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UN DIPLOMATICO POCO DIPLOMATICO

Nueva York.

Con sus largas canas arremolinadas y unos lentes chiquititos descansando sobre una nariz larga y afilada, Adolfo Aguilar Zinser podría ser confundido, a lo lejos, con un despistado profesor universitario. Pero basta acercarse, estrecharle la mano y enfrentar su mirada de investigador para constatar que este hombre de 53 años -vestido de traje cruzado azul ocuro, camisa blanca y corbata de fina seda verde- está bien parado en el mundo. No hay despistes ni distracciónes.

De cerca, sus rebeldes canas se retuercen como columnas de humo de una chimenea de ideas. Aguilar Zinser no deja de pensar y repensar: agarra una idea y la revuelca hasta verla por todos lados, como si fuera un cuadro cubista. Hay una avalancha de ideas y de preguntas que le obsesionan a este delgado hombre (que no pasa del metro con 70 centímetros ni de los 70 kilos). ¿Qué pasó? ¿Por qué lo corrieron como embajador de México ante la Organización de Naciones Unidas (ONU)? ¿Puede una frase mal intepretada terminar con la carrera de uno de los políticos más atípicos que ha tenido México? ¿Qué tuvo que ver Colin Powell y el gobierno norteamericano con su renuncia? ¿Por qué no lo defendió el presidente Vicente Fox? ¿Acaso no era su amigo?

Es la una y media de la tarde en una suite del hotel W New York. Decidimos hacer la entrevista en un hotel porque, literalmente, él se quedó sin oficina de la noche a la mañana. “Regálame algo de tomar”, me pide. Es buena señal, pienso. Viene con ganas de hablar. Abro el minibar y encuentro cervezas alemanas, dominicanas y mexicanas. Le ofrezco, entre bromas, un Corona. Se ríe y la rechaza. “Mejor dame una coca-cola.” No se me escapa la ironía. Este político y académico a quien algunos acusan de antinorteamericano prefiere, en la mitad de la tarde, un refresco estadounidense a una cerveza mexicana.

La razón oficial por la que Adolfo Aguilar Zinser fue destituido como embajador de la Misión Permanente de México en Naciones Unidas es por una frase que pronunció durante una conferencia en la Universidad Iberoamericana, en la ciudad de México, el pasado jueves 13 de noviembre. Ahí dijo textualmente: “Estados Unidos nunca ha visto a México como su socio, como hace con sus socios europeos; a nosotros nos ven como patio trasero.” Punto. Eso fue todo. Siete días después, el jueves 20 de noviembre

-aniversario de la revolución mexicana- Aguilar Zinser escribía una carta dirigida al presidente Vicente Fox presentando su renuncia.

-“¿Cómo le llamamos?” le preguntó al empezar la entrevista. “¿Embajador? ¿Exembajador?”

-“Exembajador”, contesta tranquilo. “Ciudadano. Adolfo Aguilar Zinser.”

A Aguilar Zinser también le han llamado de otra forma. Sus críticos lo han calificado de polémico, vulgar y poco profesional. Sus amigos -y quienes lo defiende- dicen que es valiente, un patriota, un buen mexicano. Y él se define a sí mismo como un “diplomático poco diplomático.” Como quiera que lo llamen, no esperaba una tormenta como esta.

“Estoy sorprendido del tamaño de la reacción frente a algo tan simple”, me dice. “Tan sencillo como decir que en Estados Unidos, tradicionalmente, se ha visto a México como patio trasero. Yo no encuentro eso ni majadero ni ofensivo. Que lo diga un diplomático en funciones se puede prestar a especulaciones…Pero se ha sacado de proporciones (y) ha llevado a consecuencias muy negativas para la política exterior (de México).” Lo oigo y luego lanzo la pregunta obligada.

-“¿México es el patio trasero de Estados Unidos?”

-“México no es el traspatio”, contesta seguro, rápido, sin titubear. “México ha sido visto, ha sido tratado tradicionalmente como traspatio. Está corroborado a lo largo de la historia.” Y en eso Aguilar Zinser tiene un aliado: Octavio Paz.

Guadalupe Loaeza nos recuerda que ya en 1986 el poeta mexicano había escrito

-en México y los Estados Unidos; Posiciones y Contraposiciones- lo siguiente: “Desafortunadamente, el entendimiento que la clase política e intelectual de los Estados Unidos tiene sobre México es todavía el de un país en la condición de patio trasero.”

-“¡Casi idéntica a la frase que yo utilice!” dice entusiasmado, subiendo la voz, luego que le leo la frase de Paz. “¡Casi idéntica! Me van a acusar de haberla plagiado”.

En ese momento el ahora exembajador se siente reivindicado. “Octavio Paz ni siquiera provoca una polémica pública”, reflexiona, “en la que el presidente de la república tenga que decir: ‘estoy ofendido y todos los mexicanos deberían estar ofendidos con Octavio Paz porque dijo eso’. No puedo concebir que una frase así haya sido motivo de una controversia de este tamaño y un desenlace de esta magnitud.”

Pero la controversia no es, únicamente, por una frase. Hay más. Es, también, una cuestión de lenguaje. Hay quienes se han sentido ofendidos porque su embajador en Naciones Unidas dijo: “Seguiremos siendo el patio trasero mientras haya alguien que piense que México tenga que tragar camote.”

-“Es una frase fuerte ¿no?”

-“Es una frase dura”, reconoce, ‘y es una frase que fue tomada de un artículo de una escritora y columnista, por cierto, de origen norteamericano: Denise Dresser.”

-“Tragar camote es meterle a alguien el pene en la boca ¿no?”

-“No, no”, me explica como si no se tratara de una conversación entre dos mexicanos, “porque es una expresión popular que no tiene una connotación tan burda como esa.”

-“¿Los mexicanos ‘tragan camote’ frente a Estados Unidos?”

-“No”, continúa. “Yo creo que hay algunos mexicanos que, tal vez, crean que no hay más remedio que hacerlo. Yo no formo parte de esos mexicanos.”

Independientemente de sus explicaciones, las palabras de Aguilar Zinser cayeron mal. Lo del “patio trasero” y lo de “tragar camote” causó indigestión tanto en Washington como en la ciudad de México.

-“¿Quienes querían correrlo del gobierno?” le pregunto, intrigado.

-“Obviamente que había muchos sectores del gobierno (mexicano) que pensaban que México no tenía otro remedio más que plegarse a la postura de Estados Unidos”, respondió. “Cualquiera que esta fuera: justificada o injustificada.”

-“¿Es el canciller (Luis Ernesto) Derbez?” insisto, buscando nombres.

-“No es el canciller Derbez”, contesta, cuidándose.

-“¿No fue Derbez quien lo quiso sacar (de Naciones Unidas)?”

-“No, al contrario”, me dice. “Desde que entró el canciller Derbez hubo un gran entendimiento de cuales eran las condiciones en que se estaba dando (en la ONU) el debate sobre el uso de la fuerza en el caso de Irak.”

Este es un punto fundamental para entender la renuncia forzada de Aguilar Zinser. Su renuncia no se debe, solamente, a una o dos frases desafortunadas. Como embajador mexicano en Naciones Unidos y como activo participante del Consejo de Seguridad (del que México es miembro temporal), Aguilar Zinser fue un personaje fundamental en la negativa de varias naciones a apoyar una resolución norteamericana que hubiera dado el visto bueno a la guerra contra Irak. Esto, desde luego, molestó mucho a Estados Unidos -y en particular al Secretario de Estado norteamericano, Colin Powell.

-“¿Estados Unidos se la tenía guardada a usted porque México se opuso a la guerra en Irak?” lo interrogué.

-“En última instancia había una cierta incomodidad “, me dijo. “Pero la incomodidad (de los norteamericanos) no era con el embajador. No. La incomodidad era con la posición de México. A mí me tocó ser el mensajero de las malas noticias. Y al mensajero de las malas noticias a veces le dan cicuta.”

-“Colin Powell lo criticó a usted públicamente”, le comenté. “A Colin Powell no le gustaban sus declaraciones.”

-“(Powell) lo hacía muy obvio”, reconoció, “y se lo hacía muy obvio a la prensa mexicana. Entonces, desde esa perspectiva, se fue creando la tensión. Y en México, un sector dentro del gobierno, dijo: ‘es muy sencillo, quitemos al embajador y con eso vamos a agradar a los Estados Unidos’”.

-“¿Fue Colin Powell quien pidió que a usted lo corrieran?”

-“Los datos que tengo es que sí manifestaron su molestia conmigo”, me dijo, “cuando yo lo que representaba era la posición de México.”

-“O sea, usted fue el chivo expiatorio”, apunté.

-“Bueno, yo no quisiera ponerlo en esos términos”, evadió.

-“Mi pregunta es si Colin Powell tuvo algo que ver (con su renuncia).”

-“¡Claro que tuvo algo que ver!” brincó. “Y no algo; ¡mucho que ver!. Desde el momento en que hace unas declaraciones sin haber leído lo que yo dije. Desafortuamente las declaraciones del secretario Powell son seguidas por el presidente Fox y me descalifica. Entonces, pues, ya estaba claro que yo iba a salir.”

-“¿Se asustó Fox con las declaraciones de Powell?”

-“No sé”, me dijo. “Yo no he vuelto a hablar con Fox. (La última vez fue en Los Pinos el mismo 13 de noviembre) No sé cuál haya sido el razonamiento que el presidente haya tenido. Lo que pasó respecto a este incidente escapa a mi conocimiento.”

Lo que sí sabemos es que Powell, en unas declaraciones poco comunes, dijo con clara molestia que Estados Unidos no consideraba de ninguna manera a México “como el patio trasero”. Powell nunca mencionó el nombre de Aguilar Zinser. Pero su ataque llevaba nombre y apellido. Según Aguilar Zinser, un sector dentro del Departamento de Estados norteamericano había resentido su activismo dentro del Consejo de Seguridad de la ONU antes del inicio de la guerra y ahora él estaba pagando las consecuencias.

-“¿Estaba usted contra la guerra (en Irak) a nivel personal?” insistí en el tema.

-“Claro que todos estábamos en contra de la guerra”, contestó. “Y yo lo hacía por mandato del presidente de México, del Secretario de Relaciones Exteriores y por convicción propia…No había un peligro inminente (como aseguraba el presidente Bush) que requería usar la fuerza de manera masiva en Irak.”

-“¿El presidente Bush mintió?”

-“Yo no creo que en este momento podamos calificar que el presidente Bush mintió”, contesta, evitando una bronca con otro presidente. “Pero México no encontró razones para el uso de la fuerza.”

Aguilar Zinser cree que Estados Unidos nunca entendió que él solo representaba la posicion pacifista de México y, en cambio, personalizó las diferencias. Pronto, Aguilar Zinser fue calificado por algunos sectores de “antinorteamericano”.

-“¿Usted no es antiamericano?” pregunto, por ejercicio, conociendo la respuesta.

-“No”, responde a la acusación. “Yo tengo a mis hijos en la escuela en Estados Unidos…Yo he dado clases en universidades americanas (Chicago, Berkeley, Georgetown…). He dado conferencias por todo Estados Unidos. Yo he aprendido de la amistad, de la libertad, del arte, de la literatura, de la cultura, con mis amistades y en mis estudios en Estados Unidos. (Tiene un posgrado de la Universidad de Harvard.) ¿Cómo voy a ser yo antiamericano? Al contrario. Creo que yo represento a los mexicanos que somos verdaderamente amigos de Estados Unidos.”

-“Entonces ¿qué es lo que no le gusta de Estados Unidos?” sigo buscando.

-“Lo que no me gusta es el trato que le han dado a México”, responde, ya encarrilado. “Y el trato que muchos norteamericanos le dan a nuestros compatriotas mexicanos. A mí no me gusta ver que ciudadanos mexicanos mueran en la frontera acribillados o mueran en el desierto en una caja de ferrocarril.”

Aguilar Zinser pudo, simplemente, haber sido amonestado por hablar sobre un tema tan delicado sin autorización. Pero el presidente Fox, a quien él consideraba su amigo, lejos de defenderlo lo pone contra la pared. El miércoles 19 de noviembre Fox comenta públicamente que “a los mexicanos no nos gusta que nos digan eso; cuando menos a mí no me gusta.” Con esas declaraciones quedaba muy claro que quien se iba a ir al patio trasero del gobierno foxista era el mismísimo Aguilar Zinser.

El presidente, entonces, le hace llegar un texto que incluía la frase “me retracto” y un alto funcionario del gobierno foxista le advierte que “si no firmas estás despedido.” Aguilar Zinser decide no firmar. Para él era una cuestión de principios. Además, me dijo, quería ver a la cara a sus hijos de 16 y 8 años de edad sin sentirse avergonzado.

El día siguiente, el jueves 20 de noviembre a las ocho de la mañana, Aguilar Zinser se pone a escribir su carta de renuncia y la entrega cinco horas más tarde. No, no aceptaría la propuesta de Derbez de quedarse en el puesto hasta el primero de enero del 2004. Se iría inmediatamente. En esa carta Aguilar Zinser le habla de tú al presidente y le dice: “Te equivocas, Vicente, tus declaraciones son injustas…no soy yo quien ha ofendido a los mexicanos, no soy yo quien ve y trata a México como patio trasero…me resulta inexplicable que hagas uso de tu investidura presidencial para deshonrarme ante los mexicanos…”

La pregunta es quién deshonra a quién.

-“¿El presidente Fox lo deshonró a usted?”

-“Se pone a decirle a todos los mexicanos que ofendo al país cuando lo que yo vine a hacer aquí es a defender a México en Naciones Unidas”, dice. “Me deshonró.”

-“¿Se siente un patriota?”

-“¿De qué manera ofendí a México?” contesta con una pregunta. “Yo me siendo un patriota. Lo he sido consistentemente en toda mi carrera política.”

Antes del año 2000 Aguilar Zinser y el escritor y académico Jorge Castañeda se acercaron al entonces candidato presidencial Vicente Fox cuando vieron en el ranchero panista la posibilidad de poner fin a 71 años de gobiernos priístas. Tuvieron razón. Los dos forman parte del nuevo gobierno de Fox: Castañeda como Secretario de Relaciones Exteriores y Aguilar Zinser como Consejero presidencial de Seguridad Nacional (hasta enero del 2002) y, antes de la guerra en Irak, como embajador en Naciones Unidas.

Esa designación, según cree Aguilar Zinser, le gana la enemistad del canciller Jorge Castañeda. “Castañeda tuvo un comportamiento, para mí, inexplicable”, recuerda. De acuerdo con la versión de Aguilar Zinser, luego que Castañeda aprobara su designación en la ONU, cambia súbitamente de opinión y se opone a que él vaya a Nueva York. Pero Fox ratifica la designación y Aguilar Zinser se va a la ONU.

-“¿Es cierto que durante un año no hablaron (usted y Castañeda)?”

-“Durante un año cruzamos palabra solamente una vez”, me confirma.

-“¿Por qué?”

-“Eso es algo que él tendrá que explicar”, me dice. “Porque fue un comportamiento muy extraño.”

Sin embargo, el mismo presidente que defendió a Aguilar Zinser de sus críticos y lo envía a representar a México al máximo foro internacional, más tarde lo sacrifica.

-“¿Por qué lo corre Fox? ¿Qué trata de ganar con Estados Unidos?”

-“Eso habría que preguntarle a Fox”, responde seco.

-“¿Es usted parte de un ajedrez político para lograr un acuerdo migratorio entre Estados Unidos y México?” exploro, buscando explicaciones.

-“No creo que eso pudiera ser parte del ajedrez”, dijo. “No creo que sacrificando a todos aquellos que pudiera pensarse que somos molestos para Estados Unidos pudiera lograrse un acuerdo migratorio.”

A pesar de que es Fox quien en última intancia lo corre, Aguilar Zinser matiza sus críticas al actual presidente.

-“¿Cómo ve al presidente ahora? ¿Es un ignorante el presidente?”

-“No lo es”, asegura.

-“¿Es un incompetente?”

-“No lo es.”

-“¿Se está quedando sólo?”

-“Bueno, en alguna medida está escogiendo con quien se queda.”

-“¿Ha cumplido el presidente Fox?”

-“Yo creo que este gobierno no ha cumplido” dice, pesando sus palabras. “No ha cumplido. La gente todavía está esperando que lleguen los cambios que prometimos.”

-“¿Le quedó grande el paquete a Fox?”

-“El país iba a un ritmo de transformaciones que no ha continuado”, analiza. “El país estaba decidido y dispuesto a entrarle al cambio.”

-“¿Ha defraudado Fox como presidente? ¿Era mejor de candidato?”

-“Bueno, yo creo que Fox como presidente ha enfrentado dificultades gigantescas, pero a mucha gente le parece que Fox debió de haber hecho mucho más; debió haber actuado con más energía, con más determinación.”

Curiosamente, Fox actuó con energía y determinación para sacar a Aguilar Zinser de su gobierno. Pero el costo puede haber sido muy alto. En una clara muestra de solidaridad con Aguilar Zinser, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, resaltó “su inteligencia, su sentido del humor, su sentido de justicia.” No todos los embajadores son despedidos con palabras así.

Por ahora, Aguilar Zinser se quedará a vivir en Nueva York hasta que sus hijos terminen el próximo verano su año escolar. Y luego regresará a México a “escribir y dar clases.” El rector Juan Ramón de la Fuente le confirmó que “las puertas de la UNAM están abiertas.” Pero pocos piensan que Aguilar Zinser se va a quedar tranquilo dando clases en una universidad.

-“¿Usted vislumbra la posiblidad de regresar a México, trabajar con Andrés Manuel López Obrador y apoyar su candidatura a la presidencia?” le pregunto.

-“No, no, definitivamente no”, me dice. “Para mí no es la opción en este momento el buscar un candidato a la presidencia. No, yo no regreso a México a apoyar a López Obrador ni a ningún candidato a la presidencia.”

Pero quien fuera diputado y senador -obteniendo más de un millón 300 mil votos- no puede alejarse de la política. Ha colaborado con, al menos, tres partidos políticos y dice concidir con muchos planteamientos del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Considera, además, que el líder moral del PRD, Cuauhtemoc Cárdenas, “es el gran mexicano del cambio”, aunque “no lo alentaría” a lanzar una tercera candidatura presidencial.

-“La política ¿la descarta?” le pregunto.

-“No descarto la política”, responde en corto.

-“¿(Consideraría) una candidatura presidencial?”

-“No es mi propósito inmediato”

Pero al notar en su rostro un ligero gesto de duda, repito la pregunta.

-“¿Consideraría una candidatura presidencial?”

-“El vagón de los candidatos presidenciales ya está tan lleno”, dice vagamente.

-“¿Usted no descarta la posibilidad de una candidatura presidencial?” pregunto por tercera ocasión.

-“Yo no planteo de ninguna manera, no aspiro en estos momentos, a una candidatura presidencial”, responde por fin.

-“¿Quizás en el futuro?”

-“Bueno, yo no sé en el futuro.”

Y el asunto queda flotando. Su reciente bronca con Fox y Powell, lejos de destruirlo, le ha dado un trampolín para otros proyectos. Llevamos casi una hora conversando y él encuentra así el punto final de la entrevista: “Yo quiero seguir siendo muy sincero con los mexicanos que me escuchan. Pero que cuando les hable, yo lo haga con absoluta sinceridad. A pesar de que no sea un muy buen diplomático.”

Ahí lo dejamos. Termina la plática con un hambre feroz y su acaba la coca-cola con medio sandwich de jamón y queso. Bajamos 18 pisos y lo acompaño a la calle Lexington a tomar un taxi. Hacía friíto y el viento lo despeina. Saca de su saco una tarjeta con las cosas que tenía pendientes y le echo una ojeada: su agenda, manuscrita con letra chiquita y delgada, estaba repleta desde la mañana hasta la noche.

Puede ser que Aguilar Zinser ya no tenga un trabajo en Naciones Unidas pero aún tiene mucho que hacer. Además, no hay nada más peligroso y preocupante para sus enemigos que saber que ahora tiene mucho tiempo en sus manos para escribir. “Tengo todo apuntado en unas libretas”, me confesó. “Todo.”

Las ofertas de las casas editoriales no deben tardar. ¿El título del posible libro? No me dió tiempo de preguntárselo. Perdí su mata de cabellos grises en un mar de taxis amarillos y gritos de ambulancias. Tal vez me hubiera dicho Memorias de un Diplomático poco Diplomático. Tal vez. Doy media vuelta y me refugio en el calor del lobby del hotel. “No” -pienso- “este tipo no se va a quedar con los brazos cruzados.”

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Presentador de Noticiero Univision desde 1986. Escribe una columna semanal para más de 40 periódicos en los Estados Unidos y Latinoamérica y publica comentarios de radio diarios para la red de Radio Univision. Ramos también acoge Al Punto, el programa semanal de asuntos públicos de Univision que ofrece un análisis de las mejores historias de la semana, y Fusión AMERICA con Jorge Ramos, un programa de noticias dirigido a jóvenes adultos. Ramos ha ganado ocho premios Emmy y es autor de diez libros, el más reciente, STRANGER, El desafío de un inmigrante latino en la era de Trump.

Biografía de Jorge Ramos -

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