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REDADAS INUTILES

Winston-Salem, Carolina del Norte. Esta ciudad, con el extraño nombre de dos cajetillas de cigarro, está en el mismo centro de la industria tabacalera norteamericana. Sin embargo, incluso aquí, fumar está mal visto. En los hoteles, restaurantes, tiendas, oficinas y en el aeropuerto, los apestosos (y adictos) que se chupan la vida en cada fumada, son enviados -como castigo- a rincones y esquinas donde su humo no mate, también, a los demás. Pero fumar sigue siendo un vicio delicioso y mortal. Y así, mientras los productores de tabaco buscan nuevos mercados para sus cigarrillos fuera de Estados Unidos, en Carolina del Norte crece y se reproduce una pujante comunidad de inmigrantes latinoamericanos.

Carolina del Norte es uno de los estados con el mayor crecimiento de población latina en todo Estados Unidos. El número de hispanos creció 1,180 por ciento en Raleigh, 962 por ciento en Greensboro y 932 por ciento en Charlotte en la última década. Aquí, los inmigrantes están tomando los trabajos que los norteamericanos no quieren.

Los mismos inmigrantes que antes cosechaban primordialmente las plantas de tabaco, hoy también trabajan en compañias textiles, como meseros y cocineros, de empleados de limpieza… Esos son los trabajos que pagan seis dólares la hora (o menos) y que ningún estadounidense querría. Además ¿quién quiere, por ejemplo, un empleo que te obliga a entrar a las doce de la noche y salir a las ocho de la mañana? Nadie. Excepto, claro está, inmigrantes que los necesitan para sobrevivir.

Este es el caso de unos 300 inmigrantes indocumentados que limpiaban 61 tiendas Walmart. Hace poco fueron detenidos en redadas realizadas en 21 estados. ¿Su crimen? Trabajar sin papeles. Ahora, casi todos están a punto de ser deportados. Walmart asegura que subcontrata los servicios de limpieza y que, por lo tanto, la responsabilidad legal de haber contratado a esos indocumentados no es de la gigantesca corporación. Pero, independientemente de quién los contrató, estas redadas son injustas, inútiles y no toman en cuenta las enormes aportaciones de los inmigrantes a la economía de Estados Unidos; más de 10 mil millones de dólares anuales, según la Academia de Ciencias.

El nuevo Servicio de Inmigración de Estados Unidos dice que se tardó cinco años en realizar la investigación que culminó con esos 300 arrestos. No sé cuánto dinero se gastaron desde 1998, pero lo que sí sé es que se trató de una pérdida de tiempo y de dinero. ¿Por qué? Porque el mismo día que arrestaron a esos inmigrantes, mil personas cruzaron ilegalmente la frontera entre México y Estados Unidos o se quedaron en el país más tiempo del permitido por sus visas. Ese es el promedio diario de entradas ilegales. O sea, las redadas fueron inútiles para resolver el problema de los indocumentados.

Hay veces -pocas- en que a los periodistas les llegan las noticias en lugar de ir a buscarlas. Y eso me pasó aquí. En una librería de Winston-Salem conocí a un grupo de seis mexicanos que limpiaban tiendas Walmart pero que, por suerte, no fueron incluídas en las redadas. Pero su suerte terminó al día siguiente cuando la compañia de limpieza (subcontratada por Walmart) los despidió por no tener sus papeles para trabajar. Ahora se

quejan de despidos injustificados y de que no les pagaron sus últimos días de trabajo. Desde luego, no se atreven a denunciar esto a la policía por temor a ser deportados.

Ahí también conocí a Yarely, una joven madre mexicana que se echó a llorar mientras me contaba su caso. Su esposo Adolfo, de 24 años de edad y originario de Veracruz, fue uno de los detenidos en las redadas (junto con otros 89 mexicanos). El trabajaba en el Walmart de Randleman, Carolina del Norte. Adolfo, según me contó su esposa, ya tiene cuatro años en Estados Unidos y, como hablaba un poquito de inglés, servía además de traductor entre los dueños de la compañia de limpieza y el resto de sus compañeros. Pero alguien -no me quedó muy claro quién fue- acusó a Adolfo de ser un coyote (traficante de indocumentados) y su esposa Yarely necesita 10 mil dólares para pagar la fianza y que lo dejen en libertad provisional. Ella asegura que Adolfo, su esposo, no es un coyote. Todo esto me lo contó Yarely entre sollozos mientras cargaba a su hija Tifanny, de un año de edad, y ya nacida en Estados Unidos. Si Adolfo, que sigue encarcelado, es deportado a México, su hija -una ciudadana norteamericana con los mismos derechos que el propio presidente Bush- crecerá sin su papá a su lado.

El Departamento de Justicia (que implementa las políticas migratorias) ordenó sus redadas contra Walmart -la más grande cadena de tiendas del mundo- para tratar de demostrar que nadie está por encima de la ley. Pero el resultado fue contraproducente. Quizás los verdaderos culpables sean una serie de pequeñas compañías de limpieza. Lo que sí han demostrado, en realidad, es que hay indocumentados en todos los rincones de Estados Unidos, que sus redadas son totalmente inútiles y que destruyen familias, que las actuales leyes de inmigración son violadas cada segundo y que urge una reforma migratoria.

En lugar de estar persiguiendo inmigrantes trabajadores, padres y madres de familia, y contribuyentes de la sociedad norteamericana, el Departamento de Justicia bien haría en poner todos sus esfuerzos -y recursos- en buscar terroristas. Los terroristas y criminales, temo decirles, no se dedican a limpiar tiendas en la madrugada por seis dólares la hora.

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