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GLOBESIDAD

En esta época en que se come tanto, hablar de gordura parece una broma de mal gusto. Pero hay que hacerlo mientras tenemos el bocado en el tenedor.

Vengo de un país -México- y de una región -América Latina- en donde los pobres son flacos, esqueléticos. De donde vengo, la expresión “morirse de hambre” no es una exageración. Hay gente que, literalmente, se muere de hambre. En cambio, donde vivo -en Estados Unidos- nadie, en realidad, se muere de hambre. “Me muero de hambre” es solo una expresión que puede signficar que desayunaste hace una hora y que esperas con ansia el lunch al mediodía. En Estados Unidos sobra la comida y se nota.

El profesor Dinesh D’Souza cuenta en uno de sus libros una anécdota extraordinaria que explica el fenómeno de la obesidad en Estados Unidos. Cuando él le preguntó a un hindú por qué quería irse a vivir a Estados Unidos, el futuro inmigrante le contestó: “Porque quiero vivir en un país donde la gente pobre es gorda.”

En la India, que visité hace unos años, solo los más ricos tienen una abultada panza que presumen rodeada de sedas. No en Estados Unidos; aquí hasta la gente pobre es gorda. En Estados Unidos 64 de cada 100 adultos norteamericanos -alrededor de 127 millones de personas- son gordos o están sobrepasados de peso, según el National Center for Health Statistics. Y la gordura incrementa los riesgos de diabetes, cancer del colon y la próstata, hipertensión, y enfermedades del corazón, entre muchas otras.

El problema de la obesidad es de proporciones epidémicas. Además de la mala alimentación -que promueven constantemente los restaurantes de comida rápida en los medios de comunicación- hay que sumar la abundancia de comida. Es preciso reconocerlo: en Estados Unidos sobra la comida. Este es el país de las porciones gigantes; es frecuente ver cómo la comida se desborda por la orilla de los platos en los restaurantes y en los hogares norteamericanos.

Además, comer mucho es relativamente barato. Por menos de cinco dólares cualquier niño se puede meter dos hamburguesas con queso, unas papitas, un refresco gigante y un helado. En cambio, es mucho más caro alimentarse con comidas sanas, bajas en grasa, sin pesticidas u hormonas. La llamada comida “orgánica” o “natural” es el nuevo lujo.

Pero la gordura no es, únicamente, una cuestión de falta de voluntad. Todo conspira para que el norteamericano promedio -que ya no vive en el campo sino en los suburbios y en los centro urbanos- deje de hacer ejercicio. Aquí se maneja hasta para ir a la tienda de la esquina. Elevadores, escaleras eléctricas y puertas automáticas limitan la actividad muscular. Televisores, computadoras, hornos de microondas, teléfonos celulares y los últimos adelantos tecnológicos, en casas y oficinas, promueven una vida sedentaria. La ciencia nos ha atornillado a una silla y eso engorda.

En Estados Unidos hasta los niños son gordos. Uno de cada tres niños y adolescentes es obeso, según la Academia Americana de Siquiatría Infantil. El problema de los menores de edad es el mismo que el de sus padres: mala alimentación y falta de ejercicio en una sociedad donde abunda la comida.

En un país donde hay tantos gordos, las dietas son un gran negocio. Multimillonario. Hay todo tipo de dietas, desde vegetales crudos y puros líquidos hasta de carne con tocino. Pero la triste realidad es que muy pocas funcionan. Si las dietas que tanto se anuncian por la televisión fueran efectivas, aquí no existiría la gordura.

A nivel legal, la creciente cantidad de obesos ha provocado un nuevo tipo de batalla en las cortes. Las demandas contra compañías o individuos que discriminan en contra de los gordos han dejado de ser una anécdota en los periódicos y revistas. Y no hay que ser un gran observador para constatar que las personas gordas son maltratadas en esta sociedad: ganan menos, tienen menos posibilidades de sobresalir, son objeto de prejuicios y motivo de risa.

La gordura ha dejado de ser una obsesión individual para convertirse en una preocupación mundial. En los últimos 10 años los niveles de obesidad han aumentado del 10 al 40 por ciento en los países de la Unión Europea. Y aunque en Asia, Africa y América Latina no es común ver a muchos gordos, los casos empiezan a acumularse en las grandes ciudades y, sobre todo, entre mujeres, de acuerdo con la Asociación Americana de la Obesidad. Este fenómeno ya tiene un nombre: globesidad.

La globesidad, sin embargo, no parece ser una preocupación urgente. Las prioridades son otras. Dudo mucho que el globo terráqueo esté a punto de reventar sus pantalones. En un planeta donde más de la mitad de sus habitantes tienen hambre, Estados Unidos sigue siendo el único país que conozco donde una buena parte de sus pobres quieren ponerse a dieta.

Posdata.. ¿Cómo saber si tienes un peso saludable, si solo estás sobrepasado de peso o si eres obeso? Bueno, eso es calculando tu Indice de Masa Corporal (IMC). Para sacar tu índice, divides tu peso en kilogramos entre el número cuadrado de tu estatura en metros.

Por ejemplo, yo peso 65 kilos y mido un metro con 70 centímetros. Entonces divido 65 entre 2.89 -que es el resultado de multiplicar 1.70 por 1.70- para obtener mi Indice de Masa Corporal de 22.49

Un IMC superior a 25 denota que esás sobrepasado de peso; un IMC superior a 30 indica obesidad, según los parámetros de la Asociación Americana de la Obesidad.

Provecho.

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