Artículo aparecido en Reforma.com

23 de Julio del 2000

Entrevista con el Periodista Jorge Ramos
Señala que deben seguir las preguntas incómodas.
Por EMMANUEL NOYOLA/ Reforma
Cd de México, México. -El periodista mexicano Jorge Ramos Ávalos expresa fascinación ante la posibilidad de regresar al país para ejercer su oficio o bien trabajar en alguna institución que promueva el cambio y contribuir así al proceso de maduración democrática del país, luego de 17 años de exilio voluntario a raíz de la censura a su trabajo reporteril.

Director titular del Noticiero Univisión, radicado en Miami y autor de Detrás de la máscara y Lo que vi. Experiencias de un periodista alrededor del mundo, Ramos acaba de publicar La otra cara de América. Historias de los inmigrantes latinoamericanos que están cambiando a Estados Unidos, su tercera apuesta editorial.

Su hartazgo de la política mexicana lo llevó a convertirse en inmigrante, pero también lo obligó a estudiar la problemática de quienes «nacieron en un lugar distinto a donde están viviendo» y para quienes «la llamada tarde o temprano llega», el telefonazo «que todos tememos», pues del otro lado del auricular «hay casi siempre una enfermedad o un accidente».

«Yo soy uno de ellos, soy un emigrante y no quise ser emigrante. Me obligaron a ser emigrante. Me hubiera encantado no tener que irme de mi país», dice quien conoce a fondo las condiciones de 18 millones de connacionales que fueron a buscar en la Unión Americana las oportunidades no halladas en su propio país. En entrevista, Ramos insiste en que debe haber una amnistía para 6 millones de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos, así como un tratado migratorio con México que acabe por fin con persecuciones y violaciones a derechos humanos.

Asimismo, habla del papel que desempeñó el periodismo en la transición democrática y la contribución de los connacionales que siempre denunciaron desde el exilio obligado, privados injustificadamente del derecho a votar, lo que estaba mal en México.

-El ambiente periodístico en México me asfixiaba-¿Cómo resume su propia historia como inmigrante?

-Me fui de México a los 25 años. Desafortunadamente mi país en ese entonces no me daba las oportunidades que encontré en Estados Unidos. Me fui porque me censuraron. Trabajaba para un programa en Televisa, 60 Minutos. Decidieron que el guión que les estaba presentando y los entrevistados, Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska, eran demasiado críticos al sistema. Me pidieron que rehiciera mi guión, me negué a hacerlo y luego renuncié a la empresa.

Quisiera enfatizar que en toda la prensa mexicana se censuraba. Lo que estaba haciendo Televisa era exactamente lo que hacían todos los otros medios: proteger al sistema. Me di cuenta de que si de verdad quería ser periodista me tenía que ir a otro lado, no nada más para evitar la censura, sino porque como joven periodista tenía muchos ideales. Quería que el periodismo fuera mi trampolín al mundo. Y era clarísimo que en México eso no iba a ocurrir. Y me fui. Ya en Estados Unidos fui mesero, porque tuve que empezar desde abajo. Trabajé en una casa de cambio y tuve mi primera oportunidad periodística en Los Ángeles, en una estación de televisión.

-No lo pensó dos veces…

-Ningún periodista debe dejarse censurar jamás. Si me dejo censurar y la gente sabe que me dejé censurar, dejo de valer como periodista y la gente deja de creer en mí. Claro que la decisión fue muy rápida. No me dejé censurar y en parte por eso me fui. Y también porque económicamente México jamás me hubiera permitido viajar al mundo como lo he podido hacer desde Estados Unidos.

El ambiente periodístico en México me asfixiaba. Era muy cerrado. Era totalmente pro-gobierno, era pro-PRI y yo no iba a ser un periodista que saliera a defender ni al PRI ni al gobierno.

Estaba harto del PRI, harto del gobierno, de vivir en un país que no le daba oportunidades a sus jóvenes, donde los políticos se hacían multimillonarios y donde cada vez había más pobres. Tengo mucho resentimiento en contra de todos los gobiernos priistas, que nos obligaron a 18 millones de mexicanos a irnos de aquí. Estoy lleno de resentimientos y de odios contra esa gente.

Tenía dos opciones. En mi familia ambas están reflejadas. Tenía la opción de mandar todo a volar, de rechazar al sistema autoritario y probar suerte en Estados Unidos. Y ésa fue mi elección. O pude haber seguido el camino de mi hermana Lourdes, que sale en el programa Primero Noticias. Lourdes creyó en su país, creyó que ella podía ayudar a cambiar el sistema desde dentro. Creyó que podía hacer un periodismo cada vez más agresivo y honesto desde dentro y ahora, con el cambio en el sistema, está claro que ella tuvo razón. Ella siempre me decía: «México está cambiando y tú no te estás dando cuenta de eso». Y al final tuvo razón: el 2 de julio del año 2000 me demostró que efectivamente México sí cambiaba.

Prioritarios, amnistía y tratado migratorio

-¿Qué posibilidades existen de que la influencia latina, ya notable en la cultura y la sociedad, se refleje en la política estadounidense cada vez más?

-Somos 35 millones de hispanos en EU, la mayoría mexicanos, y no tenemos ni un solo senador ni un solo gobernador hispano. El camino que nos falta por andar es enorme, pero se está dando poco a poco y a nivel local. Hay 10 millones de personas con problemas migratorios que no tienen residencia legal ni derecho a voto. Mientras los hispanos como bloque no podamos votar por otros políticos que nos representen, vamos a seguir siendo discriminados, golpeados, torturados y nos vamos a seguir ahogando en el Río Bravo.

-¿Qué futuro espera a los inmigrantes con Albert Gore o con George W. Bush?

-Tradicionalmente los gobiernos republicanos son más represivos con los inmigrantes. Es decir, si Bush llegara a la Presidencia, la historia nos indica que pudiera ser mucho más duro él y su gobierno contra los inmigrantes…

-Escribe que se ha mostrado más comprensivo George W. Bush…

-A eso voy. Entrevisté a los dos candidatos y me parece que, por ser gobernador de Texas, Bush sería un Presidente más comprensivo con los inmigrantes. Sin embargo, ni Gore ni Bush se quieren comprometer a una amnistía migratoria para 6 millones de indocumentados. Y esto es básico. Si no les dan una amnistía, estos 6 millones van a seguir viviendo perseguidos, golpeados y en la oscuridad. Ninguno de los dos gobiernos promete ser muy generoso con los inmigrantes. No apostaría por ninguno de los dos todavía.

-¿Qué opina del tratamiento que suelen dar los medios mexicanos a los casos de persecución de
inmigrantes?

-Me parece muy loable que los medios mexicanos de comunicación se empiecen a preocupar por los problemas de los indocumentados. Por mucho tiempo nos han tenido olvidados. Sin embargo, se quedan en la denuncia, sin todavía atreverse a apuntar a los responsables. Y los responsables de que uno de cada seis mexicanos esté en Estados Unidos son 71 años de gobiernos priistas.

-Estados Unidos ha sido siempre cómplice de estos gobiernos…

-México y Estados Unidos hicieron un pacto no hablado. Estados Unidos no se metía con el petróleo mexicano y México no se metía con los indocumentados. Pero este pacto ya se rompió. Hace unos meses vino Bill Richardson, el secretario de Energía norteamericano, a pedirle al gobierno mexicano que aumentara su producción de petróleo para que le baje el precio de la gasolina a los norteamericanos. Al romperse ese pacto, ahora le toca al gobierno mexicano exigir un mejor trato a los indocumentados y exigir algún tipo de tratado migratorio para que no siga habiendo violaciones constantes a los derechos humanos.

-Escribe que México dejó pasar la oportunidad de exigir eso, porque durante los tiempos electorales nadie quería tocar el punto…

-Sí, y el presidente Zedillo, desafortunadamente, no se atrevió a exigir una amnistía migratoria y tampoco se atrevió a extender el Tratado de Libre Comercio a temas migratorios. El TLC no es suficiente. Necesitamos un tratado migratorio con Estados Unidos que permita que trabajadores mexicanos puedan ejercer sus empleos allá. Me molesta muchísimo la política del avestruz de los gobiernos mexicanos, que creen que al no hablar del problema éste se va a resolver. Lo que ha ocurrido entre México y Estados Unidos es como un matrimonio que tiene un problema muy serio pero que no quieren hablar de él. Zedillo y todos los otros gobiernos priistas equivocadamente han tratado de omitir el tema. Ojalá el presidente Fox cambie la actitud y se meta de lleno al asunto.

-En México solemos condenar las políticas xenófobas de Estados Unidos, pero parece no haber la misma autocrítica respecto a la actitud de los mexicanos frente a los migrantes centroamericanos.

-Durante décadas los gobiernos mexicanos han actuado con muchísima hipocresía. Los gobiernos priistas critican dientes afuera cómo tratan a los mexicanos en Estados Unidos -sin hacer nada realmente-, pero al mismo tiempo tratan con una brutalidad sorprendente a los inmigrantes centroamericanos que cruzan por México para llegar a Estados Unidos. En mi libro menciono muchos casos donde los centroamericanos hablan de que lo peor de su travesía es cruzar por México. Los centroamericanos y sudamericanos le temen mucho más a la policía mexicana por sus abusos y por su corrupción, que a la patrulla fronteriza estadounidense.

-¿Cuál es la gran acción que deben llevar a cabo conjuntamente los gobiernos de ambas naciones para resolver el problema?

-Primero, amnistía a los 6 millones de migrantes indocumentados en Estados Unidos. Y segundo, es urgente un tratado migratorio entre ambos países. Éste es un problema que no se va a resolver ni con policías ni con bardas ni con hoyos ni con ríos. El problema de la migración indocumentada es un problema de oferta y demanda. En México sobran trabajadores y en Estados Unidos faltan. Es necesario un tratado entre los dos países que reconozca que éste es un problema económico, no un problema político.

Si México no logra crear este millón 350 mil empleos que ha prometido Fox, seguirá habiendo emigración hacia Estados Unidos. Es una verdadera vergüenza este exilio, este éxodo mexicano. Uno de cada seis mexicanos han decidido que su país no les puede dar las oportunidades que ellos necesitan. Hablar de 18 millones de mexicanos en el extranjero es como hablar de otro país totalmente. Y es una tristeza que los mexicanos no hayan podido confiar en su propio país.

Visiones erróneas sobre los inmigrantes

-¿Por qué Estados Unidos y México no logran ponerse de acuerdo sobre cómo resolver la problemática derivada de la migración ilegal?

-Porque México y Estados Unidos tienen una visión muy distinta de los migrantes. Según las encuestas, la mayoría de los norteamericanos cree que son una carga para su sociedad. Y están totalmente equivocados. Lo primero que pudiera hacer el nuevo gobierno mexicano es dar la información de todas las aportaciones de los mexicanos en Estados Unidos. La Academia de Ciencias (National Academy of Sciences) ha demostrado que todos los inmigrantes, mexicanos y no mexicanos, contribuyen cada año en 10 mil millones de dólares a la economía de Estados Unidos.

México ha tratado a los migrantes como si se tratara de traidores y los gobiernos priistas están absolutamente equivocados en esto. Cada año los 18 millones de mexicanos en Estados Unidos enviamos 8 mil millones de dólares en remesas. Nuestros envíos constituyen la tercera fuente más grande de divisas extranjeras aquí y cada mexicano en Estados Unidos ayuda a mantener varias familias en México. Los migrantes han sido utilizados como chivos expiatorios tanto por México, por los gobiernos priistas, como por los gobiernos norteamericanos. Ya es momento de que dejemos de ver al migrante con prejuicio y veamos lo que realmente es: un ser humano con enormes aportaciones a nivel económico, político y cultural.

En Estados Unidos existe la idea errónea de que los inmigrantes le quitan trabajo a los norteamericanos, que utilizan sus servicios sociales sin contribuir en nada, que no pagan impuestos -y los pagan cada vez que compran algo incluso en el supermercado-. Cuando Estados Unidos, el pueblo en general, se dé cuenta de todas las contribuciones de los inmigrantes, se dará cuenta de que son un negociazo, pero falta mucha información. Espero que el libro ayude a crear esta conciencia de que los inmigrantes no son una carga sino una enorme contribución.

-Sorprende que en un país donde hay tal profusión informativa la gente y quienes gobiernan no se den cuenta…

-Políticamente es muy costoso para los líderes norteamericanos apoyar a los inmigrantes porque inmediatamente los acusan de preocuparse más por los extranjeros. Se podría decir que cualquier político que se atreva a proponer una amnistía perdería las próximas elecciones del 2 de noviembre.

Hay mucha presión social hacia los políticos para no reconocer todas las aportaciones de los indocumentados.

Me encantaría regresar a México

-Con la democracia en México, ¿se avizoran tiempos de apertura informativa?

-La democracia que estamos viviendo ahora es producto en parte de la labor de los medios informativos. Quisiera darles crédito no nada más a los mexicanos que votaron por la oposición, sino a todos los periodistas que se atrevieron a hacer las preguntas incómodas, a publicar informes controversiales. Y el crédito va más para los periodistas de radio y prensa escrita que para los de la televisión. Los periodistas de la televisión en México siempre han ido un paso atrás. Todavía el sistema de concesiones atemoriza a algunas empresas.

-¿Es previsible que el cambio de régimen traiga consigo mayor libertad de expresión?

-Absolutamente. Cuando un país vive finalmente la democracia, me atrevería a jugar con la idea de que pudiera darse una explosión informativa, equivalente al destape que se vivió en España después de que cayó Franco. Las experiencias que hemos visto después de las caídas de todas las dictaduras, de la desintegración de la Unión Soviética, muestran que los pocos controles que existían en los medios desaparecen, y entonces quizá nos vamos al otro extremo, donde hay excesiva oferta informativa y muchos abusos informativos. Pero prefiero que haya de más en la información a que nos falte, como ha ocurrido hasta el momento.

-¿Le atrae la posibilidad de volver a trabajar en México?

-¡Uy! Me encantaría, me encantaría poder regresar a trabajar en México, o como periodista, o en el gobierno, o en cualquier institución que promueva el cambio. La idea me fascina, me encanta jugar con la posibilidad de regresar a un México democrático. Los periodistas y los mexicanos que estamos en el exterior también contribuimos a este cambio, en el sentido de que continuamente denunciamos las cosas que estaban mal en México. También nos sentimos responsables de que haya llegado la democracia.

-¿Cuáles son los retos que enfrenta ahora el periodismo mexicano en este nuevo escenario político?

-Así como ha madurado la democracia, los periodistas estamos obligados a continuar en este proceso de maduración. Y los verdaderos retos están en no perder de vista que la democracia es una labor constante, no una meta que se alcanza y se tiene asegurada por toda la vida. Tengo mucho miedo de bandazos priistas, de violencia, de políticos y sectores que, incómodos con el nuevo gobierno, hagan hasta lo imposible para recuperar el poder. El verdadero reto es continuar con los ojos muy abiertos, primero, y continuar en esta tarea de expansión, de acabar con la censura y evitar los excesos, los extremos.

-En su reciente entrevista con Vicente Fox, a manera de posdata, concluye: «Con la derrota del PRI quedó cumplida una misión autoimpuesta desde que comencé en esto del periodismo a principios de los ochenta: nunca dejar de hacer las preguntas incómodas a los gobernantes mexicanos hasta que la verdadera democracia representativa, con alternancia, llegara hasta la Presidencia de México». En este nuevo escenario, ¿cuál debe ser la actitud del periodista? ¿Seguirán las preguntas incómodas?

-Deben seguir las preguntas incómodas. Pero tengo que reconocer que el gobierno de Fox me regaló seis años, porque si no hubiera estado obligado a seguirle preguntando a los presidentes, aunque no les guste, sobre los abusos de su partido y la falta de democracia en México. El último incidente fue con el presidente Ernesto Zedillo, que le pregunté sobre la falta de democracia en México y no me quiso contestar. Entonces Fox me está evitando seis años de tortura periodística.

Pero eso no quiere decir que las preguntas incómodas van a detenerse. La mejor posición del periodista, para no equivocarse, es siempre estar en la oposición, es siempre ser crítico, es siempre ver las cosas dos y tres veces. Agradezco que ya no voy a tener que andar correteando presidentes priistas, pero, a menos que cambie de profesión, ahora me tocará andar correteando a un Presidente panista y otro tipo de partidos.

El simple hecho de tener caras nuevas, de romper el círculo vicioso de 71 años en que los presupuestos se utilizaban como cuentas personales y donde los amigos y los compadres conseguían los puestos y no las personas más capacitadas, el simple hecho de comprometerse con el cambio para mí ya es más que suficiente. Hay muchas caras que espero no volver a ver en mi vida en el gobierno.

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