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LA PRENSA; EL ANTIPODER

Me da risa cuando los presidentes atacan a la prensa y denuncian conspiraciones en su contra. Dichas conspiraciones, la mayoría de las veces, son producto de su imaginación y de las raspaduras de su ego. Llevo más de 20 años de reportero y nunca he participado en una de esas imaginarias reuniones en que, supuestamente, nos ponemos todos de acuerdo para atacar a algún político. Tampoco conozco a nadie que haya participado en una.

Estas supuestas conspiraciones son babosadas. El primer error es pensar que todos los periodistas de todos los medios de comunicación nos podemos poner de acuerdo para criticar a alguien y que tenemos el tiempo para hacerlo. Y la segunda equivocación es creer que tenemos una agenda secreta que incluye, invariablemente, tumbar presidentes y líderes políticos.

Todo esto surge, desde luego, por las tristes declaraciones del presidente de México contra la prensa. Vicente Fox dijo que “hay muchísima distorsión en la manera en que se dan las noticias, hay mucha calumnia, hay mucho engaño, hay mucha mentira recientemente en los medios de comunicación”. Dijo también que los periodistas se han concentrado en “una sarta de babosadas” y que “ni se crean que me van a tumbar a mí con críticas de periódicos”.

Fox está enojado con los periodistas mexicanos que lo critican por no cumplir sus principales promesas de campaña -no hay paz en Chiapas, ni crecimiento del siete por ciento anual, ni un millón 350 mil nuevos empleos, ni Comisión de la Verdad…- y por destacar las banalidades de un reciente viaje a Europa (entre las que se destacan unas botas de charol para una cena con los reyes de España, el llamarle “José Luis Borgués” al famoso escritor argentino autor de El Aleph y un curioso beso con su esposa Martha Sahagún frente al Vaticano).

Pero ¿qué quiere Fox? ¿Ya se le olvidó que la prensa que hoy lo critica es la misma que lo ayudó a llegar a la presidencia? Fox parece tener un gran desconocimiento de lo que es la labor periodística. La principal función social de la prensa es evitar o denunciar los abusos, excesos, contradicciones y errores de los que tienen el poder. Si nosotros los periodistas no hacemos las observaciones que duelen y las preguntas que incomodan, nadie más lo va a hacer. La prensa no se puede convertir en porrista del gobierno o del presidente; ni aunque se trate del primer mandatario elegido democráticamente en más de 71 años en México.

Fox no está sólo en su error de creer que la prensa lo persigue injustamente. Hace poco entrevisté al presidente de Nicaragua, Arnoldo Alemán, y él me aseguró que existe una “constante, constante” campaña de los periodistas en su contra por los privilegios y concesiones que ha quitado. Según Alemán, “los medios de comunicación han buscado como quitar(le)” la influencia y el poder que tiene en Nicaragua. Alemán -quien es frecuentemente acusado de supuesta corrupción y nepotismo- cree que las críticas en su contra no son justificadas.

Fox y Alemán tienen compañía en sus delirios de persecución. El presidente de Venezuela, Hugo Chavez, también piensa que hay una confabulación de la prensa

-incluyendo a corresponsales extranjeros- contra su régimen bolivariano. A principios del 2000, Chavez me aseguró que “los dueños de medios dicen mentiras, elaboran mentiras; los medios de comunicación no siempre están al servicio de la verdad en Venezuela”. Chavez -quien controla el congreso y las cortes, censura a los medios de comunicación y cambió la constitución para poderse reelegir- no se da cuenta que las críticas periodísticas son una reacción a su estilo autoritario y a sus constantes abusos de poder.

Todos estos personajes usaron a la prensa para llegar al poder y ahora le echan la culpa por sus errores personales. Algunos sectores de la prensa, sí, apoyaron a Fox contra el PRI, a Alemán contra los sandinistas y a Chavez contra el corrupto sistema bipartidista de Venezuela. Pero estos políticos se equivocaron al creer que tendrían a la prensa permanentemente de su lado.

Lo que pasa es que la naturaleza del buen periodismo es cuestionar, dudar de todo. Y eso convierte a los periodistas, muchas veces, en aliados temporales de rebeldes, candidatos de oposición y críticos del sistema. Nuestro rol en una verdadera democracia es ser la contraparte del poder. Sin embargo, eso está muy lejos de ser un sello permanente de aprobación a cualquiera que haya luchado contra el autoritarismo y la corrupción. Una vez que Fox, Alemán y Chavez llegaron al poder los periodistas nos convertimos, naturalmente, en un frente de resistencia y crítica. Así es esto del periodismo.

La prensa es el antipoder. Y eso es lo que no acaban de entender Fox, Alemán, Chavez y anexas. Nuestro trabajo es enfrentar a los poderosos. Por eso, si un periodista tiene que definir su relación con los que tienen el poder, es mejor ser enemigo que amigo, es preferible la distancia a la amistad y más vale pagar la comida a que te inviten.

Las rabietas de Fox y compañía surgen de su ignorancia del verdadero papel de la prensa en una sociedad democrática. Los periodistas somos el antipoder; no nos pidan, por favor, ser sus voceros. Para eso mejor contraten a una buena agencia de relaciones públicas.

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