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LA LECCIÓN DE LOS CUBANOS

Miami

A nadie debe sorprender que en las pasadas elecciones para alcalde en Miami ganó el candidato cubano y perdió el que no lo era. El abogado Manny Díaz es ya el nuevo alcalde. La comunidad cubanoamericana tiene un largo historial de apoyo a los suyos. (El 72 por ciento de los residentes de la Pequeña Habana votaron por Díaz). Y eso le duele a muchos. Pero si otras comunidades latinas -en particular la mexicoamericana en California y Texas y la puertorriqueña en Nueva York e Illinois- aprendieran la lección de los cubanos, otro gallo cantaría.

La lección no encierra ningúna magia; en las elecciones los cubanos apoyan a los suyos y a los que defienden sus intereses. Punto. Pero lo esencial es que, más que votar por candidatos en particular, los cubanos votan por una causa. Y la causa es cualquier cosa -¡cualquiera!- que vaya en contra de la dictadura de Fidel Castro. (El alcalde de Miami, aunque es un puesto local, necesita tener una política exterior.)

Un ejemplo. Según varias encuestas, la mayoría en la comunidad cubanoamericana apoyaba que el balserito Elían González se quedara en Estados Unidos y detestó la decisión de la entonces procuradora general, Janet Reno, de regresarlo con su padre a Cuba. Y en las pasadas dos elecciones -la presidencial del siete de noviembre del 2000 y la local del 13 de noviembre del 2001- los cubanoamericanos votaron por amplísimo margen por quienes compartieron su controversial posición respecto Elián; así eligieron a George W. Bush como presidente y a Manny Díaz como alcalde de Miami.

“Lo que ocurre es que sigue surgiendo el caso de Elián y de Janet Reno y el fanatismo de ultraderecha de la comunidad cubanoamericana”, le dijo el candidato perdedor de origen puertorriqueño, Maurice Ferré, al diario The New York Times. Ferré, quien estuvo en la alcaldía de Miami de 1973 a 1985 y tiene mucha más experiencia que Díaz, fue la última víctima de la política a la cubana. Antes que él, fue el candidato demócrata a la presidencia Al Gore quien perdió la Casa Blanca por no entender cómo y por qué votan los cubanos.

Bush obtuvo 537 votos más que Gore en la Florida durante las polémicas elecciones presidenciales, votos que bien podrían haber surgido de ciudadanos cubanoamericanos. Y con esos votos Bush ganó la Florida y la Casa Blanca. Por eso, en una entrevista a principios de su gobierno, Bush me dijo: “Estoy muy agradecido por el fuerte apoyo que recibí de los cubanoamericanos de Florida y por eso no voy a olvidarlos.”

En pocas palabras, los cubanoamericanos escogieron al actual presidente de Estados Unidos y al nuevo alcalde de Miami. Esto no es poca cosa para una comunidad que no supera ni siquiera el uno por ciento del total de la población de 287 millones de personas en Estados Unidos. ¿Cómo lo hacen?

“Los cubanos son el grupo de inmigrantes más exitoso en la historia política de Estados Unidos”, me dijo el análista y encuestador Rob Schroth, quien pronosticó correctamente el triunfo de Díaz sobre Ferré. “Otras grupos como los judíos o los irlandeses también acumularon mucho poder político”, añadió Schrob. “Pero no lo hicieron tan rápido -en una sola generación- como los cubanos”.

Los cubanos, no cabe duda, tienen una pasión por la política superior a la de muchas otras comunidades, pasión quizás exacerbada por el exilio. En mi experiencia de una década viviendo aquí en Miami he encontrado a muy pocos cubanos -desde pintores y carpinteros hasta políticos y empresarios- que no tengan ideas muy firmes sobre casi todo: desde dónde comer el mejor arroz con pollo y comprar una buena guayabera hasta la estrategia correcta para acabar con Castro, el comunismo y el terrorismo internacional. Y a la hora de votar expresan también esa pasión: se hacen ciudadanos rápidamente, se registran para votar y van a las urnas el día de las elecciones.

Muchos pueden estar en desacuerdo con las impopulares posiciones del exilio cubano respecto a Elián, al embargo y a su negativa de promover el cambio democrático en Cuba a través del diálogo, pero nadie puede ocultar sus enormes éxitos políticos y económicos en la Florida. Ese es su verdadero legado a la sociedad norteamericana.

Si los mexicoamericanos hubieran aprendido de los cubanos, hoy Antonio Villarraigosa sería alcalde de Los Angeles. Y si los puertorriqueños siguieran el ejemplo de los cubanos, Fernando Ferrer sería hoy el alcalde de Nueva York. Ninguna de las dos comunidades se unió abrumadoramente en torno a su candidato y ambos perdieron en las pasadas elecciones locales. En cambio Miami tiene otro alcalde cubano y en la Casa Blanca hay alguien que cuida los intereses de los cubanoamericanos -Bush- como si fuera uno más de ellos.

Digan lo que digan, los cubanos saben cómo ganar en la política. Y eso es para celebrarlo con una colada, o sea, un cafecito negro como petroleo, dulcísimo y con suficiente cafeína como para correr un maratón. Salud, Miami.

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