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LAS DURAS BOTAS DE AL GORE

Entrevista con el vicepresidente de los Estados Unidos y candidato presidencial

Miami.

Me lo imaginaba como en las fotos: alto, formal, rígido, serio, desangelado, puntualísimo. La cita era a las dos de la tarde y exactamente a esa hora el vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, entró por la puerta. Y me topé con lo que imaginaba. Ni un pelo fuera de lugar y una dificultad enorme para soltar una sonrisa.

En lo que sí me sorpendió Al Gore fue en la vestimenta. Lo esperaba trajeado y con corbata. Pero en cambio se apareció con una camisa abierta, color amarillo perico, botas vaqueras negras (duras y picudas, de las que sacan sangre al caminar) un cinturón café sosteniendo el pantalón de cuadritos a la mitad del estómago –dan ganas de bajárselo un poquito hasta las caderas, escribió recientemente una reportera- y un saco sport azul.

Apenas alcancé a saludarlo con un “buenas tardes” cuando reviró: “¿me puedes esperar un momento?” y desapareció por la misma puerta por donde había entrado. “¿Qué pasó?”, le pregunté a uno de sus jóvenes asesores. “No sé”, me dijo. “Voy a checar.”

Aparentemente Gore se acordó que tenía que hacer una urgente llamada teléfonica. Sin embargo, durante la breve espera, uno de los asistentes de prensa del vicepresidente me sugirió que me quitara la corbata para que los dos aparecieramos iguales en la entrevista de televisión que estabamos a punto de grabar. No me pareció una concesion demasiado grande.

Me quité la corbata y tan pronto la tiré a una silla volvió a entrar Gore a uno de los fríos y áridos salones del hospital Jackson Memorial de Miami. Por alguna extraña razón, Gore había escogido un hospital para realizar sus actividades de campaña en el sur de la Florida. Me pareció poco común en un estado con tanto sol pero, sin duda, a tono con la imagen congelada de Gore.

Nos volvimos a saludar y le mostré el lugar donde conversaríamos. Se movió lentamente y no dijo ni una palabra. Se notaba muy cansado. Exhausto, a decir verdad. Sus ojeras moradas estaban perfectamente marcadas. Sus ojos, perdidos en algún punto lejano. Las cejas levantadas evitando que los párpados se cerraran. Este hombrezote de casi 200 libras de peso y mas de dos metros de estatura (6 pies, una pulgada) parecía andar en piloto automático. Arrastraba cada uno de sus 51 años. No era para menos.

Llevaba varios meses haciendo campaña por todo el país para asegurar la nominación del partido demócrata a la presidencia de los Estados Unidos. Por fín lo había logrado a principios de marzo con el retiro de la contienda del exsenador Bill Bradley. Pero los desayunos políticos que se convertían en comidas de campaña que se convertían en cenas de recaudación de fondos que se convertían en sesiones de planeación de madrugada lo habían dejado sin energías. No estaba durmiendo mas de cuatro o cinco horas diarias. Se notaba.

Cuando Gore era un adolescente sí tenía mas tiempo para soñar. Pasó un año estudiando en la ciudad de México y “hasta soñaba en español”, me dijo. Pero de esas fantasías en castellano queda poco. Ahora sólo dice frases hechas como: “sí se pude” y “claro que sí” o junta palabras como “p’alante, siempre p’alante” y “comunidad borrrrrricua” (con un fuerte énfasis en la letras R).

La única que realmente habla español en la familia Gore es su hija Kareena, quién trabajó como periodista durante una temporada en España. Pero como todo en su vida, él sigue haciendo un esfuerzo disciplinado y constante.

Desde muy jóven Gore se había preparado para ser presidente. Su padre fue un poderoso senador del estado de Tennessee. Estudió en Harvard. Ganó su primera contienda política –un puesto en el congreso norteamericano- a la edad de 28 años y durante dos cuatrienios ha sido vicepresidente. Pero le falta un paso. El más difícil.

Si las elecciones presidenciales –programadas para el martes siete de noviembre- fueran hoy, habría un final de fotografía. Las encuestas a veces ponen a Gore como ganador y otras veces sitúan al candidato del partido republicano, el gobernador George W. Bush, un poquito por arriba de él.

La cara pálida, alargada y totalmente inexpresiva de Al Gore, recalca el dibujo pintado por la prensa; un tipo bien preparado pero sin carisma. Es considerado uno de los vicepresidentes mas activos en la historia de los Estados Unidos y su influencia ha sido fundamental en areas como el medio ambiente y la expansión tecnológica. Alguna vez, exagerando, Gore se autoproclamó como uno de los inventores de la internet. Luego corrigió. Pero su interés por el tema nunca ha sido cuestionado.

También alguna vez sugirió que la melosa película Love Story había sido inspirada por la historia de su romance con Tipper, su esposa. Eso no lo tuvo que corregir; nadie se lo creyó.

Albert Arnold Gore Jr. proyecta la imagen de alguien que nunca ha roto las reglas. Sin embargo, no es una palomita muerta y tiene un buen record de embarradas. En 1996 participó en una ceremonia en un templo budista en California donde se recaudaron, ilegalmente, miles de dólares para su campaña de reelección. Además, ha reconocido que hizo llamadas desde su oficina en Washington pidiendo dinero a votantes potenciales.

Ambos hechos no sólo son éticamente inapropiados sino que violan las actuales leyes electorales de Estados Unidos. Pero la procuradora general, Janet Reno, nunca consideró que esas violaciones justificaran una investigación independiente. Los opositores de Gore creen, por el contrario, que Reno mostró su favoritismo con esa decisión.

Gore ha tratado de quitarse de encima la sombra del presidente Bill Clinton. No lo invita a sus actos de campaña ni se toma fotos con él en público, como antes. Se atribuye la corresponsabilidad de la prosperidad económica pero le pone los pelos de punta el nombre de Mónica Lewinsky.

Sin embargo, Gore usa muchas de las mismas técnicas de comunicación de Clinton. Cuando entró al salón saludó de mano a todos y cada uno de los camarógrafos y productores que estaban presentes. Pero en eso, no es tan bueno como Clinton. Gore los vió directamente a los ojos pero no repitió sus nombres como acostumbra su amigo Bill.

Mientras le poníamos el micrófono, le mencioné que mucha gente me había comentado sobre su esfuerzo por vestirse de una manera mas informal. “¿Cual de los dos es el verdadero Gore?”, le pregunté. “¿El que viste regularmente de traje y corbata o el que vemos hoy, mas relajado?. “Los dos”, me contestó, seco, sin una sonrisa.

Gore estaba supercansado y todavía tenía muchas cosas por hacer. Se veía ansioso por comenzar la entrevista. Y lo hicimos al estilo Miami; hablando de Cuba y de Elian Gonzalez, el niño balsero rescatado frente a las costas del sur de la Florida y cuya custodia se pelean su padre en Cuba y sus familiares en Miami.

Ramos. ¿Cree usted que Elian debe regresar a Cuba con su padre?

Gore. Yo creo que debe haber una audiencia en la corte para determinar su custodia. Y creo que la decisión se debe basar exclusivamente en un factor; no en la política ni en la diplomacía, sino en el mejor interés del niño. El padre no tiene la libertad de expresar sus verdaderas creencias. La monja O’Laughlin se reunió con sus abuelas y concluyó que el niño se debe quedar. La madre del niño perdió su vida tratando de asegurar la libertad de Elian y creo que sus deseos merecen respeto. Pero creo que la decisión de cuál es el mejor interés del niño no deben hacerla ni políticos ni los funcionarios de inmigración. Debe hacerla una corte de acuerdo a un proceso legal. Así es como hacemos las cosas en los Estados Unidos.

Ramos. ¿Cree usted que la Marina norteamericana está actuando correctamente al insistir en quedarse en Vieques (realizando sus ejercicios militares) cuando la mayoría de los puertorriqueños se oponen a ello?

Gore. Bueno, yo he pedido que la Marina busque otro lugar para realizar sus entrenamientos tan rápido como sea posible.

Ramos. ¿O sea que (la Marina) se debe ir de Vieques?

Gore. Creo que deben buscar un lugar alternativo tan rápido como sea posible y yo creo que ese proceso ya se ha echado a andar. Pero yo les he pedido que se apresuren.

Ramos. Como usted sabe, la agrupación sindical AFL-CIO ha propuesta una amnistía para los seis millones de inmigrantes indocumentados en los Estados Unidos. Usted ha dicho en el pasado que apoyaría esa amnistía “dependiendo de las circunstancias y dependiendo de la manera en que fuera descrita”. Ahora, ¿pudiera ser más específico?

Gore. Bueno, yo voté por una amnistía la última vez que se propuso.

Ramos. Sí, en 1986.

Gore …Yo creo que cualquier propuesta para dar (una amnistía) otra vez debe estar acompañada con políticas que enfrenten los efectos a largo plazo…

Ramos. Pero, en general ¿favorecería usted una amnistía?

Gore. Depende de las circunstancias. Creo que se debe considerar cuidadosamente. Pero creo que se debe ver en el contexto de qué previsiones tiene y cuáles son sus límites. ¿Qué haces con alguién que inmigró ilegalmente el día después de la fecha límite? ¿Cómo evitas enviar una señal de que esto va a volver a ocurrir? Porque entonces tendrías una política de puertas abiertas que no es justa para aquellos que han seguido los pasos correctos y han inmigrado legalmente. Pero, de todas maneras, creo que debemos tratar a todas las personas dentro de nuestras fronteras con respeto.

Ramos. Si la democracia estuviera en peligro en Colombia y usted llegara a ser presidente ¿enviaría tropas norteamericanas a Colombia?

Gore. Bueno, tenemos un compromiso con la gente de Colombia, a solicitud suya, para tratar de luchar en contra de los narcoterroristas. Y hemos trabajado con ellos para tratar de aplastar las tácticas agresivas de estos narcotraficantes. Y nuestros planes son continuar trabajando con la gente de Colombia para tratar de encontrar paz y estabilidad.

Ramos. Como usted sabe, aquí en los Estados Unidos hay rifles y pistolas en 48 de cada 100 hogares. Y aquí los niños matan a los niños. En cambio, en Japón hay pistolas y rifles sólo en una de cada 100 casas. Y allá los niños no asesinan a los niños. ¿Debe los Estados Unidos parecerse mas a Japón en ese sentido? ¿Qué lección sacamos de estas cifras?

Gore. Creo que necesitamos restricciones de sentido común. Como por ejemplo, candados obligatorios en los gatillos (de rifles y pistolas). He pedido una credencial con foto para todos los que compren una nueva arma. Estoy a favor de reestablecer la espera de tres días (para quien compre un arma de fuego). Creo que debemos aumentar las sanciones a quienes cometan un crimen con pistola. Y tener mas efectividad en la puesta en práctica de las leyes que ya existen.

Ramos. Por primera vez en la historia, el próximo presidente de los Estados Unidos va a hablar español.

Gore. Solamente un poquito

Ramos. ¿Por qué pensó que era importante comunicarse en español con los votantes hispanos?

Gore. Me gusta practicar mi español (dijo en castellano). Creo que es una muestra de respeto el tratar de comunicarse en el lenguaje en que la gente se siente mas a gusto. Y la mayoría de los votantes en América se sienten mas a gusto escuchando inglés, pero uno no debe sacar la conclusión de que todos los americanos son iguales. Tengo respeto por las distintas historias y culturas que conforman nuestro país. Somos la única nación del mundo unida, no por la etnicidad o su origen nacional, sino por un grupo de valores comunes. Y somos mas fuertes cuando superamos divisiones y diferencias.

Ramos. Quisiera hablar un poco de la actual campaña presidencial. El gobernador Bush dijo que “usted diría cualquier cosa con tal de ser elegido (presidente)” y puso en ridículo su propuesta de reformar el sistema de financiamiento de las campañas presidenciales. Bush está diciendo que, después de todo, es usted quién hizo llamadas inapropiadas desde su oficina y que es usted quien fue a un templo Budista para participar en actividades ilegales de recaudación de fondos electorales. En otras palabras, Bush lo está presentando como un hipócrita. ¿Cómo le responde?

Gore….Yo he cometido errores; los he reconocido. He aprendido de ellos. La pregunta es si el gobernador Bush ha aprendido de sus errores. Yo creo que es un error oponerse a la prohibición de ciertas contribuciones electorales (conocidas en inglés como soft money); contribuciones de intereses especiales –individuos, corporaciones o sindicatos. Es un error haber recibido mas de 70 millones de dólares por afuera de los limites tradicionales de gastos de campaña. Yo creo que es un error oponerse a las reformas que yo he urgido. Yo espero que (Bush) tome este asunto seriamente.

Ramos. Mucha gente está cuestionando su lealtad al presidente Clinton. Dicen que usted lo apoyo por siete años y que ahora le está dando la espalda. Si la economía está tan bien ¿por qué quiere distanciarse del presidente Clinton?

Gore. Yo no me quiero distanciar de él y yo no he escuchado a nadie decir eso. Mi relación con él tiene fundamentalmente cuatro partes. Somos amigos, antes que nada. Segundo, yo critiqué sus errores personales como lo hizo todo americano.

Ramos. ¿No es eso marcar una distancia?

Gore. No, porque hay cuatro partes en esta relación. Tercero, he luchado junto a él muchas batallas a nombre de los norteamericanos. Hemos transformado los mas grandes deficits en superavits, y hemos cambiado la peor recesión desde los años 30 en la mejor economía en la historia de los Estados Unidos. Y cuarto, es que tengo que ganar (está elección) por mí mismo. Estoy haciendo campaña con mi propia agenda y con mi propia visión para el futuro…Y la agenda que debe seguir el país en el año 2001 es claramente distinta a la que tenía en 1993 porque hemos corregido el curso económico. Ahora tenemos la oportunidad de utilizar nuestra prosperidad para asegurarnos que nadie se quede atrás.

Ramos. Uno de los problemas mas serios de la comunidad latina es el increíblemente alto índice de deserción escolar entre sus estudiantes. ¿Qué haría usted para remediarlo?

Gore. He tenido el honor de proponer una iniciativa para utilizar 600 millones de dólares de una manera muy específica para reducir el inaceptablemente alto nivel de deserción escolar entre los estudiantes hispanos. Este grupo de norteamericanos tiene un nivel de deserción escolar mucho mas alto que cualquier otro grupo. Hay razones entendibles de por qué esto ocurre. Pero también hay soluciones. Y yo quiero hacer de esto una prioridad.

Ramos. Por supuesto, es muy pronto para que usted escoja a su candidato a la vicepresidencia por el partido demócrata. Pero ¿descartaría usted a algún hispano?

Gore. Desde luego que no.

Ramos. ¿Consideraría (al secretario de energía) Bill Richardson?

Gore. No estoy haciendo ni una lista larga, ni una lista corta.

Me había chupado el tiempo asignado a la entrevista. Pero no quería acabar en ese tono tan serio. Así que le recordé que en 1998 él había cantado un rap en español, con la esperanza de que me repitiera alguna de las estrofas musicales. Gore abrió la boca y me enseño los dientes, como tratando de reir y ahí quedó todo. No es un hombre de excesos ni de experimentos. Dice sólo lo que quiere decir.

Qué ingenuo; quería terminar la entrevista con Gore cantando rap.

Misión imposible.

 

Nota Importante: la entrevista fue editada por cuestiones de espacio y coherencia.

 

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