Opinión

JORGE RAMOS: ‘DONALD TRUMP ES EL MURO’

Donald Trump quiere más que un muro.

Una vez más, el presidente de Estados Unidos ha creado su propia realidad, ha fabricado una crisis, ha inventado una invasión, ha criminalizado a los inmigrantes, ha tergiversado los hechos y, durante un discurso transmitido por televisión a todo su país el martes 9 de enero, ha pedido la construcción de un nuevo muro en la frontera entre Estados Unidos y México. “¿Cuánta sangre estadounidense más debemos derramar para que el congreso finalmente haga su trabajo?”, preguntó desde la Casa Blanca.

Trump no es el primer presidente de su país que pide dinero para construir un muro. George H. W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush construyeron cercas y muros a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos. Barack Obama mantuvo ese sistema, que derivó en aproximadamente 1130 kilómetros de barreras físicas. Así que, ¿por qué no queremos que Trump construya su muro? ¿Cuál es la diferencia?

La diferencia radica en que el muro de Trump es un símbolo de odio y racismo, sería completamente inútil y no resuelve ninguna emergencia nacional.

Los 5700 millones de dólares que el gobierno de Trump solicitó con el objetivo de erigir 376 kilómetros más de muros y vallas serían un desperdicio enrome de tiempo y dinero. El primer tramo de 22 kilómetros de cercado fronterizo, construido entre San Diego y Tijuana a principios de la década de los noventa, ha demostrado que los migrantes indocumentados pueden adaptarse con mucha rapidez y desplazarse a áreas donde no hay barreras fronterizas. Los desiertos en Arizona y los espacios abiertos a lo largo del río Bravo en Texas se han convertido en un punto de entrada predilecto. Ocurriría lo mismo con el nuevo muro de Trump.

También sabemos que casi la mitad de todos los inmigrantes indocumentados llegan por avión o con visa. Ingresan legalmente como turistas o visitantes y prolongan su estancia más allá del periodo permitido por sus visas. Ni la cerca más alta podría evitar eso.

Un nuevo muro tampoco podría detener el flujo de drogas ilegales que entran al país, como aseguró Trump en su discurso. La mayoría de las incautaciones de drogas suceden en los puertos de entrada. Y mientras más de 28 millones de estadounidenses sigan consumiendo drogas ilegales con regularidad, los narcotraficantes en México y el resto de América Latina continuarán llevando sus productos al mercado más lucrativo del mundo.

La Casa Blanca afirma que cuatro mil presuntos terroristas fueron arrestados en la frontera sur en 2018. Esto, sin embargo, es incorrecto: la mayoría fue detenida en aeropuertos. Solo seis fueron atrapados tratando de cruzar a pie ilegalmente.

Hace poco, viajé a la frontera en California y Texas, y puedo informar que, contrario a lo que dijo el presidente estadounidense en su discurso, no hay ninguna invasión. La población indocumentada no ha aumentado en una década; de hecho, ha disminuido a 10,7 millones de personas. Además, a pesar de la presencia de cárteles violentos de tráfico de drogas en el lado de México, las poblaciones en la frontera sur de Estados Unidos son de las más seguras en el país.

Lo que sí es innegable es la crisis humanitaria en Tijuana. Pero, en cierta medida, se trata de una crisis que Trump creó. Cantidades históricas de familias desesperadas que huyen de la violencia, la corrupción y la pobreza extrema han estado llegando en caravanas a nuestra frontera. En lugar de tramitar sus solicitudes de asilo de inmediato, como lo establecen las leyes internacionales y estadounidenses, solo se les permite la entrada a unas pocas personas al día. Esta política de diseño cruel ha afectado de manera injusta a niños y a las personas más vulnerables en nuestro hemisferio. Sin duda estos refugiados no son un peligro para nuestra seguridad nacional.

No es necesario construir un nuevo muro; el único que lo cree así es Trump. Lo más cerca que ha estado de erigir su muro fue en enero de 2018, cuando los senadores demócratas negociaron un acuerdo por un muro a cambio de la legislación del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA). Después, la Casa Blanca descartó el trato de manera inesperada.

¿Los demócratas podrían reconsiderar la oferta? Luis Gutiérrez, quien se retiró recientemente de la Cámara de Representantes luego de veintiséis años en funciones, alguna vez me explicó que era como pagar el rescate de un secuestro. Si la Casa Blanca pone el acuerdo sobre la mesa esta vez, los demócratas se encontrarán ante un dilema moral: proteger a los dreamers —quizá incluso a sus hermanos y sus familias— y, al mismo tiempo, terminar con un prolongado cierre de la administración. No obstante, el muro sería un elemento imprescindible en cualquier acuerdo nuevo.

No será sencillo. Ya no estamos en 2018. Todo ha cambiado drásticamente. Los demócratas tienen el control de la Cámara de Representantes y el muro se ha convertido en algo tóxico. Además, hay un elemento racista. El muro se ha transformado en una metáfora para Trump y sus millones de simpatizantes. Representa una división entre “nosotros” y “ellos”, una demarcación física para aquellos que se niegan a aceptar que, en cuestión de unas cuantas décadas, la mayoría de la población del país estará formada por personas de color.

Esto se trata de mucho más que un simple muro. En 2015, Trump prometió construirlo en el mismo discurso en el que anunció su candidatura, el mismo discurso en el que tachó a los inmigrantes mexicanos de violadores, criminales y narcotraficantes. Su objetivo era explotar la ansiedad y el resentimiento de los electores estadounidenses en una sociedad cada vez más multicultural y multiétnica. El muro de Trump es un símbolo para aquellos que quieren que Estados Unidos sea blanco de nuevo.

El eslogan “Construyan ese muro, construyan ese muro” se convirtió en su himno y un insulto no solo para los latinos, sino también para todas las personas que no comparten sus ideales xenofóbicos. El muro pasó de ser una promesa de campaña a un monumento cimentado sobre nociones intolerantes. Es por eso que la mayoría de los estadounidenses no pueden aprobar que se lleve cabo. Todos los países tienen derecho a proteger sus fronteras, pero no a un muro que representa odio, discriminación y miedo.

No, México no va a pagar el muro y, al parecer, tampoco lo hará el congreso estadounidense. Sin embargo, el concepto de Estados Unidos como un país que rechaza a los inmigrantes y no es solidario con las minorías ya es una realidad.

De cierta forma, Trump ya obtuvo lo que deseaba: él es el muro.

Por Jorge Ramos Avalos.
(Ene 9, 2019)

Artículo anteriorPróximo artículo
Jorge Ramos es el presentador de Noticiero Univision desde 1986. Escribe una columna semanal para más de 40 periódicos en los Estados Unidos y Latinoamérica y publica comentarios de radio diarios para la red de Radio Univision. Ramos también acoge Al Punto, el programa semanal de asuntos públicos de Univision que ofrece un análisis de las mejores historias de la semana, y Fusión AMERICA con Jorge Ramos, un programa de noticias dirigido a jóvenes adultos. Ramos ha ganado ocho premios Emmy y es autor de diez libros, el más reciente, STRANGER, El desafío de un inmigrante latino en la era de Trump.

SU PRIVACIDAD ES IMPORTANTE

Al comentar en esta web usted está de acuerdo con nuestra Política de comentarios
Por favor, no deje datos privados en los comentarios (Teléfonos, emails, direcciones, etc). Serán eliminados.
Los comentarios de este sitio están administrados por una empresa. No envíe peticiones directas al Sr. Ramos. Los mensajes o peticiones directas al Sr. Ramos deben ser efectuados por otros medios.

Top