Artículo aparecido en Revista Clara de México sobre «La Otra Cara de América»

Octubre del 2000

Mujeres inmigrantes
Por Juan Manuel Robles
De abandonadas a impetuosas trabajadoras
Del tema que investiga Jorge Ramos emanan historias impactantes y reveladoras de mujeres de la frontera. Éstas forman parte importante de su más reciente libro La Otra Cara de América, un texto en el que el autor demuestra su dominio sobre el tema y manifiesta vasto oficio periodístico.

No hay duda de que una de las profesiones más apasionantes es la de periodista; serlo, en el más estricto sentido de la palabra, es vocación, valentía, apasionamiento y autenticidad. No se puede ser periodista sin estas cualidades simplemente porque sin ellas no es posible retratar la realidad e informar con veracidad.
Jorge Ramos es uno de estos periodistas que además, ha trascendido en el difícil mundo de la Unión Americana. Es mexicano y conductor del noticiario más importante de la cadena Univisión.

Hombre que goza del reconocimiento social y profesional por su labor periodística absolutamente imparcial, valiente, tenaz e incisiva, que viene ejerciendo desde hace casi 20 años. Asimismo, se le reconoce por la huella que deja su obra testimonial, llena de observaciones y descripciones precisas, de las que nos nutrimos quienes nos dedicamos a esta profesión.

Jorge es autor de La Otra Cara de América, libro en pro de los inmigrantes. Está lleno de historias y anécdotas de dolor y algunas que otras felices. El texto te lleva a conocer la forma de vida de esta gente, quienes dejan familia, casa, amigos, raíces, la vida misma. Por esa manera tan sabrosa de redactar que tiene Jorge, el libro te va adentrando en el mundo de quienes dejan todo por buscar una mejor forma de vida, y cuya historia debemos conocer porque somos latinoamericanos.

Nuestro colaborador Juan Manuel Robles tuvo una interesante conversación con Jorge Ramos, cuya estructura y contenido conforman este reportaje.

Perla Carreto

Historias de latinoamericanos que están cambiando a Norteamérica
La Otra Cara de América son historias de inmigrantes latinoamericanos que luchan, de manera siempre difícil y a veces cruel y dolorosa, por lograr el tan anhelado sueño americano. «Le estoy dando voz a quienes no la tienen. Es un libro que recoge el espíritu de supervivencia que todo ser humano posee en condiciones extremas. Gente que de repente se queda sin país ni familia con tal de buscar y encontrar una vida mejor.

«No es un trabajo ni una investigación histórica de los inmigrantes. Escribo con el fin de reflejarlos, pero al hacerlo no pretendo la profundización, porque eso requeriría de toda una vida. De ahí que sólo retomé las historias de los latinoamericanos que se han cruzado por mi camino», afirma el autor.

¿Por qué «la otra cara de América»?

«Porque congrego muchos aspectos que desconoce la gran mayoría de los estadounidenses, los extranjeros y los propios mexicanos, incluso. Yo formo parte de esos 10 millones de mexicanos que optaron por la salida como el mejor camino para escapar de esa realidad que no da oportunidades, pero ahoga en su corrupción y desigualdad», dice Jorge.

El precio de la gloria
La frontera norte de México se ha constituido en el paraíso terrenal que todas quieren, pero no pueden alcanzar. Es una tentación vivir en el vecino país estadounidense. Ese lugar, durante un tiempo, fue exclusivamente de tránsito masculino: el hombre, obligado por las circunstancias económicas desfavorables en su país, busca nuevos horizontes. El precio: dejar a la familia, principalmente a su mujer. Difícil situación, porque era quien fielmente lo esperaba; era su amor y padre de sus hijos, pero a veces, tras de mucha espera, se convertía simplemente en olvido.

Ya son otros tiempos. La mujer ha decidido cambiar el mundo y su papel histórico. Hoy decide irse a la frontera, trabajar y buscar nueva situación. Todo por la familia.

Recientemente, dentro de la cinematografía mexicana fue realizada Santitos. Película, cuyo origen es una obra literaria, que representa el mundo de una mujer, que ante la misteriosa pérdida de su hija y creyendo que la habían raptado para llevarla a la frontera, decide viajar hacia allá para ejercer el oficio más antiguo del mundo. Es de la pocas cintas que retratan la vida de la mujer dentro de la frontera, sus diferentes alternativas y la búsqueda y encuentro con una vida diferente.

Anteriormente, en 1953, el cineasta mexicano Alejandro Galindo realizó la cinta de Espaldas Mojadas. El estreno de esta película se retrasó dos años, pues se temía que hiriera susceptibilidades norteamericanas. Es, en efecto, una visión fuerte y verosímil de las vicisitudes del trabajador mexicano que emigra a los Estados Unidos y enfrenta la explotación laboral y la discriminación. La verosimilitud de la cinta es apoyada por el lenguaje empleado: los mexicanos hablan español; los norteamericanos, inglés.

La frontera es otra, en plena transformación. El hombre es sustituido por la mujer en busca de mejores condiciones de vida. Las mujeres se cansaron de esperar; tratan de runirse con el hombre que las abandonó; si no lo logran, por lo menos modificarán su nivel de vida.

El flujo sur/norte
Es constante el flujo sur/norte en la frontera de México con Estados Unidos, y no hay ningún indicio de que disminuya. Los primeros quince días de enero son básicos para que el Servicio de Inmigración y Naturalización determine cómo se desarrollará el flujo de indocu-mentados del sur al norte a lo largo del año. Los primeros quince días de enero del 2000 rompieron todas las marcas. Por ejemplo, en los más de 40 kilómetros de frontera entre las poblaciones de Agua Prieta y Douglas, Arizona, se detuvo a 14 mil 664 inmigrantes indo-cumentados en las primeras dos semanas de enero del 2000, según las cifras que INS proporcionó al diario The New York Times. Casi el doble que en 1999.

Un poco de historia
A mediados del siglo XIX, los primeros inmigrantes que llegaron, masivamente, a la naciente nación del norte fueron irlandeses. Entre 1880 y 1920, la emigración hacia Estados Unidos partió del sur de Europa, particularmente de Italia. Esto poco a poco fue cambiando para incluir también a personas del norte y el oeste europeos. Conforme fue decreciendo la inmigración proveniente de Europa, se incrementó la que venía del sur de la frontera de Estados Unidos.

Con motivo de la Revolución Mexicana, en 1910, hay migraciones masivas hacia el Norte. A finales del Siglo XX, es muy clara la migración dominante de mexicanos y centroamericanos. De hecho, se habla de una especie de invasión silenciosa y callada de latinos que aflora en el mundo del espectáculo, medios de comunicación y política. Los mexicanos pueden superar las cifras de migración. A esto añadimos que no olvidamos que nos entrelazan varios hechos históricos con los Estados Unidos, sobre todo de invasión y despojo.

México, al asumir su Independencia, era el más extenso de los países hispanoamericanos. En 1822, se amplió más al incorporársele las provincias centroamericanas que medían casi medio millón de kilómetros cuadrados. Entonces, existían problemas muy graves como aislamiento internacional, líos en las fronteras, separatismos de regiones y deterioro de caminos. El tratado Onis-Adams, de 1819, no fijó suficientemente bien el lindero con los Estados Unidos. Dentro del territorio mexicano, de 4 millones 665 mil kilómetros cuadrados, vivían, en 1822, siete millones de habitantes. A esto añadimos algo más, la población se apretujaba en el centro: nadie quería ir a la vasta zona del norte; sin gente, era peligro, invitación al despojo.

Los medios de comunicación, creadores de alternativas
«Los medios de comunicación son responsables de muchos cambios tanto políticos como sociales, entre otros. En el ámbito político han sido capaces de generar la alternancia política en un país como México y, probablemente, muchas mujeres no saben que ellas también tiene la posibilidad de modificar su mundo. Los medios abren el horizonte, han logrado mostrar a las mujeres nuevas alternativas de vida. Vivir solas no es la única forma de vida, ellas también pueden ser aventureras e inmigrantes y agarrar las riendas de sus propias vidas.

«En este sentido, los medios de comunicación han sido extraordinarios, porque han tenido una participación liberalizadora. De otra manera, las mujeres nunca se hubieran enterado de otro tipo de oportunidades», comenta el autor de La Otra Cara de América.

Doble jornada
«Las mujeres inmigrantes tienen doble o triple trabajo en los Estados Unidos. Si en México sólo tenían que cuidar a sus hijos, en Estados Unidos, no solamente los cuidan, sino que salen a trabajar como cualquier persona, además de andarse cuidando de que la migra no las agarre. Las mujeres dan una enorme aportación a la economía de los Estados Unidos. Ellas, junto con el resto de los inmigrantes, aportan más de 10 mil millones de dólares al año, además de que parte de su salario lo envían a México, lo que constituye 8 mil millones de dólares al año. No sólo están ayudando a los suyos, sino están enviando dinero a la gente que se quedó en su país.

«Los valores familiares no se detienen en la frontera. Padres y madres aman a sus hijos, igual en México que en Estados Unidos. Si tienes a un niño con hambre y buscas trabajo y sólo puedes conseguir 50 centavos de dólar en el interior de México, o 50 dólares en el interior de Estados Unidos, te vienes a ganarlos aquí los 50 dólares, si eres un padre trabajador y amoroso», enfatiza el autor radicado en Estados Unidos.

Víctimas de la violencia
Las historias de la mujeres inmigrantes son crudas y crueles: mujeres violadas, golpeadas, simplemente por ser indocumentadas. Sufren violencia doméstica en su propia casa, pero tienen miedo de denunciarlo a la policía. Hablar de mujeres inmigrantes en Estados Unidos es referir abusos y violaciones .

«Claro, también hay mujeres que han logrado el sueño americano: tener casa, coche, televisión y llevar a los hijos a la universidad. Pocas mujeres han logrado este sueño y su contraparte, la pesadilla. Parte de aprovechar las oportunidades y parte de ser explotadas, humilladas por mucho tiempo», expresa Jorge Ramos.

Entre pesadilla y sueño
«Primero comienza como sueño, luego se convierte en cruda realidad convertida en agónica pesadilla. Empieza en la frontera, tratando de cruzar sin que te agarren; tratando de cruzar sin que te violen; tratando de cruzar sin perder a tus hijos en la travesía. Sin embargo, casi toda la experiencia de la mayoría de los 6 millones de inmigrantes indocumentados, comienza como pesadilla trágica. Tras dejar a los suyos en México y salvar la frontera, inicia el laboratorio de las ofensas con humillaciones, racismos y miedo.

» Hay hombres y mujeres que llevan 20 años de indocumentados en Estados Unidos. Quizá la primera generación no tuvo acceso al sueño americano; pero sí lo tendrá la segunda, que habla más inglés que español; no se tiene que esconder porque nació en Estados Unidos, a pesar de ser de padres mexicanos. La historia de esta generación siempre termina en éxito, pero es una transición muy dura y difícil», dice Jorge.

A veces, el precio del sueño es la vida
Para llegar a esa realidad se necesita pagar un precio muy caro: una violación o hasta la vida. De 1995 al 2000, más de 700 inmigrantes han muerto en la frontera. Muchas veces, las mujeres son víctimas de coyotes, patrulla fronteriza y agentes mexicanos inescrupulosos.

El tránsito no es fácil. El precio es altísimo. Muchas mujeres han pagado un precio muy alto para llegar a los Estados Unidos; minoría, las que menos pagan. Las que más pagan, lo hacen con la vida, no con esos tres o cuatro mil dólares que le dan a un pollero por trasladarlas.

Las inmigrantes no tienen nacionalidad
«Es curioso, pero en los Estados Unidos a todos los latinos los colocan en el mismo cajón, en la misma bolsa. A todos empiezan a llamarlos hispanos o latinos. No importa que sean puertorriqueños, mexicanos o colombianos.

«A nadie le gusta decir que es latino, pero para efectos prácticos del gobierno o del censo, todos lo son, es su clasificación. Se pierde un poquito la identidad y se gana un poco de otras. Los inmigrantes no son ni de aquí ni de allá. Viven en la tragedia de ser inmigrantes siempre, de nunca acabar de adaptarse al mundo que les ha tocado vivir. Siempre se sienten en esa situación. Por ejemplo, no se pueden sentir ni norteamericanos ni mexicanos. Es sentimiento extraño no pertenecer a ningún lado.

«Ser inmigrante es tercera nacionalidad, porque, finalmente, nadie termina reconociéndote», enfatiza Jorge.

En la guerra de sexos, la mujer se ha vuelto guerrera
«En Estados Unidos y Europa, las mujeres tienen las armas legales para convertirse en guerreras. Se han dado cuenta de que no tienen que aguantar nada, sino que pueden hacer exactamente lo les pegue en gana, sin someterse a ningún hombre. Si un hombre las golpea, lo denuncia y lo meten a la cárcel; si un hombre no paga por la manutención de sus hijos, esta obligado a hacerlo. Estas mujeres han entendido que las leyes, en un estilo de vida más «civilizado», les ayuda a recuperar su verdadera persona. Esto es lo que falta en América Latina, pero vamos hacia allá a pasos agigantados.

«La guerra de los sexos está teniendo muchísimas consecuencias: la separación de la familia, los divorcios. En Estados Unidos, 60 por ciento de las parejas terminan divorciadas, mientras que en sociedades más tradicionales, es de dos o tres por ciento, por ejemplo, en Japón. Esta guerra de sexos esta teniendo consecuencias enormes para la familia. Se trata de que el hombre y la mujer puedan convivir sin hacerse daño», afirma Jorge.

La fertilidad entre los hispanos sigue aumentando. De acuerdo con el National Center for Heath Stadistics, el número de nacimientos en los Estados Unidos subió de 14 por ciento del total en 1989 a 16 por ciento en 1995. Es decir, de cada 100 niños que nacen, 16 son latinos. En promedio, de acuerdo con el reporte de esta organización, las madres mexicanas tienen de 3.32 hijos durante toda su vida, las puertorriqueñas 2.2 y las cubanas 1.7.

¿Quién modifica las leyes?
«La modificación de leyes es producto de la lucha de las mujeres. Han ganado poco a poco su lugar en la sociedad norteamericana y en Europa. Son luchas que han desembocado en establecer niveles de igualdades de género prácticamente en todo.

«Sin embargo, en la frontera, la desigualdad lleva por nombre mujer. La mayor parte de las víctimas son ellas precisamente. Por ejemplo, las mujeres mexicanas prefieren arriesgarse a que las violen, maten y humillen, a quedarse en el lugar donde están. Se han dado por vencidas en su lugar de nacimiento y buscan la oportunidad en otro lado», expresa Jorge Ramos.

El ideal que buscan las mujeres es la libertad, y piensa que lo lograrán cambiando de país. No es así, porque dependen de los hombres, quienes se aprovechan de su condición de indocumentadas. Descubren que vivir solas no es tan fácil, particularmente si no tienen permiso de trabajo. Prefieren vivir casi en la clandestinidad en Estados Unidos, antes que quedarse en México.

La mujer profesional tiene las mismas limitantes
«La mujer indocumentada vive permanentemente en situación de clandestinidad y marginalidad a las orillas de la sociedad. No importa si es abogada, doctora, escritora o campesina, se vive exactamente en las mismas condiciones. El hecho de vivir indocumentada es una de las tragedias de los latinoamericanos en Estados Unidos. Se puede modificar con una amnistía, pero no se ha dado la circunstancia política para hacerlo», dice el periodista y escritor.

«Sin embargo, hay casos fuera de serie como el de la senadora Loretta Sánchez. ¿Quién es? Fuera del condado de Orange, nadie la conoce, pero es la protagonista de una de las más importantes victorias electorales de los hispanos en Estados Unidos. En las elecciones de noviembre del 96, Loretta, una amateur de la política, ganó al congresista Bob Dorman, quien llevaba 20 años en su puesto. Dorman había ganado en las últimas 10 votaciones para el congreso norteamericano y se encontraba derrotado frente a una candidata cuyo nombre ni siquiera podía pronunciar. Sin que se diera cuenta, su distrito electoral cambió y se fue llenando de hispanos. Cuando los latinos salieron a votar, lo hicieron por alguien parecido a ellos, que se preocupara por sus problemas cotidianos. Loretta era de padres mexicanos nacidos en Mexicali y Nogales. De historias como ésta está lleno el futuro en los Estados Unidos», escribe Jorge en su obra.

Inmigrantes en el mundo
La inmigración es un problema de crisis a nivel mundial. En Estados Unidos, con los inmigrantes latinoamericanos; en México, con los centroamericanos; en Europa, con la inmigración musulmana y africana. Hay un fenómeno grandísimo de desigualdad. La migración siempre tiende a ir de los países pobres a los ricos. Mientras la globalización no pueda resolver el problema de la pobreza, seguirá existiendo migración indocumentada.

A propósito de la inmigración, Isabel Allende escribió una novela cruda sobre las inmigrantes asiáticas, que en algunos países europeos son tratada como esclavas, incluso hasta compradas desde niñas. Hija de la Fortuna es el libro en cuestión.

Un esclavismo moderno
«La inmigración ha producidos efectos sociales y laborales. El inmigrante ahora no está encadenado a camas ni encerrado en cárceles, pero sí vive enclaustrado en su casa y discriminados en su ciudad y sus calles. Es una forma un poquito más sutil de esclavitud, pero sin duda es una manera de esclavitud. Las mujeres inmigrantes mexicanas están entre los grupos más desprotegidos del mundo, y de esto no hay duda: se les paga lo que se les da la gana y no tienen con quien quejarse y tienen que aguantarlo todo tanto de sus maridos, como de sus empleadores y policías. Prácticamente no tienen con quien acudir para defenderse. Es un personaje trágico que tiende a reivindicarse con sus hijos, una o dos generaciones después… Son mujeres que viven formas modernas de esclavitud», apunta nuestro entrevistado.

Los inmigrantes no pueden votar
«Los inmigrantes, esos 18 millones de mexicanos, no existen ni para México ni para Estados Unidos. Ni siquiera pueden votar. La mayor parte de ellos tienen problemas migratorios. El gobierno de México y el PRI en particular enviaron un mensaje muy claro a los mexicanos que viven en el extranjero: sus dólares son bienvenidos, pero sus votos no. Diez millones que viven fuera de México, fueron traicionados por los senadores priístas que nos quitaron la posibilidad de votar en las elecciones presidenciales del 2 de julio del 2000.

«Por otra parte, el constante flujo está provocando la latinización y otros fenómenos. De acuerdo con las cifras del censo, los hispanos eran sólo 5 por ciento de la población en 1970. Cifra que aumentó a 9 en 1990 y poco más del 11 por ciento en el año 2000. Para el año 2030 los hispanos serán el 18 por ciento de la población total y para el 2050 alcanzarán un promedio del 22 por ciento. La frontera entre México y Estados Unidos es una coladera. Por más leyes y muros que se hagan, mientras sobre mano de obra en México y falte en Estados Unidos, habrá migración legal e ilegal», finaliza Jorge Ramos.

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