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ESCLAVA

Los Angeles, California.

Irma fue una esclava. Y todavía hoy está sufriendo las consecuencias de haber sido esclavizada durante cuatro meses. Pero lo más increíble de todo es que Irma fue una esclava en Estados Unidos, una nación cuya constitución se basa en los principios de libertad, igualdad y justicia.

Sí, aquí en Estados Unidos hay esclavos, Muchos: se calcula que cada año alrededor de 20 mil personas son esclavizadas en Estados Unidos. Se trata, sobre todo, de personas que soy atraídas con falsas promesas y que terminan como prostitutas o en trabajos forzados. Pero no más de 50 casos anuales son perseguidos por la policía y llevados a juicio. El caso de Irma, por ejemplo, jamás ha sido investigado en este país.

Irma Muñoz Leyva tenía 31 años de edad cuando cayó en manos de un grupo de criminales que la prostituyeron y abusaron sexualmente de ella en la ciudad de Phoenix, Arizona. Pero la verdadera tragedia es que Irma padece un serio retraso mental y actúa como una niña de cinco o seis años de edad. No sabe leer, escribir ni sumar y restar.

El discapacidad de Irma se remonta al castigo que le dio su padre, un violento alcohólico, hace 25 años en Guadalajara, México. Para reprenderla por haberle contestado mal a su madre, el papá de Irma le puso una soga al cuello, lanzó la cuerda por arriba de la rama de un árbol y la amenazó con ahorcarla. Después del brutal incidente, Irma quedó traumada y dejó de hablar por meses. Irma todavía arrastra las secuelas sicológicas de ese incomprensible y bárbaro castigo.

Tras la muerte de su padre –por un pleito- y de su madre –por una enfermedad- Irma y su hermana Alejandra decidieron irse de Guadalajara para vivir con sus tíos maternos en un suburbio hispano de la ciudad de Los Angeles. Pero al cruzar ilegalmente la frontera por el desierto de Arizona, Irma fue detenida por agentes del nuevo servicio de inmigración la noche del lunes 24 de febrero del 2003. Su hermana Alejandra, en cambio, logró escaparse.

En una acción inexcusable, Irma fue deportada dos días después a la ciudad fronteriza de Nogales sin avisarle a las autoridades mexicanas. ¿Cómo es posible que los agentes migratorios no haya detectado que Irma tenía graves deficiencias mentales y casi no podía comunicarse ni en inglés ni en español? Y a partir de ahí sus familiares en Estados Unidos le perdieron la pista a Irma.

Durante meses su familia la buscó en el norte de México, pensando que quizás pudiera haber regresado a su antigua casa de Guadalajara. Pero al no encontrarla, pidieron la ayuda de María Josefina Guerrero y Brenda Galvez del Centro de Apoyo contra la Violencia en Nogales, México. Tras una exhaustiva investigación, María Josefina y Brenda mandaron imprimir siete mil posters con la cara de Irma y un teléfono a donde comunicarse en caso de que alguien la identificara. Recibieron muchas pistas falsas. Pero un norteamericano que viajaba a México vió la foto de Irma en una estación de autobuses y se comunicó con el Centro de Apoyo. Efectivamente, les dijo, había visto a Irma en unos apartamentos en Phoenix, muy cerca del lugar donde él vivía. ¿Sería cierto? ¿Cómo cruzó Irma a Estados Unidos? ¿Quién la ayudó? ¿Cómo estaba sobreviviendo? ¿Por qué no les llamó por teléfono si llevaba el número apuntado?

María Josefina y Brenda, siguiendo una corazonada, se montaron en su auto, cruzaron la frontera y se dirigieron a Phoenix armadas, exclusivamente, con una dirección. Era el sábado 21 de junio del 2003. Y ahí, como si fuera una aparición, vieron a Irma en un balcón. Pero Irma no estaba sola. Había dos mujeres –de nombre Yolanda y Verónica, madre e hija- que la vigilaban.

María Josefina y Brenda se hicieron pasar por familiares de Irma y les dijeron a las dos mujeres que querían llevarse a la muchacha por unos días a Los Angeles porque su abuela había muerto, cosa que era cierta. Yolanda ni siquiera discutió y se escapó inmediatamente; la operación de trata de seres humanos había sido descubierta.

María Josefina y Brenda se comunicaron con los familiares de Irma en Los Angeles y seis horas después sus tíos Jesús y Carmen Leyva la estaban recogiendo en Phoenix. “Te he estado buscando”, le dijo Jesús al verla. “Estoy bien, tío, estoy bien” fue la respuesta de Irma. Pero ¿qué había pasado realmente durante esos cuatro meses?

Poco a poco sus familiares se fueron enterando del verdadero cautiverio en que vivió Irma durante ese tiempo. Las dos mujeres formaban parte de un grupo-aparentemente liderado por un hombre no hispano cuyas iniciales eran AA- que utilizó a Irma como esclava doméstica y que la ofreció a por lo menos una persona para que tuviera relaciones sexuales con ella. Aún no está muy claro cómo y con quienes cruzó la frontera. Pero sus familiares creen que Irma pudo haber sido capturada en México por una banda criminal antes de ser enviada a Estados Unidos.

“A Irma la vendieron, la tenían trabajando, la tenían secuestrada, limpiado casas, cuidando niños”, me dijo su tía Carmen. Pero hubo más. “¿Usted cree que Irma era una esclava sexual?”, le pregunté a Carmen. “Sí lo creo”, me contestó. “Y cuando el doctor la revisó dijo que Irma fue abusada (sexualmente); lo comprobamos.”

Protegida en la casa de sus tíos y con su permiso, conversé brevemente con Irma. Era, en efecto, como hablar con una menor de edad. Casi no establecía contacto visual y había palabras que no entendía. Una de ellas era “esclava”. Sin embargo, sí me dijo que cuando estuvo en Phoenix tuvo a un “novio” que se llamaba José Luis y a quien le gustaba mucho tomar alcohol. Los abusos, sin embargo, no se limitaron al aspecto sexual. Irma no podía salir sola del apartamento, había días en que no comía y le tenían prohibido acercarse al teléfono. Vivía permanentemente asustada y amenazada.

Pero dentro de su confusión, Irma nunca perdió la esperanza de ser rescatada. Tenía escondido debajo del sofá de la sala un recorte de periódico en el que se informaba que ella estaba perdida. Nunca, sin embargo, se atrevió a llamar a la policía. Si lo hacía, le aseguraban sus captores, la deportarían de nuevo a México.

Fue un golpe de suerte, la búsqueda incansable de su familia y el valiente trabajo de María Josefina y Brenda lo que ayudó a la liberación de Irma. Pero aún quedan muchos asuntos pendientes. No hay una investigación sobre este caso, ni en México, Arizona o California. Los captores de Irma, y quienes abusaron sexualmente de ella, siguen libres. Y ella, Irma, vive escondida en una casa de Los Angeles porque sus familiares temen que la autoridades migratorias la regresen a México, sola, por ser una indocumentada. Ellos desearían para ella una visa humanitaria que, hasta el momento, nadie ha ofrecido.

Hoy, a casi un año del fin de su cautiverio, Irma vive atemorizada y todavía no sabe lo que es la verdadera libertad.

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