ser blanco. No entienden que si se vieran al
espejo con detenimiento y sin prejuicios, encontrarían rasgos
de mestizaje, no de pureza étnica.
En otras palabras, ser norteamericano es ser multicultural,
multiétnico, multirracial. California es el futuro de los
Estados Unidos. En el próximo siglo, Estados Unidos será una
nación de minorías, será como hoy es California. Y para
irse acostumbrado al futuro, basta caminar por un ratito -con
mente, narices y ojos bien abiertos- por cualquiera de las
calles de ésta ciudad. |
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