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PUERTO RICO: INDEPENDENCIA INVOLUNTARIA

Miami.

No creo estar escuchando mal. Y lo que oigo son llamados –y a veces hasta gritos- por la independencia de Puerto Rico. Esto ciertamente llama la atención en una isla donde el voto independentista no ha alcanzado ni el cinco por ciento en los pasados plebiscitos. Pero los gritos son cada vez mas fuertes, mas constantes y, a la larga, pudieran cambiar significativamente la actual relación de los Estados Unidos con Puerto Rico.

Lo que estamos viendo y escuchando es lo siguiente. Que hace unos días, en Lares, Puerto Rico, se reunieron miles de personas para recordar la lucha independentista de los puertorriqueños frente a la colonia española del siglo pasado. (Hacía mucho que no se reunía ahí tanta gente.) Que el presidente norteamericano Bill Clinton decidió perdonar a 16 nacionalistas puertorriqueños, a pesar de que altos funcionarios del FBI (como Neil Gallaguer) aun los consideran “terroristas que representan una amenaza para los Estados Unidos”. Que puertorriqueños de los mas disímiles partidos políticos se han unido para pedir que la marina norteamericana se retire de la isla de Vieques.

De todo lo anterior, el asunto de Vieques es el más representativo. La congresista Nydia Velázquez, para poner un ejemplo, ha dicho que ya “es hora de liberar al pueblo de Vieques de la ocupación militar de su tierra”. Y yo me pregunto, si los puertorriqueños quieren sacar a los estadounidenses de Vieques ¿acaso no los querrán, también, fuera de todas las islas de Puerto Rico? Al enviarle una nota a su asesor de seguridad nacional, Samuel Berger, el presidente Clinton escribió sobre Vieques que “ellos (los puertorriqueños) no nos quieren allí; esa es la cuestión principal”. Es decir, Estados Unidos está muy conciente de que hay partes de Puerto Rico donde no son bienvenidos. Permítanme caer en una simplificación, pero el tema de Vieques es como tener a alguien durmiendo en tu casa durante años, para luego decirle: “¿sabes qué? quiero que saques tus cosas del cuarto donde has estado durmiendo y que nunca mas te vuelvas a meter ahí.” Cualquier persona, con un poquito de sentido común, diría: “estoy de acuerdo, pero no solo me voy a salir del cuarto sino que me voy de tu casa y, además, no esperes que te siga ayudando económicamente como antes ni creas que algún día te irás a vivir conmigo”.

La situación, desde luego, es mucho mas compleja. Pero el mensaje respecto a Vieques es claro: los puertorriqueños no quieren a los Estados Unidos ahí. Independientemente de lo que ocurra –que la marina de Estados Unidos se vaya de Vieques o que limite sus ejercicios militares- el daño a la relación está hecho.

Ahora bien, si sumamos el rechazo norteamericano en Vieques con el resurgimiento nacionalista por la liberación de los independentistas puertorriqueños, lo que nos encontramos es que los grandes perdedores son aquellos que quieren que Puerto Rico se convierta en el estado 51 de los Estados Unidos. La estadidad no se va a dar mientras se exista el actual clamor por la independencia…aunque venga de un sector minoritario.

Por esto están tan nerviosos quienes se quieren unir a los Estados Unidos. Ya andan organizando una marcha “pro-americana” que –esperan- “corrija la imagen distorsionada” de que los puertorriqueños quieren la independencia. Y el mismo gobernador Pedro Rosselló, quien favorece la estadidad, ha sugerido un plebiscito –otro más- para dejar claro que la mayoría rechaza la independencia.

Quizás ya es demasiado tarde para esto. El senado norteamericano no tiene la menor intención de discutir la posibilidad de convertir a Puerto Rico en el estado 51. Vieques es la excusa que por tanto tiempo estuvieron buscando. Y en Puerto Rico, ni la estadidad ni el actual estado libre asociado tienen suficientes votos para ganar ampliamente un plebiscito. Así que, tal vez lo que estamos viendo es como Puerto Rico se está convirtiendo en un estado independiente por default. Es decir, ante la imposibilidad de escoger, claramente y sin dudas, por la estadidad o el estado libre asociado, los puertorriqueños se están quedando –aun sin que la mayoría lo quisiera- con la única alternativa disponible: la independencia involuntaria.

¿Y que pudiera significar este tipo de independencia? Bueno, que Puerto Rico poco a poco pudiera ir perdiendo los beneficios que recibe de los Estados Unidos. Así como desapareció paulatinamente la ley 936 -que daba incentivos fiscales a empresas norteamericanas para establecerse en la isla- así podrían ir desapareciendo también los distintos tipos de ayuda del gobierno de Estados Unidos a Puerto Rico.

De nuevo, estamos hablando de una independencia por default, de una independencia involuntaria, no buscada por la mayoría pero que surge al no haber escogido ninguna otra opción. Puerto Rico ¿independiente? No. Por ahora. Pero ciertamente, durante los últimos meses, los gritos y llamados nacionalistas e independentistas no nos han permitido escuchar otras voces. Los independentistas, aunque les duela a muchos, han sabido presentar sus argumentos con muchísima mas fuerza y coherencia que el resto de los puertorriqueños.

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