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VIDEOS, VIBORAS Y VOTOS

Miami.

“¿Cómo se está viendo por allá lo de los videos aquí en México?” me preguntó un conocido conductor de una estación de radio. “La verdad es que se ve muy mal, se ve como una porquería; indica una terrible descomposición del sistema político de México”, le contesté. Esta era la tercera llamada que recibía preguntándome lo mismo.

Uno pensaría, en el exterior, que los políticos mexicanos están dedicando todo su tiempo y energía a resolver las gravísimos problemas de pobreza, educación, salud y criminalidad que afectan a 100 millones de personas en México. Pero las páginas de los periódicos y los noticieros de la radio y la televisión nos dicen otra cosa. No, los políticos mexicanos no están debatiendo su visión para el futuro de México. No. Lo que están discutiendo es el último escándalo en una guerra de videos, intrigas y luchas por el poder.

Todo comenzó con tres videos que aparecieron en la televisión mexicana. Uno mostraba al joven presidente del Partido Verde, Jorge González, hablando de una comisión de dos millones de dólares a cambio de su apoyo para construir un centro turístico cerca de Cancún. El otro video mostraba a René Bejarano, quien fuera el líder de la asamblea legislativa de la ciudad de México, recibiendo fajos de billetes del empresario argentino, Carlos Ahumada; cuando el dinero no cupo más en su portafolios, metió el sobrante en las bolsas de su saco. El tercer video es del ex secretario de finanzas del gobierno de la ciudad de México, Gustavo Ponce, apostando dinero en Las Vegas en cantidades que sobrepasan, por mucho, su salario de burócrata.

Tanto Ponce como Bejarano eran colaboradores del actual alcalde o jefe de gobierno de la ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador. Y eso, desde luego, ha dejado en una posición muy incómoda a quien varias encuestas ponen como líder en la contienda por la presidencia de México en el 2006. López Obrador, en lugar de criticar los supuestos actos de corrupción de sus ex colaboradores, ha denunciado que la difusión de los videos demuestra que hay un “complot” del gobierno del presidente, Vicente Fox, y varios más en su contra.

“Rechazo rotundamente que el gobierno federal haya participado de una u otra manera en este complot”, me dijo Fox durante la conferencia de la Sociedad Interamericana de Prensa en Los Cabos. Pero la negativa de Fox no ha detenido la controversia. La esposa de Fox, Martha Sahagún, aparece consistentemente en los primeros lugares de las encuestas de posibles candidatos presidenciales y, sin duda, sale beneficiada por el escándalo en que se encuentran el partido político de López Obrador.

El asunto se complica aún más ya que, según información que difundió López Obrador, Carlos Ahumada –el empresario que da el dinero en uno de los videos- se reunió con el expresidente priísta Carlos Salinas de Gortari en seis ocasiones. Ahumada -involucrado románticamente con la ex alcaldeza de la ciudad de México, Rosario Robles, y sospechoso de corrupción- está ahora arrestado en Cuba. Embarrado sale también el patriarca del oficialista Partido Acción Nacional, Diego Fernández de Ceballos, quien reconoció saber de los videos de los perredistas Ponce y Bejarano antes de que fueran difundidos por la televisión mexicana. Y hay muchos más –al menos un gobernador, legisladores, funcionarios, ejecutivos…- que salen salpicados por los videos.

En otras palabras, la política mexicana está enmarranada. Le falta aire fresco. No hay a quien irle. Un país con tantos problemas y, al mismo tiempo, con tantas posibilidades parecería estar secuestrado por un grupito de políticos -de todos los olores, colores y sabores- interesado únicamente en mantener su pedazo de poder. Las reformas que le urgen al país se evaporan en un congreso paralizado por intereses partidistas y en la mano tibia de un presidente que prometió cambio pero que solo ha dado más de lo mismo. La transición mexicana hacia la democracia está atorada en un nido de víboras.

La única nota de optimismo que ha surgido en México en los últimos meses es el acuerdo alcanzado entre el gobierno y cinco partidos políticos para que unos 10 millones de mexicanos en el exterior puedan votar en las elecciones presidenciales del 2006. Para eso aún faltan muchos cabos que amarrar. Pero de continuar las cosas así, tan mal, en México, estos nuevos electores en el extranjero no podrían votar por ningún candidato presidencial que signifique, de verdad, un cambio de ruta.

Para salir adelante a México le hace falta un liderazgo firme, un consenso nacional sobre el tipo de país que quiere ser y una verdadera apertura política que le permita particiar a los jóvenes, a los que se atreven a imaginar un país distinto y a los que quieren integrar a México a la modernidad y al resto del mundo. La podredumbre de la politiquería mexicana ha alejado del país, del gobierno y de los partidos a algunos de los mexicanos más brillantes y trabajadores. Y mientras tanto, la clase política mexicana se despedaza en videos, traiciones, corruptelas, chismes, y guerritas. Sí, desde lejos, da asco el panorama.

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