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LOS CONDONES DEL CARDENAL

Nunca me imagine que el cardenal Alfonso López Trujillo fuera un experto en el uso de condones. Hoy, a los 68 años de edad y como presidente del Consejo Pontificio Vaticano para la Familia, no creo que tenga condones guardados en su mesita de noche o en su cartera, ni que esté familiarizado con todos los colores, formas, tamaños y sabores en que vienen los preservativos. Digamos, para no ofender, que hay un condón para cada gusto. Lo preocupante, sin embargo, es que alguien que no tiene ninguna experiencia en el uso de condones -López Trujillo se ordenó sacerdote a la tierna edad de 25 años- se ponga a decir cosas que ponen en riesgo la vida de, quizás, millones de personas en todo el mundo.

De manera por demás irresponsable, el cardenal colombiano declaró al programa Panorama de la cadena BBC de Londres (difundido en todo el planeta) que los condones no servían para evitar los embarazos ni para contrarrestar la epidemia del sida. El sacerdote, cuyo trabajo es fijar la postura de la iglesia católica respecto a la familia, dijo en el programa que “el virus causante del sida es aproximadamente 450 veces más pequeño que un espermatozoide (y que) un espermatozoide puede pasar fácilmente a través de la red que forma el condón.”

Las ignorantes declaraciones de López Trujillo darían risa si no fueran porque provienen de un alto funcionario de la iglesia católica y porque expone a muchas personas, primero, a embarazarse sin desearlo y, segundo, a contraer el virus del sida y morir. En otras palabras, el cardenal está diciendo: no usen los condones, no sirven, el semen y el virus del sida pasan por agujeros minúsculos. Mentira. Los condones de latex, valga la aclaración, son el arma principal para controlar la epidemia del sida, tanto en Africa como en América Latina, y si son usados correctamente no permiten el paso de espermatozoides, virus ni enfermedades venereas. Eso es lo que dice la ciencia.

Cuando me enteré de este vergonzoso asunto hablé inmediatamente a la Organización Panamericana de la Salud en Washington (que depende a su vez de la Organización Mundial de Salud). Ahí se me habían adelantado y ya estaban bien preparados con un par de comunicados desmintiendo al cardenal López Trujillo. Uno de ellos, de ONUSIDA, decía lo siguiente: “Hay amplia evidencia científica de que los condones de latex para hombres no permiten el paso de agentes infecciosos, como el VIH, cuando se usan correctamente. Cualquiera que aconseje lo contrario está equivocado. Esas declaraciones incorrectas acerca de los condones y el sida son peligrosas ya que estamos enfrentando una epidemia mundial que ha matado a 20 millones de personas y que, actualmente, afecta al menos a otros 42 millones”.

El gobierno de Brasil, donde se concentra el mayor número de católicos del mundo, tampoco se quedó atrás. En una “Nota Oficial” del Ministerio de Salud del gobierno del presidente Lula da Silva califican como “una actitud irresponsable del Vaticano y del ala conservadora de la Iglesia Católica” las dudas sobre la eficacia de los preservativos para evitar la transmisión del virus VIH. El consenso de la comunidad científica internacional es unánime: los condones, mi querido cardenal, no tienen hoyitos invisibles y sí evitan la transmisión del sida.

A pesar de las varias expresiones de condena a una declaración tan diabólica, el cardenal López Trujillo sigue montado en su macho. Cuando la estación colombiana W Radio lo entrevistó para aclarar su postura, el sacerdote dijo que su argumento de que los condones no servían se basaba en “informes provenientes de más de 10 mil médicos”. En su próxima confesión el cardenal tendrá que reconocer que ha pecado o, al menos, exagerado. Nadie sabe -ni él- quienes son estos supuestos “10 mil médicos”. Sería bueno que nos presentara, por lo menos, a uno.

Hay palabras que hieren, que hacen daño. Y las del cardenal López Trujillo caen en esa categoría. Su claro propósito es disuadir el uso del condón. Pero, como consecuencia de su cruzada anticondón, podrían aumentar el contagio y las muertes de sida en el mundo. Conozco, aunque no comparto, la negativa de la iglesia católica a aceptar el uso de preservativos. Pero una cosa es oponerse a su uso y otra desinformar descaradamente poniendo en peligro a quienes creen en sus palabras.

¿Estará el Papa Juan Pablo II enterado de lo que dijo su cardenal? ¿Habrá aprobado el Vaticano sus declaraciones? Difícilmente lo sabremos. Lo triste e inexplicable es que éste religioso -tan cercano al Papa y, supuestamente, tan cerca del cielo- esté dispuesto a hacer tanto daño a tanta gente. ¿Y saben qué es lo peor de todo? Que existe una posibilidad, aunque lejana, de que éste, el cardenal de los condones con hoyitos, pudiera ser el próximo Papa. Si eso fuera así, incluso con condones, que dios nos agarre confesados.

Posdata democrática. Para los que dudan de que México avanza, basta saber que el Instituto Federal Electoral (IFE) ofreció su ayuda para organizar elecciones en Irak. Así es; México, el país que se dió a conocer en todo el mundo por sus mayúsuculos fraudes electorales en la época en que gobernaba el PRI, hoy da lecciones de cómo realizar unas votaciones limpias. No es broma. El IFE ya ha ofrecido su asistencia técnica en más de 20 países. E Irak pudiera ser el próximo. ¿Qué tal?

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