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LA CUBA DE HUBER MATOS

En mis años universitarios en la ciudad de México, al final de los años 70, una buena parte de mis cursos de historia, sociología, economía y antropología incluían teoría marxista y era prácticamente imposible encontrar a algún maestro que criticara abiertamente a la revolución cubana. Ahora puede parecer extraño que en una universidad privada eran, incluso, los mismos sacerdotes jesuitas quienes defendían en clase a una dictadura donde se asesinaba y se violaban los derechos humanos. Pero entonces era la moda. “Todos los cubanos tienen acceso a la educación y a servicios de salud”, solían repetir como merolicos los revolucionarios de cafetería sin pensar en la falta de libertades y en la represión constante a los opositores dentro de la isla. Libros e inyecciones a cambio de libertad era la fórmula de la dictadura cubana.

Castro estaba a punto de cumplir dos décadas en el poder y pocos intelectuales latinoamericanos o europeos se atrevían a disentir en público con el tirano isleño. La democracia valía poco en esos días; solo un manojo de países de la región podían presumir de ella. A pesar de la avalancha de argumentos marxistas, a mí siempre me parecía raro que un sistema “tan perfecto” tuviera que encarcelar a sus opositores. “¿Y qué ha pasado con Huber Matos?” solía preguntarle a algunos convencidos castristas que sólo hacían muecas de asco como respuesta.

Lo único que yo sabía de Huber Matos es que había peleado junto a Fidel Castro en la Sierra Maestra y que por sus diferencias ideológicas fue condenado a la cárcel. Preguntar por Huber Matos era mi único argumento de peso ante los que me querían convencer de las bondades del sistema comunista de Cuba. Sin embargo, no sabía exactamente quién era Huber Matos.

Ahora lo sé gracias a sus memorias: “Cómo Llegó la Noche”. Lo primero que me llama la atención del libro es el lujo de detalle con que este hombre de 84 años recuerda eventos ocurridos hace varias décadas. Se acuerda de los dos apellidos de quienes lo acompañaron en la sublevación contra la dictadura de Batista, de los colores y sonidos de las batallas cruciales de la revolución cubana, de los gestos de hipocresía de quienes lo acusaron injustamente de “traición y sedición”, de los olores y horrores de las varias cárceles en que padeció todos y cada uno de sus 20 años de condena. Todos.

-“Vistase, usted se va hoy” es la frase que Huber Matos escucha en su celda de villa Marista a la seis de la mañana del 21 de octubre de 1979. Con el cuerpo adolorido

-por la golpiza de despedida del día anterior- Matos duda si, de verdad, será puesto en libertad. Pero todo está arreglado; una delegación de Costa Rica lo espera para sacarlo de la isla. Con esa frase empieza y termina el libro en un círculo de torturas, abusos y chantajes: es una radiografía de la naturaleza autoritaria, criminal, de la dictadura cubana y de su sistema penitenciario.

Matos detectó muy pronto las tendencias marxistas de la revolución y -tras tratar infructuosamente de corregir su rumbo- presentó su carta de renuncia al gobierno y al ejército rebelde el 19 de octubre de 1959. Ese gesto dividió a la isla. Frente a las acusaciones de traición a la revolución, las telefonistas contestaban diciendo: “Huber Matos no es un traidor”. Nada sirvió. Matos fue detenido por un titubeante comandante Camilo Cienfuegos bajo órdenes de los hermanos Castro y, luego de un juicio manipulado por el mismo Fidel, se salvó de ser ejecutado y fue enviado a prisión.

Pero Huber Matos nunca se dobló. Ni dentro ni fuera de la cárcel. Se dio a conocer como un hombre que no trafica con sus principios. Y en eso se equivocó Fidel. Matos, vivo, cuarenta y tantos años después de haber sido encarcelado, sigue siendo su peor enemigo. El libro “Cómo Llegó la Noche” es uno de los testimonios más devastadores que existen de la revolución cubana. Después de leerlo nadie en su sano juicio puede seguir apoyando la dictadura de Fidel Castro. La mayoría de los cuestionamientos y críticas de Huber Matos en 1959 siguen siendo validos hoy.

A pesar de llevar tantos años viviendo en Miami, nunca había conocido en persona a Matos. Pero una tarde, un hombre muy delgado, con un traje oscuro y de corbata, me abordó en el estacionamiento de la televisora donde trabajo. Era él. Sus ojos me clavaron. Venía para regalarme su libro. Me lo entregó, casi ceremonioso, como quien entrega una parte del alma. Y en la dedicatoria escribió: ” Después que leas este libro conocerás unas cuantas cosas más de eso que llaman la Revolución Cubana”.

Ya terminé el libro y Huber Matos tenía razón.

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