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TELESUR O TELECHAVEZ

Dentro de unas semanas va a salir al aire un experimento televisivo que pudiera cambiar la manera en que se reportan, producen y comunican las noticias en América Latina. Se llama Telesur y es, como era de imaginarse, una iniciativa del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Pero la pregunta es si Telesur, en realidad, no será una forma de encubrir a TeleChávez.

Telesur funcionará desde un anexo del edificio de Venezolana de Televisión en Caracas, saldrá al aire a finales de marzo o principios de abril, y tendrá corresponsales en Los Angeles, Buenos Aires, Lima, Bogotá y Río de Janeiro. Varios países, como Uruguay, Argentina y Brasil, ya se han apuntado para retransmitir su programación y formar parte del consejo editorial. Al frente del proyecto estarán el ministro de información de Venezuela, Andrés Izarra –quien ha trabajado en la NBC, la CNN en Atlanta y en Radio Caracas Televisión- y el periodista colombiano Jorge Enrique Botero, conocido por sus reportajes investigativos y por su acceso periodístico a las guerrillas de las FARC.

Parece legítimo el esfuerzo de los países del sur del continente de crear un nuevo canal de noticias, información y cultura que sea un balance de los contenidos de otras cadenas internacionales que transmiten desde Estados Unidos. Cuando ocurre un evento de importancia a nivel mundial –los actos terroristas del 11 de septiembre, las guerras en Afganistán e Irak, los atentados en Madrid…- millones de latinoamericanos dependen de CNN en Español, Univision, Telemundo Internacional o de cadenas en inglés (como CBS, ABC, NBC, FoxNews y CNN) para saber qué está pasando. Y muchas veces, hay que reconocerlo, la perspectiva de los que vivimos en Estados Unidos no es la misma de los que trabajan en otras partes del mundo.

Por ahí anda circulando una broma que dice así: ¿Cual es la principal diferencia entre los medios de comunicación en Estados Unidos y la cadena árabe de noticias Al Jazeera? Bueno, la diferencia es que las cadenas estadounidenses transmiten cuando despegan los cohetes dirigidos contra Irak y Al Jazeera reporta cuando caen.

Son, sin duda, dos perspectivas de un mismo evento.

En México, Argentina, Venezuela, Colombia y Chile, por mencionar solo algunos países, he visto estupendos noticieros de televisión que envían a sus corresponsales a cualquier parte del mundo cuando es necesario. Y para ejemplo están las recientes coberturas desde Roma tras la hospitalización del Papa. Pero no existe, es cierto, una cadena de noticias latinoamericana que una todos estos esfuerzos. Telesur pudiera llenar ese hueco.

Sin embargo, me preocupa muchísimo que Telesur se convierta desde sus primeros días en un megáfono internacional de los discursos interminables de Hugo Chávez y una plataforma satelital de sus desenfrenadas ambiciones personales. Chávez ya lo controla casi todo en Venezuela: la asamblea, la constitución, la corte suprema y el ejército. Y a través de Telesur pudiera expandir, sin control, su agenda internacional.

¿Quién se va a atrever en la mesa de asignaciones de Telesur a rechazar una propuesta de cobertura o reportaje que venga desde el Palacio de Miraflores? ¿Sus periodistas tendrán plena independencia para decidir qué es noticia y qué no lo es? ¿Tendrán los opositores de Chávez el mismo tiempo al aire que el presidente?

Ojalá que los periodistas que acepten trabajar en Telesur demuestren su profesionalismo, imparcialidad y distancia del poder. Pero si, por el contrario, existe la percepción de que son simples voceros de la propaganda chavista perderán inmediatamente lo único que vale de un periodista: su crediblidad. Ya lo veremos.

Mientras tanto, un reciente incidente en Argentina me dio muy mala espina sobre el posible futuro de Telesur. Durante su visita a Buenos Aires, el presidente Hugo Chávez se quejó de que las cadenas internacionales de noticias casi nunca cubren sus actos de gobierno ni sus discursos. “Por eso tengo que hablar tanto aquí”, dijo. Es decir, Chávez quiere que Telesur transmita todo lo que CNN y la BBC se han rehusado a difundir.

Chávez, quien frecuentemente se compara con Jesucristo y con Bolívar, seguro cree que todos sus discursos son noticias. Por eso rompe la programación de las televisoras privadas en Venezuela y las obliga a transmitir sus rollos kilométricos. Y ahora, si nadie lo para, usará Telesur para que lo escuchen a todas horas y en todos los países de sudamérica. (Ante eso, el botón de off del control remoto es siempre una opción.)

Telesur puede ser un buen proyecto si no es secuestrado por Chávez y el chavismo. Para que Telesur tenga una gran audiencia y una buena reputación periodística a nivel internacional es preciso que se despegue ideológica y operativamente del gobierno de Chávez. Solo un consejo editorial independiente de presiones gubernamentales puede salvar a Telesur.

A pesar de las serias limitaciones económicas, algunos de los mejores periodistas que conozco trabajan en América Latina. Además, las televisoras sudamericanas cuentan con muy buenos técnicos y productores que pudieran darnos una visión distinta, más completa y crítica, de nuestro continente y del mundo. Lo irónico es que el principal peligro de Telesur es el mismo hombre que la echará a andar: Hugo Chávez.

Debe ser Telesur. No TeleChávez.

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