Cruzo la linea

Por Isaac Lee
MIAMI HERALD/ SEPTIEMBRE 2004

La última vez que vi a Jorge Ramos fue el pasado 6 de agosto, moderando una conversación –en inglés– con Dick Parsons, el chief executive officer (CEO) de Time Warner, en UNITY, una conferencia quinquenal que reúne a los periodistas de las minorías étnicas de Estados Unidos. Este año, la conferencia tuvo lugar en Washington y asistieron, entre otros, John Kerry, Colin Powell y el presidente George W. Bush.
La conversación entre Ramos y Parsons fue cercana, franca, divertida y el CEO de Time Warner dijo en dos horas más de lo que los periodistas hispanos le hemos escuchado a Ray Rodríguez en varios años.

Una semana antes me encontré a Ramos a la entrada del FleetCenter, en Boston, durante la Convención Demócrata. Estaba con Wesley Clark y un río de gente se acercaba a saludarlos, como si los conociera desde hacía mucho tiempo. Querían tomarse una foto con ellos, y les sonreían de una manera muy particular. Especialmente las mujeres. Y especialmente a Ramos.

No pudimos hablar. Era injusto pretenderlo con la cantidad de gente que quería estar unos segundos con Jorge, no sólo para decirle cuánto lo veía y admiraba, sino para confesarle su amor platónico.

Unos días antes lo había entrevistado Ted Koppel para su programa Nightline, en el horario más codiciado de la televisión en Estados Unidos (y no era la primera vez).

El grupo del New York Times que sindica contenido, había pedido su columna –que se publica ya en 35 periódicos de Estados Unidos y América Latina– para representarla en todo el mundo.

Y su sexto libro, La Ola Latina –publicado simultáneamente en inglés y en español por Rayo, división de Harper Collins para el mercado hispano– entraba en su segundo mes como uno de los libros más leídos por el público de origen latino de Estados Unidos.

Con la crisis y las críticas que hay en el periodismo americano, con el cubrimiento parcializado y con mea culpas de la guerra de Irak, con la decisión de tomar una posición política en las campañas presidenciales y con el desgaste de credibilidad que han sufrido algunos grandes medios en años recientes, la posición de independencia irrestricta de Jorge Ramos es altamente refrescante. El señor Perenchio podrá ser republicano y su dinero podrá ir a ese partido, pero eso no se reflejará nunca en la forma como Ramos cubra las elecciones en Estados Unidos.

Por eso les llama la atención.

¿A quiénes? A los grandes medios que buscan talento independientemente de donde venga y que no tienen necesidad de llenar una cuota ni de representar una minoría. Sólo de tener el rating más alto y la mayor credibilidad. A los 46 años, Jorge Ramos ya no es el mejor anchor de la televisión hispana. Es mucho más que eso. Ramos cruzó la línea.

Welcome Back!

Login to your account below

Retrieve your password

Please enter your username or email address to reset your password.

Add New Playlist