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LA HISTORIA DE W.

Entrevista con George W, Bush, el gobernador de Texas y precandidato republicano a la presidencia de USA

Austin, Texas.

Entró cojeando al salón. Cada paso le dolía. No era para menos. Tres días antes de nuestra entrevista, un camión sobrecargado se salió de la calle y casi atropella a George W. Bush cuando éste se encontraba trotando. El tuvo que saltar para evitar ser arrollado. Además del susto, como muestra del accidente estaban los moretones en la cadera y pierna derecha. Uno de los guardaespaldas que lo acompañaba terminó en el hospital. “Si hubiera pasado 10 segundos mas tarde por ese mismo lugar, ahora estaría en una silla de ruedas”, me dijo el gobernador de Texas.
Desde lejitos uno podría decir que W. -como le dicen algunos para diferenciarlo de su padre, el expresidente norteamericano George Bush- ha sido un hombre con suerte. El apellido, no hay duda, le ha ayudado a ser conocido en todo el país. Pero éste reconocimiento a nivel nacional ha atraído la atención a temas que él hubiera preferido mantener en secreto.

W. –de 53 años de edad- ha dicho que en una época tuvo serios problemas con el alcohol, pero que lleva 13 años sin probar gota. De acuerdo con sus críticos, Bush es un vividor arrepentido. Eso no es todo. Ante la pregunta de si él ha utilizado mariguana o cocaína alguna vez en su vida, lo mas que está dispuesto a admitir es que no ha usado drogas en los últimos 25 años. Según él, debe haber un límite bien marcado entre la vida privada y la vida pública de los candidatos presidenciales…y los periodistas no deben cruzar esa linea.

De todas maneras, le comenté: “La gente quiere saber si usted usó cocaína”. Su respuesta fue un hielo: “La razón por la que usted está haciendo esa pregunta es por los rumores y los chismes y no voy a jugar éste juego y espero que la gente tampoco lo haga. Lo que la gente quiere saber es lo que pienso respecto la educación o política exterior. Si seré duro con los criminales que violan la ley. Eso es lo que la gente quiere saber y escuchar”. De ahí no se movió.

A pesar de su pasado, la mayoría de los texanos considera –según las encuestas- que Bush ha realizado un buen trabajo en sus dos períodos como gobernador. Nada mal para un joven que sacaba C’s (o 7 en la escala de 10) cuando iba a la Universidad de Yale. Mas que un intelectual, W. parece un ser eminentemente social. Es el típico amigo con el que daría gusto salir de parranda y confiarle tus pecados.

Ciertamente, no todo ha sido color de rosa para W. El mismo dia que lo entrevisté, otro reportero de Boston le hizo un cuestionario sobre los principales líderes del mundo: ¿quién es el primer ministro de la India? ¿cómo se llama el general golpista que gobierna Paquistán?… Al final, W. fue reprobado. Quedó claro que no sólo no sabía sus nombres, sino que ni siquiera estaba familiarizado con crisis internacionales como la de Chechenia –la provincia rusa que busca independizarse del resto de la nación. Fue un dia de fiesta para sus contrincantes, tanto del partido demócrata como del republicano.

Lo que si recordaba W. ese dia es que era el cumpleaños de su esposa Laura. Y también recordaba perfectamente la pronunciación correcta de dos de los presidentes latinoamericanos con los que se había reunido: Ernesto Zedillo de México y Andrés Pastrana de Colombia.

Sobre Colombia le pregunté a Bush si estaría dispuesto a enviar tropas norteamericanas a ese país en caso que la democracia corriera peligro. Y me dijo que no enviaría tropas “en éste momento”. Y luego continuó: “Tuve un buen encuentro con el presidente Pastrana…El es un luchador contra las drogas. Por lo menos esa es mi impresión. Está interesado en ayudar a erradicar las drogas y los Estados Unidos debe cooperar (con) Colombia…No tengo ningún problema con los paquetes de ayuda…Pero, de nuevo, tendría mucho cuidado en enviar tropas (estadounidenses) en éste momento. Creo que el primer y mas importante objetivo es ayudarle al presidente Pastrana a que entrene sus propias tropas.”

Respecto a Ernesto Zedillo fue mucho mas efusivo. “Es un buen hombre; un hombre honesto, en mi opinión”, me dijo Bush. “El es mi amigo. Es muy inteligente. Y tiene una buena vision para la economía. Confío en él y me cae bien.”

La entrevista con Bush se realizó unos días antes de que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) realizara, por primera vez, unas elecciones para escoger a su candidato a la presidencia de México y el tema era inevitable. “Creo que el presidente (Zedillo) está reformando el sistema”, me dijo Bush. Luego, me contó como hace año y medio, durante las celebraciones del Cinco de Mayo en México, el propio presidente Zedillo le dijo lo siguiente: “voy a hacer algo diferente; voy a abrir al PRI a elecciones primarias”.

Puede ser que Bush no sepa mucho sobre la India y Paquistán. Pero en el caso de México estaba preparado para discutir el asunto de la alternancia de los partidos políticos en la presidencia. Le comenté, por ejemplo, que los últimos once presidentes mexicanos habían sido del mismo partido, para luego preguntarle si en su opinión ya era tiempo de un cambio. “Eso depende de la gente”, me dijo Bush. “En mi estado de Texas desde finales de los 1800 hasta 1978 sólo hubo gobernadores demócratas. Y luego la gente hizo un cambio. Depende de la gente tomar esa decisión. Pero lo interesante acerca de México tiene que ver con la reforma política.”

Puerto Rico y Cuba también entraron en nuestra conversación. Respecto a Cuba no hubo sorpresas. De llegar a la presidencia Bush mantendría el embargo estadounidense contra la isla y evitaría que los estadounidenses visitaran Cuba como turistas. “Creo que necesitamos mantener la presión sobre Fidel Castro hasta que haya elecciones libres”, me dijo. “Hasta que los prisioneros sean liberados, hasta que haya libertad de expresión, libertad de culto; libertades que nosotros entendamos”.

Pero sobre Puerto Rico, Bush fue un paso mas allá de muchos de sus colegas republicanos. Cuando le pregunté si la marina norteamericana debería detener sus ejercicios militares en la isla de Vieques y no regresar mas, Bush dijo que estaba “absolutamente” de acuerdo con eso. “Esto se está convirtiendo en un asunto de orgullo nacional”, expresó el gobernador. “Seguramente podemos encontrar otro campo de tiro. No he hablado con los militares al respecto; no estoy en la actual administración. Pero creo que es lo correcto.”

Unos días después de nuestra conversación, el gobernador de Texas pronunció un discurso sobre asuntos internacionales en California. Quería quitarse de encima, de una vez y por todas, la percepción que algunos tienen de que es un ignorante sobre temas que sobrepasan las fronteras texanas. Y, sí, le dedico mucho tiempo a China y a Rusia. Pero cometió el mismo error de muchos líderes y presidentes norteamericanos en el pasado: en su discurso se olvidó de América Latina. (Sólo se acuerdan de nosotros, cíclicamente, en crisis y en guerras.)

A pesar de ésto, Bush nunca ha hecho un esfuerzo por hablar mandarín, cantonés o ruso. Y, en cambio, champurrea el español. La entrevista la realizamos, fundamentalmente, en inglés, y de vez en cuando saltamos al español. También, nos empantanamos en las tierras movedizas del espanglish. Y tanto él como sus asesores quieren presentar sus valientes incursiones al español como una muestra de interés y acercamiento hacia los latinoamericanos, en general, y hacia los 30 millones de hispanos que viven en Estados Unidos, en particular.

Terminamos la entrevista hablando de sus padres. “Yo tengo los ojos de mi padre, pero la boca de mi madre”, me dijo riéndose, en español. Y luego, sobre el hombre del que no se puede separar, comentó (ya en inglé): “Estoy orgulloso de ser el hijo de George Bush. He heredado a algunos de sus amigos y a muchos de sus enemigos. Lo mejor que él ha hecho en la vida fue darme un amor incondicional. Ese es un gran regalo…Creo que la historia juzgarzá (a mi padre) por dos cosas: por haber sido un gran presidente y por haber sido un gran hombre”.

Aun está por verse si George W. Bush será el primer mandatario norteamericano en tener como padre a un expresidente. Las encuestas le guiñan el ojo. Pero el camino es largo y el guiño puede convertirse en un inestable y saltarín tic nervioso.

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