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MEL Y KEN

Miami.

En medio del caos electoral -que por segunda ocasión en cuatro años empaño las votaciones en Estados Unidos- hay dos extraordinarias historias que rescatar: la de Mel y la de Ken.

Mientras el resto de los norteamericanos se sumergía en los vizantinos detalles de la ley electoral del oscuro estado de Ohio, los más de 40 millones de latinos que viven en Estados Unidos se emocionaban al ver que dos hispanos -¡dos!- llegaban al senado en Washington. Desde 1964 no se elegía a un hispano al senado norteamericano y solo habían existido tres en la historia. Pero la historia cambió este dos de noviembre.

El Republicano Mel Martínez, un cubano de 58 años de edad, venció tras una durísima y muy sucia campaña en la Florida a su contrincante Demócrata, Betty Castor. Mel, que llegó solo de Cuba a Estados Unidos a los 15 años de edad, será también el único inmigrante dentro del senado norteamericano.

El Demócrata Ken Salazar, de origen mexicano, le ganó al magnate de la industria cervecera de Colorado, el Republicano Pete Coors. La familia de Salazar lleva 12 generaciones viviendo en Nuevo México y en Colorado, es decir, antes de que esos territorios pasaran a manos de Estados Unidos en 1848. La familia de Ken Salazar no cruzó la frontera; la frontera los cruzó a ellos.

La combinación senatorial hispana no podía ser más balanceada: un Republicano y un Demócrata, un cubano y un mexicoamericano, un conservador y un liberal. Los latinos de Estados Unidos, que tanto han sufrido de falta de liderazgo, ahora tienen dos personas que peleen por sus asuntos. Lo curioso es que ambos ganaron sus puestos en el senado enfatizando su asimilación al mainstream americano y no su hispanidad.

A pesar de lo anterior, no queda la menor duda que Ken y Mel tendrán un oído bien afinado a las preocupaciones de los latinos. El discurso de aceptación de Ken en Denver, Colorado, estuvo acompañado de gritos de “Sí se puede, sí se puede.” Y en una de sus entrevistas después de autoproclamarse ganador, Mel Martínez aseguró que “primero tendremos que atender el asunto de la inmigración.”

La presencia de Mel y Ken en el senado norteamericano es una oportunidad única para que América Latina se convierta en una prioridad de la política exterior norteamericana. No habrá presidente y alto funcionario latinoamericano que visite Washington que no pase por las oficinas de estos dos senadores electos. Además, los dos hablan bien el español (en especial Martínez). Y cualquier tema de importancia que afecte al continente –desde una reforma migratoria hasta la revisión de los acuerdos de libre comercio, el plan Colombia y la crisis permanente de Venezuela- tendrá por fin un par de interlocutores para ser debatido en el senado de Estados Unidos.

Quizás una de las primeras batallas de estos dos nuevos senadores sea la de detener el clima antiinmigrante que prevalece en Estados Unidos tras los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001. Y como ejemplo basta mencionar la llamada Propuesta 200, aprobada este dos de noviembre por la mayoría de los votantes en Arizona, que amenaza con acusaciones criminales a todos aquellos funcionarios públicos, policías y doctores, entre otros, que no denuncien a inmigrantes indocumentados que soliciten servicios públicos. La Propuesta 200 suda discriminación, ignorancia y racismo.

Ken y Mel, con las típicas abreviaciones de sus nombres que tanto gustan e impactan a los norteamericano, se acaban de convertir en miembros de uno de los clubes más exclusivos del mundo. La amplia mayoría de los 100 senadores está conformada por hombres blancos anglosajones; únicamente un afroamericano, Barack Obama, forma parte del club. Pero en su limitado número radica también su importancia e influencia. Un congresista o representante puede pasar desapercibido entre sus 434 compañeros. Un senador no. Mel y Ken, un par de desconocidos a nivel nacional, están a punto de entrar a las ligas mayores de la política norteamericana.

Mientras que la mayoría de los estadounidenses votaban incitados por el miedo y veían confusión e incertidumbre en los resultados de las elecciones presidenciales, los hispanos redescubrían la esperanza. Las familias hispanas tienen ahora a dos personas a quienes apuntar con orgullo cuando sus hijos no sepan qué quieren ser de grandes. El mensaje es inequívoco: “Si Mel y Ken pudieron, m’ijo, tú también puedes.”

Next? Un juez latino en la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos. Pero, por ahora, los hispanos ya tienen más de una veintena de congresistas, a un gobernador –Bill Richardson López, de Nuevo México- y ahora, por fin, han encontrado su voz en el senado. Y no cabe duda que dos pueden gritar más que uno.

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