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LA DESCUBANIZACION DE MEXICO

Miami.

La fractura de las relaciones entre México y Cuba sorprendió a muchos por su aparente premura. Pero el rompimiento ya se venía venir. México lleva años en un proceso de descubanización que culminó con el retiro de su embajadora en la Habana y la orden de salida del embajador cubano en la ciudad de México.

Las tres razones oficiales que presentaron los secretarios de Gobernación y de Relaciones Exteriores para distanciarse del gobierno cubano –las críticas de Fidel Castro a México el primero de mayo, la presencia de cubanos realizando labores que van más allá de sus asignaciones diplomáticas y la injerencia de Cuba en los asuntos internos de México en torno al caso del empresario de origen argentino, Carlos Ahumada, acusado de corrupción- no cuentan toda la historia. Hay más, mucho más.

El último presidente mexicano que apoyó al dictador cubano de forma irrestricta fue Carlos Salinas de Gortari. En 1991 Salinas recibió a Castro como un héroe en Guadalajara, durante la primera cumbre Iberoamericana. Cuando Salinas cae en desgracia y sale de México, Castro le regresa el favor y le da refugio en Cuba. Las cosas, sin embargo, cambiaron con el gobierno de Ernesto Zedillo.

Ya no era posible hacerse de la vista gorda sobre las violaciones a los derechos humanos en la isla. Zedillo es el primer presidente mexicano en hablar en Cuba sobre la necesidad de democratizar la isla y su canciller, Rosario Green, se reune en la embajada mexicana en la Habana con el disidente cubano Elizardo Sanchez. Zedillo también se reunió en Los Pinos con el líder opositor cubano, Carlos Alberto Montaner. Pero la posición anticastrista de Zedillo se forma en sus años de estudiante en la universidad de Yale cuando conoce a un economista cubano, exiliado, de apellido Alejandro. Ahí es cuando Zedillo realmente conoce de los abusos de Castro.

El gobierno de Vicente Fox, bajo el liderazgo del canciller Jorge Castañeda, pone de cabeza la política exterior de México. Fox y Castañeda incorporan a México al mundo, dejan a un lado la temerosa doctrina Estrada, buscan un lugar para su país en el consejo de seguridad de Naciones Unidas y deciden criticar las violaciones a los derechos humanos en Cuba. Un México democrático ya no tenía cola que le pisaran. Así, México decide votar en Ginebra en contra de las violaciones a los derechos humanos en Cuba en los años 2002, 2003 y 2004. Esto lo cambia todo.

La transformación de la política exterior de México respecto a Cuba solo sorprende a quienes no pusieron atención a las palabras de Fox. En una entrevista en el 2001, en Los Pinos, Fox me dijo que Castro “ciertamente no es un presidente electo democráticamente” y que “en el caso de la relación con Cuba lo que nosotros estaríamos siempre buscando es que el día de mañana Cuba esté viviendo una democracia.” Más claro no puede estar.

El conflicto entre los dos gobernantes en la reunión de Monterrey en el 2002

–cuando Fox, palabras más, palabras menos, le dijo a Castro ‘comes y te vas’ para que no se encontrara con el presidente norteamericano George W. Bush- y la llamada teléfonica que le grabó Castro a Fox sin su conocimiento, y que luego hizo pública, son solo anécdotas de una relación que se iba a pique.

México fue el único país de América Latina que no rompió con el gobierno de Castro en los años posteriores a la revolución de 1959. Pero el idilio mexicubano ya llegó a su fin. El gobierno de México ha decidido no apoyar más a una dictadura. ¿Cómo podría Fox justificar que quiere democracia para los mexicanos pero no para los cubanos?

Además, México ya no necesita de su histórica relación con Cuba para demostrarle al mundo su independencia de Estados Unidos. La firme posición de México en contra de la guerra de Irak, dentro del consejo de seguridad de Naciones Unidas, dejó muy claro que el gobierno mexicano no es títere del norteamericano.

Aquí en Miami, la capital del exilio cubano, hay un justificable optimismo por la decisión de México. Por fin, celebran, otro gobierno más trata a Castro como lo que es

–un brutal dictador- y no como un gobernante elegido democráticamente. Los abusos, engaños y mentiras de Castro que hoy denuncia el gobierno de Vicente Fox, son los mismos que el exilio cubano ha venido denunciando por más de cuatro décadas. Pero hasta ahora muchos no habían querido escuchar.

La descubanización de México tardó 45 años. ¿Quién sigue?

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