Opinión

MEXICO LINDO Y QUERIDO, SI MUERO LEJOS DE TI

No va a ser fácil que entierren a Basilio en Cuautla, México. Es caro, complicado, lleno de requisitos burocráticos y más aún cuando hay que trasladar sus cenizas desde Nueva York en medio de la pandemia.

Tuvo que pasar un mes y cuatro días para que Félix Pinzón pudiera incinerar los restos de su hermano Basilio, de 45 años y quien contrajo el virus en Nueva York. Las funerarias de la ciudad no se daban a basto. Y todavía no tiene el acta de defunción. Así no lo puede repatriar a México.

​-“¿No se le ocurrió a Basilio que lo enterraran en Nueva York, donde trabajó durante tantos años?” le pregunté a su hermano Félix.

​-“No”, me contestó. “Estoy seguro que Basilio hubiese querido regresar con los suyos, con su familia”. La esposa y los hijos de Basilio viven en México. “Es algo obvio que todos los mexicanos tenemos; no quedar lejos de nuestra tierra. Prácticamente toda nuestra familia está en México”.

​Más de mil mexicanoshan muerto en Estados Unidos por la pandemia y muchos de ellos no querían que los enterraran aquí. Tenían, con sus amigos y familiares, un acuerdo tácito: si me muero en Estados Unidos, llévenme a México para enterrarme.

​Esto forma parte de una larga tradición que quedó grabada en una canción de Jorge Negrete y que dice así: “México lindo y querido, si muero lejos de ti, que digan que estoy dormido y que me traigan aquí…”.

​La gran mayoría de las muertes de mexicanos en Estados Unidos han ocurrido en el estado de Nueva York, donde la pandemia atacó con mayor crueldad. Hay tantos poblanos trabajando en la ciudad de Nueva York que muchos le llaman Puebla York. Y, por lo tanto, le ha tocado al Consulado de México en Nueva York lidiar con la dolorosa, tardada y compleja tarea de repatriar los restos de sus connacionales. Hay más de 500 solicitudes de repatriación entre los 687 mexicanos que han muerto de coronavirus en Nueva York, según me comunicó un portavoz del consulado.

​Es más fácil, y menos caro, regresar cenizas que cuerpos. Pero hay muchos inmigrantes mexicanos que no lo pueden pagar. “Nuestras ayudas van hasta 1,800 dólares por cada caso”, me informó el cónsul general de México en Nueva York, Jorge Islas. Como el edificio del consulado sigue cerrado, su personal está operando de forma remota y expidiendo documentos de emergencia. “Tenemos una tradición que se remonta a la época mesoamericana. Tenemos una tradición cultural muy fuerte con respecto a los difuntos. Y mucha de la tradición es llevarlos a sus lugares de origen. La gente nos dice: quiero tener un lugar a donde yo pueda ir a rezarle, a llorarle y cada año llevarle flores. Es algo nuestro”, me dijo el cónsul.

​La película Coco, producida por Pixar y distribuida por los estudios Walt Disney, popularizó hace un par de años la cercana e inusual relación que los mexicanos tienen con la muerte. Nuestros muertos, de alguna manera, nunca mueren. Y por eso los queremos cerca para conversar con ellos y apapacharlos, aunque no los podamos tocar. Es muy parecido al distanciamiento social que hoy en día, debido a la pandemia, tenemos con miembros de nuestras propia familia. Están ahí pero no podemos abrazarlos.

​”Nuestras canciones, refranes, fiestas y reflexiones populares manifiestan de una manera inequívoca que la muerte no nos asusta”, escribió Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad, uno de los libros que mejor explica el comportamiento de los mexicanos. Decía Paz que a la muerte “el mexicano la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor mas permanente(…) Para los antiguos mexicanos la muerte no era el fin natural de la vida, sino fase de un ciclo infinito”.

​Y precisamente para que ese ciclo no se rompa, hay que regresar a México. Los mexicanos se están yendo de Estados Unidos en grandes números, vivos o muertos. Con pandemia o sin ella.

​Para muchos mexicanos Estados Unidos ya no resulta un país tan atractivo para trabajar, vivir y formar una familia como lo era antes. Desde el 9/11 hay un creciente clima antiinmigrante que se ha intensificado con Donald Trump en la presidencia. Menos mexicanos están viniendo y más se están yendo. Más de un millón de mexicanos se fueron voluntariamente de Estados Unidos a México (del 2010 al 2018), según un estudio. Y otro, del centro Pew, asegura que en su mayoría (61%) lo hicieron por razones familiares.

​La familia jala. Hasta la muerte.

​Nadie desea ser un inmigrante. El inmigrante es obligado a serlo por razones económicas o políticas. Y por eso no resulta tan extraño que, en caso de muerte, muchos mexicanos hayan preferido que los regresaran a su país de origen.

​No hay nada más personal que el decidir dónde quieres que te entierren. Desde la tardía cremación de Basilio el 4 de mayo -cuando hubo una pequeña ceremonia de cuerpo presente en Nueva York con cuatro personas, incluyendo el sacerdote- Félix no ha podido enviar, todavía, los restos de su hermano a México. Pero no va a parar hasta lograrlo. “Es algo normal que cualquier mexicano desea regresar a su patria y ser sepultado allá”, me dijo. Las lealtades de Basilio siempre estuvieron claras.

​México lindo y querido…

Por Jorge Ramos Ávalos

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Presentador de Noticiero Univision desde 1986. Escribe una columna semanal para más de 40 periódicos en los Estados Unidos y Latinoamérica y publica comentarios de radio diarios para la red de Radio Univision. Ramos también acoge Al Punto, el programa semanal de asuntos públicos de Univision que ofrece un análisis de las mejores historias de la semana, y Fusión AMERICA con Jorge Ramos, un programa de noticias dirigido a jóvenes adultos. Ramos ha ganado ocho premios Emmy y es autor de diez libros, el más reciente, STRANGER, El desafío de un inmigrante latino en la era de Trump.

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